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Infraganti.mx: los rostros del delito

Francisco Piña Osuna.[1]

El sitio de internet infraganti.mx ha despertado opiniones polarizadas, las cuales van desde la aprobación por parte de la ciudadanía como medida para evidenciar a la delincuencia, hasta la denuncia de ser un mecanismo violatorio de las garantías de los señalados.

En días pasados, en el marco de una charla con el secretario de Seguridad Pública del estado, un académico señalaba que él veía,  en los denunciados por este sitio, rostros desencajados, verdaderamente lastimosos. Se trata de personajes que nos podrían hacer pensar que  el delito no solo es un evento devastador para la víctima, sino también para el propio victimario. Es solo cuestión de navegar por el sitio citado y ver algunas caras de agravio, otras de sorpresa, algunas más de indiferencia, algunas hasta de risa, que nos invitan a imaginar el recorrido de estas personas para llegar a delinquir. ¿Qué condiciones vivieron estos rostros? Osaré  utilizar la experiencia de un servidor dentro del marco de un estudio con reclusos por delitos contra la salud y así intentar un  acercamiento a la respuesta.

En 371 personas recluidas por delitos contra la salud en una penitenciaria del estado, se tiene que 70 por ciento de ellos cuenta con un nivel escolar de secundaria o menor; solo 3 por ciento tiene estudios de grado; 7 de cada 10 se desempeñaban en un empleo informal; 70 por ciento percibían un sueldo mensual igual o menor a los cinco mil pesos o no tenían un sueldo fijo; 8 de cada 10 habitaban en zonas urbanas; 90 por ciento señalaban provenir de familias funcionales; 90 por ciento no identificaban violencia intrafamiliar en su hogar; 5 de cada 10 proviene de familias desintegradas; más de dos terceras partes presentaban antecedentes de consumo de drogas (marihuana y metanfetamina fueron las de mayor consumo); dos de cada tres contaban con antecedentes penales, la mitad de ellos por robo con violencia.

Ahora, ya cometido un delito, qué podría tomar en cuenta una persona para volver a cometerlo. En pláticas informales con estos mismos reclusos les he llegado a preguntar si  volverían a hacerlo, rescato algunas respuestas de las que tomé notas:

“… pienso salir derecho, pero para volver creo que va a ser fácil, le voy a pensar un poquito más, o sea que la voy a pensar dos veces, porque el tiempo que he tenido aquí, la mera verdad, me ha hecho ver las cosas de diferente manera…” (Informante A).

“… vale más ni planear… no planeo nada, solas que se den las cosas. Sería el último recurso, hay muchas cosas que se pueden hacer, no falta que se pueda conseguir un buen trabajo con alguna amistad…” (Informante B)

“…la prueba de fuego esta allá afuera, porque yo aquí adentro estoy exenta de muchas necesidades, a lo mejor ahorita no le estoy pagando la escuela al niño, no estoy pagando un servicio de la casa, muchas necesidades que influyen ahí en lo económico, desgraciadamente yo ya voy a salir fichada…” (Informante C).

“Si un día me estoy muriendo de hambre y mis hijos están batallando, sí, no lo dudaría para nada… porque no quedé mal con nadie…” (Informante D).

Los relatos muestran que si bien la experiencia de haber recibido un castigo por un delito permite al perpetrador afirmar que no volvería a cometer un delito, este también reconoce que en su contexto existen condiciones económicas y filiales que le harían volver a considerarlo. Dado esto, es impostergable la atención de las instituciones sobre las áreas más sensibles para la comisión del delito. Puede existir la voluntad de las personas en no repetir un delito, pero tampoco están dispuestas a sufrir de nuevo las condiciones que las llevaron a cometerlo; es muy probable que en su reinserción a la sociedad, rostros como estos o los expuestos en infraganti.mx se vuelvan a encontrar con las condiciones que fueron determinantes para cometer el delito. Cierto es que hacen falta medidas como infraganti.mx, centradas en la víctima, pero ¿dónde están las medidas centradas en el victimario?

[1] Doctorante de El Colegio de Sonora; correo electrónico: fcopina@outlook.com