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La imagen fue capturada por Teresa Schwarzbeck.

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Temporada de Informes

Alvaro Bracamonte Sierra.*

El próximo 1 de septiembre se inaugura la temporada de informes para las autoridades de los tres niveles de Gobierno. Al de Peña Nieto, que será este jueves, le seguirán aquí en Sonora los 72 alcaldes el día 16. El 13 de octubre toca a la gobernadora Claudia Pavlovich hacer lo propio. Sobre este asunto cabe preguntar si en los tiempos actuales tiene sentido el rito, aparentemente anacrónico, de informar respecto al estado que guarda la administración pública en el ámbito que a cada instancia le corresponde.

El Gobierno federal modificará radicalmente ese acto solemne: el convencional mensaje que era leído ante cientos de invitados especiales lo cambiará por una especie de Town Hall que no es otra cosa que un encuentro informal con un pequeño número de asistentes, en este caso jóvenes de distintos estratos sociales. No está mal el esquema, que dicho de paso es frecuente en las disputas electorales norteamericanas, habida cuenta de que el rígido formato que sustituyó al tristemente célebre “Día del Presidente” y a las irrespetuosas interpelaciones posteriores a 1997 no aguantaba una escenificación más, en especial en una coyuntura donde el boato que lo rodeaba ya no procede ante el mal humor social que se respira en el país. Pero de esto a perder las tradiciones que dan institucionalidad al Estado mexicano, parece un despropósito innecesario.

Al respecto, el informe cumple varios objetivos: desde luego el de informar, como mandata la Constitución, pero también funciona como catalizador de la unidad en la diversidad de la nación. De pocas oportunidades dispone el Estado para reunir a todos los poderes de la Unión: Legislativo, Judicial y Ejecutivo; a toda la diversidad ideológica que distingue nuestra geografía política y a todos los intereses regionales como lo es justamente el día del Informe presidencial.

Aunque el país esté sumergido en un polvorín y las distintas fuerzas políticas luzcan muy divididas, y a pesar de que la creciente fragmentación social sugiere al Ejecutivo no comparecer, aun así debiera hacerlo, considerando que es el momento más republicano de la vida pública nacional. No hay otro, a menos que usted, amable lector, diga lo contrario.

En Estados Unidos el día en que el presidente informa sobre el “Estado de la Unión” supone la rendición de cuentas de lo hecho y de las asignaturas pendientes. Es la ocasión para que la oposición, in situ, fije su postura frente a los datos referidos por el mandatario. Es el día en el que el país hace un corte de caja en torno a los asuntos de interés nacional. Es un momento en el que los valores sembrados por los padres fundadores se fortalecen. Eliminar ese acto solemne sería para los americanos renunciar al espíritu democrático y republicano que los distingue. En México no debe eliminarse el informe por ningún motivo, el presidente debe comparecer ante los otros poderes y ante la población, si no es el día 1 de septiembre, no hay más.

No existe en nuestro almanaque político una fecha similar. Entonces, lejos de descartarlo debería replantearse el formato a fin de que legisladores y magistrados participen activa y responsablemente en el desahogo del informe del Ejecutivo. Pero esto no implica restablecer el modo cuasi monárquico prevaleciente durante el priato; tampoco supone volver al caos derivado de la irrupción desenfrenada de la pluralidad nacional; menos apropiado sería restaurar la lectura acrítica de un mensaje a un público complaciente como fueron los ejercicios observados en los sexenios de Felipe Calderón en el Auditorio Nacional y los celebrados por Enrique Peña Nieto hasta ahora en el Palacio Nacional. Lo que urge al país es más rendición de cuentas, más explicación y menos propaganda hueca como hasta ahora han sido los informes y la zaga previa de spots que satura los medios de comunicación. En eso se ha convertido un acto solemne que debería ser parte ineludible de nuestra vida institucional. Lástima.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.