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La imagen fue capturada por Tadeo Vázquez.

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Trampa 22 para el PRI y el PAN

Nicolás Pineda *

La lucha contra la corrupción fue la demanda principal de las elecciones en Sonora en junio de 2015 y es el mandato principal para el gobierno de Claudia Pavlovich. Una demanda igual explicó la elección de Jaime Rodriguez El Bronco en Nuevo León. Ahora nuevamente la lucha contra la corrupción es la que explica los resultados de las elecciones en los ocho estados en los que ganó la alternancia el pasado 5 de junio. Los mandatos para los próximos gobiernos de Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz donde el ganó el PAN y en Oaxaca y Sinaloa en donde ganó el PRI, están obligados a combatir la corrupción.

Sin embargo, a nivel nacional, el PRI ha detenido la aprobación de la Ley llamada 3 de 3 y del Sistema Nacional Anticorrupción. No sabemos si lo va a hacer en el futuro.

Y a nivel de Sonora, a pesar de citatorios y cateos de ranchos, no se ve claro que vayan a castigar la corrupción exhibida del gobierno estatal anterior. En Nuevo León, lo mismo.

En los años sesenta, se filmó en Guaymas una película llamada Catch 22, que en español se traduce como Trampa 22. Esta frase alude a una situación paradójica de la cual no es posible escapar sin salir raspado o mal parado. A mi juicio, el PRI y el PAN están en un dilema o en una trampa 22 de la que no pueden salir bien parados.

El dilema del PRI

La disyuntiva del PRI es que para poder ser competitivo en las próximas elecciones nacionales del 2018 requiere combatir en serio y con ganas a la corrupción. Solo así puede aspirar a recuperar algo de la confianza del electorado y tratar de mantenerse vigente en el futuro. Sin embargo, para que dicho combate sea creíble tendría que reconocer primeramente que él mismo ha sido corrupto en el pasado y que ahora es el más fiero y honesto perseguidor del uso indebido de los fondos públicos. Esto suena imposible porque, como en la alegoría del alacrán que pica a la rana que lo ayuda a pasar el río, va contra su propia naturaleza. O implicaría una conversión como la de San Pablo en el camino de Damasco en la que cambia de la operación política de las elecciones a perseguir a los corruptos y a respetar plenamente la voluntad ciudadana.

En Sonora se requiere una de dos: o bien que castiguen en serio la corrupción del gobierno de Padrés y de paso tomar medidas serias para corregir la suya propia, o bien reconocer que las denuncias de corrupción contra el gobierno de Padrés eran infundadas y todo lo que denunciaron y prometieron en campaña son puras mentiras.

El dilema del PAN

Existe una imagen bien establecida de que en el gobierno de Padrés hubo un gran desorden presupuestal y que esto incluye una gran corrupción. Así se pudo apreciar en los escándalos de los fondos perdidos del Femot, Pensiones, Rancho Pozo Nuevo, así como en la morosidad en el pago a proveedores, la gran austeridad impuesta a las dependencias, el deterioro de los servicios, el crecimiento de la deuda estatal y las observaciones de la cuenta pública. Durante el último año de su gobierno, el equipo gobernante calló y no dio ninguna explicación congruente sobre a dónde había ido a dar el dinero del estado. Cuando debían haber explicado, no lo hicieron. Y el que calla, otorga.

Ahora algunos dirigentes y aspirantes a dirigir el PAN quieren atribuir la mala imagen solo a campañas de desprestigio del PRI. Pues una de dos: o nos ofrecen una explicación a fondo y creíble del ejercicio presupuestal del pasado gobierno, que no dieron en su momento; o la justificación que ahora quieren dar no cuadra con lo que se vivió en el estado y les queda la imagen de corruptos.

En resumen, el PRI y el PAN están obligados a reconocerse como corruptos y a combatir la corrupción. ¿Se podrá?

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.