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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Corrupción y Gobierno Abierto

Alvaro Bracamonte Sierra*

Cuatro son los temas que más preocupan a los mexicanos: corrupción, impunidad, violencia y pobreza. Están íntimamente entrelazados aunque hay dudas en torno a la causalidad, es decir cuál es dominante y origina la subsistencia del resto. Aunque es una discusión en proceso, se acepta que la corrupción es una amenaza terrible para el desarrollo nacional. Estimaciones del Banco de México revelan que ese problema significa alrededor del 9 por ciento del PIB nacional. Se trata de una cantidad estratosférica de recursos que bien aplicados redundarían en menor pobreza y en una disminución de la inseguridad. En la agenda política y electoral la corrupción ocupa un primerísimo lugar. Todos los actores políticos expresan, con más o menos convicción, que la combatirán caiga quien caiga; tope donde tope. Sin embargo, no son suficientes las declaraciones ni las buenas intenciones cuando de lidiarla se trata; se requieren instituciones sólidas para que las raterías, peculados, tráfico de influencias, conflictos de interés y otros latrocinios pasen a ser la excepción y no la cotidianidad en la vida pública nacional.

La corrupción ha corroído prácticamente toda la estructura institucional del país. Ello permite comprender por qué para la mayoría de la gente ser un político o funcionario público es sinónimo de corrupto. La ciudadanía no confía en las autoridades en cuanto al manejo escrupuloso de los recursos fiscales. Esa desconfianza inhibe directa e indirectamente el crecimiento y la prosperidad. Desde los tiempos de Miguel de la Madrid se habla de la degradación social que produce la corrupción. La renovación moral de la sociedad, lema de su campaña presidencial, tenía que ver con las escandalosas fortunas despilfarradas durante los mandatos presidenciales anteriores. El gatopardismo, condición de cambiar para que todo siga igual, reinó en ese sexenio y en las siguientes administraciones donde lejos de decrecer, la corrupción aumentó significativamente: Para tener una idea, imaginemos los miles de millones de pesos que durante el proceso de privatización de las empresas paraestatales en los ochenta y noventa del siglo pasado se pudieron embolsar los políticos. Aunque son microscópicos los avances logrados hasta ahora en el combate a la corrupción, de todas formas no se detiene la innovación y el desarrollo de políticas centradas en esa lucha.

La ley de acceso a la información, las estrategias destinadas a reducir la secrecía y fortalecer la transparencia, la rendición de cuentas, etcétera conforman distintas expresiones de una misma estrategia: superar la discrecionalidad con la que se manejan los políticos y servidores públicos. Habría que decir que no porque exista una robusta normatividad que prohíbe la corrupción ésta deja de practicarse; al contrario, parece que aumenta, aunque probablemente ello se deba a que ahora nos enteramos de irregularidades que en el pasado se ocultaban. Como sea, lo cierto es que un efectivo combate a la corrupción implica más hechos y menos retórica.

En esta clase de deliberaciones se enmarca el surgimiento de los gobiernos abiertos que viene siendo algo así como la fase superior de los incontables decretos y leyes que en esa materia se han elaborado hasta el momento. En los gobiernos abiertos se supone que toda la información cualitativa y cuantitativa que genere el gobierno estará disponible para la ciudadanía mediante el uso masivo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Me tocó asistir a la sesión especial de la Conago en la que se instalaría la Comisión Ejecutiva de Gobierno Abierto que será presidida por la gobernadora de Sonora. La instalación de la comisión resultó interesante pues deja ver el interés que los mandatarios locales tienen de entrarle en serio a combatir la corrupción. Se advierte que la gobernadora busca predicar con el ejemplo y convertir al estado en un referente en cuanto a transparencia y rendición de cuentas. Si esas buenas intenciones realmente cristalizaran, la confianza hacia los políticos pudiera retornar poco a poco.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.