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La imagen fue capturada por Teresa Schwarzbeck.

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Seis meses en el norte y seis en el sur…

 

Cecilia Muñoz Soto.*

Cada año, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) registra un promedio de 25 mil jornaleros agrícolas que vienen a trabajar a Sonora. Estación Pesqueira y el Poblado Miguel Alemán son comunidades que albergan a miles de ellos que vienen del sur del país a trabajar en las temporada de diciembre a junio; seis meses en que viven en condiciones de precariedad tanto laboral y educativa como de vivienda; y es esta ultima la que más invisibilizamos los/as ciudadanos/as.

A pesar de los estudios que se han realizado, de las políticas que se han implementado, sus condiciones siguen siendo las mismas. ¿Será parte de su cultura? ¿O es una más de las políticas públicas sin éxito? Muchas de las políticas que se han implementado están dirigidas a la educación de los hijos que los acompañan en esta travesía de ir y venir. Un ejemplo de ello es el programa de Fomentar y Mejorar la Educación Intercultural para Migrantes (FOMEIM), en coordinación con la Secretaria de Educación Pública. Sin embargo, han dejado de lado señalar o procurar las condiciones óptimas de vivienda.

Esto no quiere decir que los avances que se han hecho no sean importantes, por el contrario, considero que el programa FOMEIM ayuda a enfrentar algunas problemáticas de los migrantes jornaleros, pero no es sólo la educación. Con ello surge la pregunta de cómo se puede tener una educación de calidad si las condiciones en que se vive no son óptimas.

Si bien a estas personas se les considera como población flotante, no hay que olvidar que pasan medio año viviendo en campos o comunidades que están en regiones agrícolas de Sonora y otros estados de la república. Seis meses durmiendo en el suelo y en ocasiones en hacinamiento, sin muebles  y, en muchos de casos, sin libertad para irse a otros lugares donde puedan laborar en mejores condiciones.

En los campos regularmente se prohíbe el acceso a personas que buscan documentar-investigar las condiciones de vida de los jornaleros para hacer visible la problemática a la que estos (hombres y mujeres) se enfrentan. De estos migrantes hay quienes prefieren rentar en las cuarterías que ofrecen las comunidades de Pesqueira o del Poblado Miguel Alemán. Aun así, las condiciones no mejoran mucho. En la mayoría de esos lugares sólo se ofrece un techo donde dormir. Las características comunes de las cuarterías son: cuartos construidos con bloque, techo de lámina, baños y lavaderos compartidos, la mayoría con piso de cemento, sin muebles. La gran ventaja es que ahí tienen mayor libertad en comparación con los campos agrícolas.

Duermen en el piso y, en el mejor de los casos, en las primeras semanas logran comprar utensilios básicos, algunas cobijas y material para armar una mesa, pero eso no es suficiente. Y tienen que acostumbrarse a vivir en estas condiciones, porque si adquirieran muebles, no tendrían como llevárselos a la hora del regreso a sus comunidades. Esto, a su vez, los vuelve más vulnerables, pues ante las temperaturas extremas que caracterizan a Sonora, no cuentan cómo enfrentarlas.

Todo esto nos debe llevar a una reflexión, a sensibilizar, a visibilizar esta problemática, a ponerla sobre la mesa de discusiones, de tal manera que las medidas que se tomen al respecto en un futuro tengan impactos positivos para mejorar la calidad de vida de los jornaleros migrantes.

*Asistente Académica del Centro Salud y Sociedad.