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FOTO DE LA SEMANA: “El vuelo del fénix”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

 

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Patrimonio cultural cajemense

Cristina Martínez*

 

En el curso de esta semana ocurrieron dos eventos que me llevaron a reflexionar el tema que comparto con ustedes el día de hoy y que le da título a esta nota. El primer evento es una serie de fotografías que circularon mis excompañeros de prepa del Itson vía whatsapp del antiguo Cajeme, entre las que reconocí la Catedral, la Concha acústica, y la nevería/refresquería Ángel. El segundo evento, es el anuncio oficial de la candidatura de Cócorit a Pueblo Mágico con la intención de ampliar la oferta turística y reconocer sus tradiciones como una de las comunidades de los pueblos yaquis. Nunca he creído en los azares pero esta coincidencia casó con la pregunta que me he hecho durante muchos años sobre la preservación del patrimonio y la identidad de los que nacimos en Cajeme.

Les adelanto que se trata de un tema vasto y aquí solamente mencionaré algunos puntos en razón del espacio disponible. Por ejemplo, antes de entrar en materia, resulta útil señalar que el concepto de Patrimonio cultural incluye entornos materiales e inmateriales. Esto es,                comprende los paisajes, los sitios históricos, y los entornos construidos; así también como la biodiversidad, las tradiciones pasadas y presentes. Asimismo, y entre otras cosas, registra las diversas identidades locales e indígenas que son parte de la vida moderna. De todo lo anterior, se deriva la idea de que la memoria colectiva de cada comunidad o localidad es insustituible y figura como una importante base para su desarrollo.

Con la descripción anterior de Patrimonio cultural me remito a la experiencia propia, con las fotografías mencionadas que en su conjunto representan el Centro cívico del Cajeme de los años sesenta, y en una especie de flashback me ubico en la época de niñez cuando los domingos y después de misa en Catedral nuestros padres nos llevaban a la refresquería Ángel a tomar nieve para después correr y jugar por la Plaza Morelos que estaba enfrente; asimismo me hicieron recordar una fotografía propia del bautizo de mi hermano Adolfo donde los padrinos invitaron a los asistentes, entre los que se encontraba una niña de dos años que era yo, a degustar un refresco allí mismo.

Pues bien, a la vuelta de unos años todo el entorno desapareció en nombre de la modernidad y fue sustituido por otro similar aunque en el proceso hubo pérdidas. Esto es, destruyeron la antigua Catedral para edificar otra con arquitectura novísima, desaparecieron la Concha acústica y la Nevería Ángel, y la antigua Plaza Morelos fue transformada y renombrada Plaza Obregón. Más allá de este pequeño ejercicio de memoria sobre el centro histórico de Ciudad Obregón, existen y existieron edificaciones emblemáticas del lugar tales como los silos de cemento y metálicos para almacenamiento de granos, otros edificios de las uniones de productores agrícolas, y un número importantes de casas-habitación estilo California propiedad de los agricultores de la revolución verde que le han dado una identidad a la ciudad y sus habitantes.

Recientemente ha resurgido el interés gubernamental y también las acciones ciudadanas por reglamentar el patrimonio arquitectónico obregonense con la intención de preservarlo pero también dar paso a las nuevas expresiones que forman parte de este bagaje cultural. No cabe duda  de que los contrapesos se hacen necesarios en tiempos de la globalización. Esto es, y en otras palabras, proteger, conservar, e interpretar la diversidad cultural y del patrimonio cultural se está presentando como un importante desafío para todos los integrantes de la comunidad. La iniciativa de reconocimiento a Cócorit como pueblo mágico es un esfuerzo adicional y diversificado de esta estrategia que intenta llegar a buen puerto.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.