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FOTO DE LA SEMANA: “Disco en el desierto”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Bajo el dominio del celular

Zulema Trejo Contreras.*

El uso del teléfono celular se comenzó a masificar hacia finales de la primera década del milenio. Año a año por no decir mes a mes, hemos sido testigos tanto de la ampliación en el número de usuarios de telefonía móvil como de su avance tecnológico. A la masificación en el uso de teléfono celular no la detuvieron los rumores de que usarlos podía producir cáncer, tampoco la posibilidad de que harían explotar el auto si se usaban en una gasolinera, o que se afectaría la audición, entre varios más que fueron surgiendo mientras se ampliaba la base de usuarios. Si las posibilidades de daño físico no fueron obstáculo en el uso del celular, tampoco lo fueron los costos.

La posibilidad de enterarse de una noticia en tiempo real nos ha hecho impacientes, no sabemos esperar. Si la notificación de nuestro celular suena, la necesidad de verificar de inmediato de qué se trata aquello de lo cuál nos “avisa” el teléfono, diluye la posibilidad de que consideremos si en ese momento debemos ver quién nos notificó qué, sin poner en riesgo a otras personas o a nosotros mismos. Ciertamente la responsabilidad no es únicamente de quien recibe sino también de quien envía, porque generalmente estas personas tampoco tienen paciencia y esperan una respuesta inmediata, de forma que al no recibirla insisten, insisten e insisten.

Mi punto al hablar de lo anterior es señalar que el uso de celulares sí ocasiona daño físico, no por el celular mismo, sino por la enajenación, llamémosle así a falta de una palabra mejor, al usarlo. Ejemplo emblemático de lo anterior es lo sucedido hace poco en un país europeo donde las autoridades optaron por poner en el pavimento un semáforo para peatones, ya que estos, por ir usando su celular mientras cruzaban, no se fijaban en el semáforo tradicional y los atropellaban.

En México no se ha llegado al punto de acudir a medidas similares aunque ya escalamos el primer peldaño al prohibir el uso del celular mientras se maneja, prohibición que en el mayor de los casos tiene un carácter simbólico, pues basta transitar por cualquier ciudad, Hermosillo sin ir más lejos, para ver a los automovilistas manejar con una mano porque tienen el celular en la otra; el extremo de esta conducta son los que apresuradamente van escribiendo mensajes de texto, mirando con rapidez alternativamente la calle y la pantalla. Estas conductas derivadas del uso incorrecto del celular sí resultan peligrosas, no sólo para el conductor que infringe la regla de no usar el celular mientras maneja, sino también para otros conductores y peatones.

¿Entonces debería reglamentarse hasta el mínimo detalle el uso de teléfonos celulares, o llegar a medidas extremas como la de poner un semáforo peatonal en la carpeta de pavimento? Creo que ni una ni otra cosa son alternativas viables, en esta como en otras cuestiones, la solución es la responsabilidad de las personas en el uso del celular. Los usuarios de teléfonos móviles tenemos que hacernos conscientes de las conductas de riesgo que voluntariamente, o tal vez involuntariamente asumimos; igualmente debemos asumir que al adoptar conductas riesgosas no solamente nos ponemos en peligro a nosotros mismos, sino también a personas que como se dice coloquialmente: “estaban en el momento equivocado y en lugar equivocado.”

Otra cuestión en la que creo debemos reflexionar es en para qué usamos el celular, cuál es realmente la necesidad que nos satisface. Como todo dispositivo innovador el celular, aparte de facilitar muchas cosas, también ha creado nuevas necesidades. Probablemente esto nos ha hecho pensar que es tan imprescindible, que aún a riesgo de lesionarse uno mismo o a otros, no podemos dejar de atenderlo cada vez que nos “llama”. Reflexionar en qué tanto lo usamos para satisfacer necesidades justificables y cuántas de las veces que acudimos a su “llamado” es para responder a cuestiones intrascendentes, pudiera llevarnos a considerar que el teléfono celular no merece que arriesguemos nuestra vida y la de otros por él.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.