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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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México partidocrático

Nicolás Pineda*

Muy provocadora es la tesis de John Ackerman de que la transición democrática es un mito. México es más bien una oligarquía dominada por grupos poderosos que controlan el poder para su beneficio. Me rehuso a aceptar que en México no ha cambiado nada desde los ochenta y que seguimos en el mismo sistema autoritario del PRI. Pero tengo dudas. Trataré de reflexionar haciéndome preguntas.

¿Qué ha cambiado políticamente en México desde los ochenta?

México pasó de un régimen de partido hegemónico a uno donde tres partidos tienen acceso al poder y compiten por los puestos públicos y por el botín presupuestal. Antes, el poder era controlado por un solo partido, ahora son los partidos en general quienes tienen acceso a la toma de decisiones y al control de los fondos públicos. Puede discutirse si son solo dos partidos, el PRI y el PAN, los que realmente tienen el acceso al poder, o si son tres o más. En todo caso, son los partidos, no los ciudadanos en general quienes están en el círculo de poder. Es un régimen pluralista, pero no es necesariamente democrático. A falta de mejor nombre se le ha dado en llamar partidocracia.

¿Son libres las elecciones en México? La emisión de los votos en las urnas es libre y los votos se cuentan, pero no lo es la selección de candidatos. Los candidatos los eligen los partidos y están hechos de acuerdo a sus intereses. Las opciones con las que cuentan los ciudadanos son opciones que no amenazan los privilegios de los partidos y de la clase política. El mecanismo de candidatos independientes es una excepción que no rompe la regla y que no puede ser la salida de la partidocracia. Los partidos van a tener que seguir existiendo para canalizar las demandas ciudadanas y para formar cuadros políticos, pero su dinámica se tiene que transformar para que respondan a los intereses ciudadanos y no solo a los de sus dirigentes. La sociedad ha manifestado su rechazo al régimen partidocrático de múltiples formas. El índice de aprobación del Presidente, del PRI y de los políticos es de los más bajos de su historia. El régimen partidocrático, sin embargo, no se quiebra y lo va a demostrar nuevamente en las elecciones estatales de este año.

¿Hay una restauración del régimen autoritario priista?

Hay indicios de intento de restauración, pero no puede ser igual que antes. Peña Nieto ha intentado retomar el control de los gobernadores, pero es difícil que regrese a los tiempos en que el presidente los ponía y removía libremente. También ha habido una erosión en las entidades autónomas. Para ello, se ha colocado a personas cercanas a la presidencia o al PRI en instancias que deben de ser apartidistas. Así fue la designación del nuevo magistrado de la Suprema Corte de Justicia del Poder Judicial. Así se ha erosionado la autonomía del Instituto Nacional Electoral. Recientemente se trató de poner a un amigo del Presidente en la rectoría de la UNAM, pero no se logró.

¿Qué hace falta para avanzar? Se requiere cambiar la forma de financiamiento de los partidos de modo que dejen de ser botín presupuestal. Se requieren nuevas formas de financiamiento que den el poder a los ciudadanos. Una idea es que, por ejemplo, las personas morales, al declarar impuestos, digan a qué partido quieren hacer una contribución. Además, el financiamiento ilegal de las campañas también hace que los gobiernos desvíen fondos públicos y que la corrupción sea parte del rito de iniciación de la clase política. Si no meten dinero desviado de los fondos públicos en las campañas no llegan a puestos de elección.

En resumen, ha habido transición política y el régimen político se ha abierto a los partidos políticos, pero no es una transición que haya llegado a darle el poder a los ciudadanos. Estamos a la mitad del camino.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora. nicolas.pineda.p@gmail.com. Twitter: @npinedap