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“El texto tiene la virtud de mostrar con bastante claridad la articulación entre teoría y datos empíricos”, Esther Padilla sobre Company town de la mina La Caridad

PRESENTACIÓN DEL LIBRO Company town de la mina La Caridad. Procesos de constitución y desarrollo (1970-1985), de la autoría de Carlos Alberto Chacón Flores, publicado por El Colegio de Sonora en 2016.

 Esther Padilla Calderón*

En principio quiero felicitar a Carlos por la publicación de su trabajo sobre el Company town de La Caridad, por el empeño que mostró siempre en el proceso de investigación, al realizar su tesis de maestría, de la que se desprende este libro. Considero que a través de su experiencia investigativa Carlos abrió una brecha de conocimiento tanto para sí mismo como para otros –que posiblemente se interesen en algún momento en realizar sus propias exploraciones en torno al Company town del mineral de La Caridad o sobre otros minerales, a partir de este trabajo–. Creo que esta brecha puede tener continuidad desde diferentes aristas. Además, ni qué decir de la minería como un objeto de estudio, de todo lo que gira alrededor de su desarrollo, de sus efectos sociales, económicos, ecológicos, culturales. Creo que indudablemente estamos ante un tema fundamental que no puede y no debe dejar de estudiarse.

En segundo término quiero agradecer la presencia del Dr. Francisco Zapata en esta mesa y comentar que la Dra. Guadalupe Soltero no pudo estar aquí hoy por motivos que salieron de su control. También considero muy importante reconocer el apoyo generoso que recibimos Carlos y yo de parte de los doctores Francisco Zapata y Guadalupe Soltero para llevar adelante el desarrollo de esta investigación ya que, como sabemos, ellos tienen una trayectoria profesional y una acumulación muy significativa respecto del conocimiento de los procesos sociales en torno al desarrollo sociopolítico y económico de los minerales en general. En el caso del Dr. Zapata no sólo de nuestro país sino de América Latina, y en el caso de la Dra. Soltero, particularmente respecto del mineral de Nacozari y de los minerales sonorenses.

Quiero señalar también que –como se advierte en el libro– su elaboración implicó una significativa tarea hemerográfica, así como un importante trabajo de archivo y de búsqueda y revisión exhaustivas de fuentes secundarias. Asimismo, aunque sin duda estamos ante un trabajo de historia actual que refiere en concreto al periodo que va de 1970 a 1985, en última instancia tenemos un texto que expresa interdisciplinariedad, porque se ha visto enriquecido no sólo con los aportes de la historia, sino también con aportes de otras disciplinas, como la sociología del trabajo, la antropología, la arqueología del saber, e incluso la demografía. Considero que el texto tiene la virtud de mostrar con bastante claridad la articulación entre teoría y datos empíricos, y en expresar cómo se produce metodológicamente esta articulación. En este sentido es que creo que el libro es expresión de un ejercicio de investigación riguroso.

Recuerdo lo ricas que eran las sesiones de trabajo cuando nos sentábamos a reflexionar juntos en torno a la teoría –que estábamos siguiendo en su mayor parte por sugerencia del Dr. Zapata–, para escudriñarla, entenderla y encontrar los elementos de unión entre los conceptos y los datos de la realidad. Con el acompañamiento de los especialistas en la temática fuimos entendiendo que para aprehender la lógica del sistema “de enclave” como “forma específica de organización de la producción” –que genera “una intensa interacción” entre los mineros y una gran cohesión–, y la lógica de desarrollo del Company town desde la perspectiva del panóptico –con Michel Foucault–, se debía observar el desenvolvimiento sindical en el mineral de Nacozari, es decir, se debía hacer un seguimiento en paralelo de las acciones sindicales y las demandas obreras con el proceso de configuración de los asentamientos para los trabajadores. Además, era muy importante tener presente que todo esto ocurría en el contexto del proceso de mexicanización de la minería. Y, justamente, el trabajo de Carlos cubre este periodo 1970 a 1985 que tan evidentemente está enraizado en la Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional en materia de Explotación y Aprovechamiento de Recursos Minerales, decretada en febrero de 1961.

Asimismo, cabe señalar que la conexión Company town-sindicalismo, ya estudiada, se relaciona con el panóptico –definido como “instrumento del poder”, y como forma de organización del espacio “que permite la vigilancia constante” – porque el tipo particular de relaciones sociales que se establece en los Company town mineros en los que se genera una “activa interacción cotidiana, [un] fuerte sentido de pertenencia y de comunidad, cohesión social [y] organización gremial”, guarda relación con “iniciativas” de las propias empresas que para disciplinar la vida social de los obreros y estabilizarlos, se sirven de la instalación de formas del panóptico pero que –como señala Zapata–, contradictoriamente estas medidas estimulan la acción sindical, la organización.

El desarrollo del capítulo teórico, sobre el que estoy comentando, guarda claramente un vínculo con el desarrollo del resto de los capítulos. En el capítulo dos se exponen antecedentes históricos que dan cuenta de la configuración de Nacozari de García como un mineral, enfatizando elementos del sistema de enclave y del Company town existente en Pilares, que representa el antecedente directo del Company town de La Caridad. En el tercer capítulo se muestran elementos de contexto relacionados con el desarrollo del proyecto minero de La Caridad y con la conformación del Company town. El capítulo cuatro se centra en relatar el desarrollo de la huelga de 1978 y su impacto en la configuración del área habitacional para los trabajadores de la empresa minera. El quinto capítulo permite advertir que algunas mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores se obtuvieron gracias al movimiento de 1978. Las conclusiones del trabajo indican que en La Caridad se han reproducido características del sistema de enclave, que no puede hablarse aquí de lo que para otros casos se ha considerado como un proceso de “desenclavización”. La instalación del Company town y la continuidad en las acciones de vigilancia orientadas a mantener el control de la empresa sobre los obreros son elementos que indican la reproducción del enclave.

En comparación con la tesis de la cual se desprende, el libro presenta modificaciones importantes en su estructura, ya que originalmente el trabajo se había organizado en tres capítulos y el libro se estructuró en cinco. Los dictámenes del proceso de publicación contribuyeron a producir estos cambios de forma y también algunos cambios a nivel del contenido que le permitieron a Carlos ser más preciso con algunos de sus señalamientos. Considero que, en particular, el rescate de fuentes hemerográficas que se hizo para realizar este trabajo es un aporte que enriquece el conocimiento preexistente sobre el desarrollo de la huelga minera de 1978 en Nacozari. También es significativo el rescate de conversaciones informales sostenidas por el autor del libro con mineros que participaron en esta huelga y con pobladores en general de esta localidad sonorense. En el libro hay un apartado que encuentro particularmente interesante y que tiene que ver con una descripción de la vida cotidiana en La Caridad, y con el ‘cómo’ la gente de Nacozari vivió el conflicto de 1978, y cómo se manifestaba el empleo del panóptico en la calle, en las colonias.

Carlos Alberto es miembro de una familia que siendo nativa del estado de Durango se asentó –como tantas otras– en Nacozari de García en los años setenta del siglo pasado, durante el proceso de construcción de infraestructura del centro productor del mineral, cuya conformación está en gran medida relacionada –como se advierte claramente en este trabajo– con el proceso de mexicanización de la minería. En este caso –desde mi perspectiva– la familiaridad del autor con la localización social que ha sido parte del objeto de estudio y de procesos que estudió ha resultado afortunada.

Para concluir quiero decir que, así como en el caso de tantos otros estudiantes serios y comprometidos con sus propios procesos de aprendizaje, me da mucho gusto el proceso que ha seguido el desempeño de Carlos Alberto Chacón Flores como estudiante de El Colegio de Sonora y como profesionista, y me genera entusiasmo el haber podido compartir con él esta etapa en su proceso académico-formativo que continúa. Celebro esta enriquecedora experiencia, compartida con el Dr. Zapata y la Dra. Lupita Soltero, de quienes hemos aprendido mucho.

 

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