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“Mi hij@ no trabaja, sólo me ayuda en la casa”. Visibilizando el trabajo doméstico infantil

Mariana Becerra Sánchez.*

Recientemente se tomó protesta a los comités municipales para la atención del trabajo infantil y con esto, erradicarlo de Sonora. No obstante, cuando se habla del trabajo infantil existen varias precisiones que hay que hacer si se quieren realizar acciones efectivas para que las niñas, niños y adolescentes se desarrollen en mejores escenarios y puedan restituirse sus derechos.Por ejemplo, ¿qué se entiende por trabajo infantil?, ¿qué pasa con algunas prácticas que son llamadas trabajo infantil, pero que se utilizan como socialización y transmisión de enseñanzas de padres a hijos en una cultura determinada?, ¿qué sucede con lo que no es denominado trabajo, pero que atenta contra los derechos de educación, seguridad, esparcimiento y recreación de las infancias y las adolescencias?

Sin duda alguna estas preguntas hablan de la complejidad del trabajo infantil. En esta breve reflexión me referiré a una forma de trabajo que ha sido invisibilizada y, hasta hace poco, comienza a ser atendida: el trabajo doméstico.

Es necesario hacer algunas anotaciones previas cuando me refiero al trabajo doméstico infantil: en primer lugar, hay que reconocer que no todas las niñas, niños y adolescentes se enfrentan a los mismos problemas y violencias, sino que hay infancias y adolescencias que por su condición social, entorno socioenómico, raza, pertenencia étnica y género son más vulneradas. En segundo lugar, cuando se analiza el trabajo doméstico infantil se reconocen por lo menos dos fenómenos que deben ser entendidos:  el trabajo doméstico que se realiza en el hogar propio y el trabajo doméstico que se realiza en otro espacios y para otras personas mediante una remuneración o no.

El trabajo doméstico, la reproducción y la crianza han sido históricamente asignados en una cultura patriarcal a la mujer. Adicionalmente, este trabajo es desvalorizado e invisibilizado, por lo que es común escuchar “ella no trabaja, se dedica al hogar”.

Es así como esta doble condición de sin valor y no visto, además de naturalizado como tarea exclusivamente femenina. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2013 elaborada por el INEGI, 68.5 por ciento de las niñas y niños encuestados realizan tareas domésticas siendo ligeramente mayor la proporción de niñas, pero son ellas las que más horas a la semana dedican a estas tareas, adicionalmente, 8 por ciento no asiste a la escuela. Aquí es importante aclarar que por trabajo doméstico no me estoy refiriendo a las actividades de colaboración en la que las niñas y niños participan, por ejemplo levantar su ropa, sino de actividades que ocupan la mayor parte de su tiempo, les impide el estudio y la recreación además de que los expone a distintos riesgos, sometiéndolos a una responsabilidad como estar al cuidado de otros integrantes de la familia, en algunos casos los hermanos menores, o a trabajos extenuantes.

Sin duda alguna, este tipo de trabajo debe ser atendido desde sus raíces aceptando, en primer lugar, que existe en muchos de los hogares, que sus causas pueden ser variadas,  algunas de ellas relacionadas con la pobreza y con la percepción social de que la inclusión de las niñas en este tipo de actividades no es una violación a sus derechos, sino que es una obligación y un aprendizaje para su condición de mujeres en la vida adulta, y si se le agrega que se les priva del estudio, posiblemente caerán en un círculo de sometimiento y violencia.

Es importante que este esfuerzo por la erradicación del trabajo infantil tome en cuenta las implicaciones que conlleva este complejo problema y que se adopten las medidas necesarias para no desatender esta forma de trabajo que también vulnera los derechos de la infancia y adolescencia.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.