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Segregación y división en el mundo moderno

Ramiro Antonio López*

A pesar de que vivimos en una época en la cual la igualdad y el ejercicio de los derechos humanos se pregonan de manera cotidiana, en la realidad vivimos aun en un mundo sumamente dividido en el que la religión, la raza y la clase social son todavía  elementos importantes a la hora de determinar el lugar donde alguien vive y las oportunidades de vida que tiene.  Esta situación llamó mi atención hace unos días durante una visita de dos semanas a Chicago.

La ciudad se divide claramente en tres áreas. En el norte se puede observar que predominan los blancos, en el centro hay una mezcla de diversas razas, y en el sur, salta a la vista que es un área donde habitan personas de raza negra e hispanos.  El solo hecho de que exista esta separación racial no es en sí mismo algo negativo, pues es común que personas de la misma raza elijan de manera voluntaria vivir en una comunidad. El problema surge cuando de dicha separación racial se derivan otros problemas como pobreza, inseguridad, falta de servicios básicos, y en general, menos oportunidades de vida.

Al llegar a Chicago me fue informado por mis anfitriones que el área donde ellos vivían era muy segura, pero que era mejor no ir al sur de la ciudad pues se considera un área muy peligrosa. Durante mi estancia en la ciudad en varias ocasiones caminé a altas horas de la madrugada por el norte de la ciudad sin que nadie siquiera me dirigiera la palabra. No obstante, al hacer lo mismo en el sur de la ciudad, las diferencias eran evidentes.  Desde el momento en que el tren abandona el centro de la ciudad, quienes continúan el viaje son personas de raza negra, se ven menos comercios, en las calles uno es abordado por personas que mendigan, se puede observar a individuos usando drogas o durmiendo en banqueta. Incluso a bordo del tren algunas personas vendían drogas, lo cual parecía totalmente normal pues nadie decía nada.

Al caminar por las calles, es evidente que el número de casas que han sido desalojadas es mucho mayor que en otras áreas de la ciudad, un indicador de que quienes vivían en ellas no pudieron ya realizar  los pagos correspondientes para poder habitarlas.  Al pedir indicaciones de cómo llegar a mi destino, en varias ocasiones me fue sugerido que tomara un taxi porque me encontraba en un barrio peligroso. En las noticias locales la mayoría de los actos delictivos que se informan ocurren en el sur de la ciudad: balaceras, robos, venta de drogas, todo ocurre en esa área. Cuando pregunté a un conocido porque vivía en un área tan peligrosa, su respuesta fue que el alquiler y otros productos básicos son mucho más económicos, y que no podía pagar el costo de la vida del centro o el norte de la ciudad. De su repuesta deduje que para muchas personas vivir en esa área no era una elección, sino una decisión obligada por cuestiones económicas.

Mis observaciones sobre Chicago me hicieron reflexionar en lo terriblemente segregado y dividido que está el mundo en que vivimos. Actualmente, hay cientos de miles de refugiados en Europa que son obligados a vivir por meses en campos de refugiados en condiciones de pobreza e incertidumbre, porque los países de la unión europea han cerrado sus fronteras. El temor a una cultura diferente, así como el temor al terrorismo con el que se asocia a quienes profesan la religión islámica o provienen de países musulmanes permite justificar esta falta de apoyo humanitario.

Y qué decir de nuestro país. La pobreza y la violencia van en aumento, las oportunidades son cada vez más escasas y la violación a los derechos fundamentales son cada día mayores, situaciones que afectan sobre todo a los grupos indígenas y a los migrantes.

Cuando pensamos que la segregación no solo tiene que ver en el aspecto de raza, sino con el nivel de oportunidades de tener una vida digna y de ejercer nuestros derechos humanos, resulta evidente que aún hay mucho por lo cual luchar. Tenemos la obligación moral de levantar la voz por aquellos cuyas condiciones de vida son menos favorecidas.

*Doctorante en El Colegio de Sonora.