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FOTO DE LA SEMANA: “Las calles de Pachuca”

La imagen fue capturada por Janeth Schwarzbeck.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Hermosillo, ciudad de contrastes

 

Álvaro Bracamonte Sierra.*

A simple vista parecería que en la capital sonorense se vive un boom inmobiliario; hace poco se inauguró un complejo comercial casi al final del bulevar Kino; más adelante, en la esquina con el Periférico Norte se construye un mall más o menos interesante; por el Paseo del Río se amplía la principal tienda departamental de la ciudad y según ha trascendido está en puerta el desarrollo de un par de hoteles. Pero donde se advierte mayor movimiento es sobre el Colosio: la semana pasada se anunció la construcción de una plaza en el terreno que antiguamente ocupaba el centro de diversión infantil Mundo Divertido; se sumará a dos que ya están en proceso en esa misma área: una se levanta enseguida de la agencia de autos Hyundai y la otra, que se anticipa como macroplaza, enfrente de Comercial Mexicana.

¿Cómo explicar este boom? En la publicidad del desarrollo dado a conocer más recientemente se lee lo siguiente: “La capital de Sonora es un destino impactante y en constante evolución, con mayor crecimiento económico que el promedio nacional y con una clase laboral altamente calificada y bien remunerada. La Ciudad del Sol es una de las urbes más atractivas del norte del país. Como capital económica y financiera de Sonora, alberga importantes inversiones en la industria automotriz, aeroespacial, ganadera, pesquera y agropecuaria”.

De acuerdo con el Censo Económico 2014, el valor agregado producido por Hermosillo representa 41 por ciento del total estatal. Este dato confirma la relevancia del viejo “pifie” en materia económica; demográficamente concentra poco más de un tercio de la población y, como se sabe, es desde hace varias décadas el centro político y cultural de la entidad. Como contrapunto conviene indicar que la relación de actividades productivas referidas en la publicidad de Andenes no es nueva: la Ford, por ejemplo, se estableció hace más de tres décadas y ni qué decir del agro que es parte de la historia local. Quizá la industria aeroespacial es la novedad, aunque está lejos de considerarse el motor de la economía hermosillense.

En resumen, es difícil atribuir la causa del auge inmobiliario a una reciente expansión y diversificación económica. Sin embargo, no puede negarse que pudiera ser preludio de algo, esto es, que la creciente construcción de plazas comerciales irá aparejada de inversiones importantes en giros manufactureros que son los que realmente sostienen el funcionamiento económico de una región; pero también es posible que apunte a resolver cierta escasez en esta clase de infraestructura. Son hipótesis en las cuales valdría la pena detenerse y lo haremos en otra colaboración.

Al compás del crecimiento inmobiliario, que brindará la sensación de ciudad vibrante y moderna, nos tropezamos cotidianamente con los problemas típicos de los centros urbanos del mundo subdesarrollado. Menciono sólo dos ejemplos: la falta de áreas de esparcimiento y el mal estado de la red vial. Sobre el primero, es conocida la carencia de verdaderas áreas verdes; alcaldes van, alcaldes vienen y ese pasivo nunca se atiende debidamente. Los inversionistas que arriesgan sus capitales habitualmente consideran en la ecuación para la toma de decisiones que la ciudad sea habitable: los parques y los jardines son parte medular de un ambiente de calidez y armonía social. Las calles de Hermosillo, pese a los esfuerzos por rehabilitarlas, siguen siendo una pesadilla. Baches por aquí y por allá, fugas de agua por aquí y por allá, reparaciones mal hechas o a destiempo que hacen “metástasis” en el asfalto constituyen nuestro día a día desde hace muchos años. Habría que conocer de qué magnitud es la inversión del Ayuntamiento en ese concepto, pues cada autoridad en turno invariablemente anuncia reparaciones millonarias y por más que le busquemos no hay resultados tangibles. Esta ineficacia inhibe inversiones productivas que compaginen con la notable expansión inmobiliaria que exhibe la capital del estado. Por lo pronto Hermosillo sigue siendo una ciudad de contrastes: moderna y destartalada al mismo tiempo, como son la ciudades del subdesarrollo.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.