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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Visitas indeseables

Zulema Trejo Contreras.*

En el lenguaje diplomático cuando la presencia de un personaje es considerada indeseable se usa la frase “persona no grata”, con ello se entiende que la persona a la que va dirigida, no será recibida en determinado lugar ya sea que se trate de un espacio geográfico (país, ciudad, estado) o un evento. Declarar a una persona como no grata requiere, indudablemente, la consideración de factores que van desde lo político a lo cultural. Así, pues, cuando el gobierno mexicano decide extender una invitación oficial para que alguien visite nuestro país, por lógica deberían ponderarse todas las circunstancias, todos los elementos que hacen “grata” a la persona a la que se le invitó a visitar México.

La visita de personalidades extranjeras a la república mexicana no es nada extraordinario, constantemente visitan la república dignatarios de otros países como el presidente Barak Obama, el presidente de la república de Uruguay, el gobernador general de Australia a quienes habitualmente se recibe siguiendo el protocolo diseñado para ello, el cual generalmente contempla la recepción en el aeropuerto, un discurso oficial con los medios de comunicación presentes, visitas a zonas de interés fuera de la capital y reuniones privadas entre los dignatarios.

Lo que suele llamar la atención de estas visitas oficiales es cuando se recibe a personas que la opinión pública nacional e internacional considera “no gratos”, ese fue el caso con la reciente visita de Donald Trump a México. La opinión pública nacional se volcó en críticas ante este acto del gobierno considerado un “error histórico”, como lo calificaron tanto intelectuales de reconocido prestigio como el público en general. La invitación y recepción oficial de una persona que se ha dedicado a denigrar a México y sus habitantes y sigue firme en su postura de construir un muro para proteger a Estados Unidos del paso de migrantes, no sólo debe considerarse un error diplomático e histórico sino también una falta de respeto hacia los mexicanos.

Donald Trump no es un personaje cuya presencia en México sea relevante, pese a la justificación dada por Enrique Peña Nieto en el sentido de que su presencia podría asegurar una relación bilateral amistosa en caso de que el candidato republicano llegara a ocupar la presidencia de Estados Unidos. Asumiendo que este fue el motivo de la visita, vale la pena preguntarse si la hipotética, y quizá poco probable, llegada de Trump a la presidencia de su país es razón suficiente para asumir los costos que el gobierno de Peña Nieto ha tenido que pagar por este acontecimiento tan criticado dentro y fuera de México.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.