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¿Hacia dónde va la cultura política en México?

*Francisco Javier Zepeda Hoyos

El ejercicio de la actividad política en México se encuentra enmarcado en un desafortunado desprestigio. Los ciudadanos cotidianamente lo manifiestan a través de distintas formas de expresión en programas de radio, televisión, periódicos, encuestas y demás canales de comunicación. Cansados de la incongruencia entre el discurso de sus políticos y las acciones referidas en beneficio de sus necesidades, no les queda más que la esperanza de un cambio efectivo que los acerque por fin al tan anhelado bien común que sea incluyente para todos.

En el caso mexicano, diversos estudios sobre cultura política como La cultura política de Gabriel Almond y Sidney Verba, La democracia en México de Pablo González Casanova, La cultura política democrática de Jacqueline Peschard y, más recientemente, El mito de la transición democrática de John M. Ackerman, coinciden en que uno de los elementos que determinan la cultura política mexicana durante el siglo XX y lo que va del siglo XXI, es el conjunto de actitudes y concepciones valorativas que los ciudadanos y gobernantes conceden al ejercicio de la actividad política, en la cual se evidencia el detrimento cultural de valores humanos y sociales que han transitado de la ideología hacia al pragmatismo excesivo, privilegiando la consecución de logros y metas materiales de poder que han dado como resultado numerosos escenarios de antidemocracia, injusticia social, empobrecimiento del desarrollo humano y atropello de la dignidad humana.

Ante esa realidad cobra una inquietante importancia preguntarnos: ¿Cuál es el futuro de la política en México? ¿Qué actores están haciendo qué esfuerzos para formar generaciones mexicanas más justas y comprometidas con el bien común y el desarrollo de un humanismo integral y trascendente? ¿Cuáles son las estrategias con las que contamos como sociedad para la formación de jóvenes en la política? y ¿Cuáles son los valores con los que nuestros jóvenes están aprendiendo el ejercicio del oficio político?

Actualmente existe una tendencia hacia el desarrollo de las capacidades potenciales del ser humano en la ciencia y la tecnología, en el desarrollo de la técnica y la pragmatización en la rentabilidad de procesos administrativos, políticos, electorales, económicos, educativos y productivos. A la vez, se evidencia una tendencia hacia al desprendimiento del conservadurismo, de los valores, la moralidad, la ética, la deontología, la honestidad y la honradez, sin significar un abandono total de estos, pero sí una orientación a colocarlos en un plano secundario. Esto, a diferencia de generaciones del siglo anterior, de las que basta recordar las características de su entorno, sus relaciones sociales y sus hábitos, cuando la sola palabra tenía validez, la vida cotidiana era posible sin graves amenazas de inseguridad, la cortesía estaba presente en el tráfico vehicular, la educación escolar se preocupaba por el civismo, las empresas se caracterizaban por un promedio de vida amplio, el médico y el maestro eran sinónimos de respeto, la lealtad y el compromiso eran la fuente de las responsabilidades.

La era moderna ha permitido un exponencial desarrollo físico y material del ser humano, solo que no de todos los seres humanos sino de unos cuantos, por lo que los referentes ideológicos y valorativos son necesarios para dar rumbo y dirección a una nueva forma de concebir y practicar la política.

Debemos preocuparnos por llevar la cultura política de la ciudadanía mexicana hacia la posibilidad de disfrutar un bien común que incluya a todos y que trascienda en el tiempo hacia nuevas generaciones, en las que nuestros jóvenes —quienes en el futuro inmediato habrán de caracterizar la política mexicana— tengan referentes y recursos formativos efectivos que los convenza de la necesidad histórica de crear relaciones sociales solidarias, subsidiarias y de respeto a la dignidad humana.

*Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora.