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“Subraya la discontinuidad entre los intentos de industrialización previos a la implantación de la maquila y el nuevo modelo de desarrollo”: Zapata

Presentación del libro

Las maquiladoras de exportación y sus actores. Una visión de los empresarios

de Rosario Robles, El Colegio de Sonora, 20 de septiembre de 2016

Francisco Zapata, El Colegio de México

            En el análisis de los procesos de desarrollo económico capitalista, el lugar de los empresarios ocupa un lugar central. Desde los albores de la industrialización en lo que fuera la revolución industrial, la figura del innovador, del inventor, del que a partir de una idea busca convertirla en actividad productiva, devino en el eje analítico con el que muchos científicos sociales trataron de dimensionar cómo se gestó dicho actor. En el análisis de la lógica con la que se desarrolla el sistema capitalista, autores como Marx y Schumpeter relacionaron la actividad empresarial con la innovación y con la capacidad de diseñar estrategias de inversión que desembocaran en políticas de desarrollo, tanto a nivel nacional  como regional y local.

Siguiendo los pasos de Marx, Eric Hobsbawm reconstruyó las características de la revolución industrial y mostró que esta fue el resultado de acciones derivadas de la crisis del modelo de dominación monárquico y de la eliminación del feudalismo, de la aparición en la escena política de nuevos actores como los burgueses de las ciudades, que buscaron destruir los monopolios corporativos para liberalizar el comercio, romper con el localismo y crear un mercado nacional más allá de las diferencias culturales y lingüísticas que obstaculizaban los procesos de acumulación de capital, creando lenguas nacionales como el francés, el alemán.

Sustentado en ese trasfondo histórico, el libro de Rosario Robles[1] se inicia con una  caracterización teórica de los empresarios como actores del desarrollo. Se analiza la posibilidad de considerarlos como actores, es decir, como agentes que tienen “poderes causales”, capaces de modificar la realidad que los circunda. Dicha consideración se apoya en una revisión sistemática de los estudios que se han realizado acerca del papel promotor de los empresarios para intervenir en los procesos de toma de decisión, señalando aspectos relacionados con los márgenes de acción que poseen en la estructura económica, con las habilidades específicas que se deben poseer para llevar a cabo esa intervención y sobre todo en las cuestiones de política económica que deben tomar en cuenta para invertir o no invertir.

Así, puede conceptualizar al actor partiendo de la base de que éste no se limita a reaccionar ante situaciones sino que también contribuye a engendrarlas y, por lo tanto, crea situaciones en la economía. En términos concretos, los empresarios deciden invertir cuánto, en qué sector económico y a quién contratan; establecen alianzas con proveedores, gobiernos, sindicatos y, sobre todo, diseñan la organización que les permitirá lograr esos objetivos, es decir, “la empresa”. Esta discusión se nutre de lo que José Medina Echavarría observó en 1964[2] cuando se refería al contraste entre la “hacienda” y la “empresa” en América Latina.

Más adelante, y a partir de las consideraciones generales mencionadas, la autora realiza la reconstrucción histórica del desarrollo del empresario de la industria maquiladora de exportación en Sonora. Destaca la centralidad de empresarios-políticos como fueron Ramón Corral y Abelardo Rodríguez. Estos personajes tuvieron una visión que repercute hasta el día de hoy en la dinámica económica de Sonora.

Debe enfatizarse la figura de Abelardo Rodriguez por el papel pionero que jugó cuando fue presidente de México entre 1932 y 1934. En efecto, fue bajo su gobierno que tomó la iniciativa de crear Nacional Financiera[3] como institución centrada en la inversión pública y privada. NAFINSA fue el primer banco de desarrollo en América Latina y su repercusión fue el antecedente de la creación de entidades similares en Brasil y Chile con el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). Su semblanza biográfica es útil porque permite concebir la figura del empresario-político, inseparable de la forma que asumió el capitalismo en México. Vale la pena subrayar el peso que se asigna a esos empresarios en el desarrollo económico de Sonora. Se realiza una periodización pertinente y se agrega una caracterización de ese desarrollo en términos espaciales, lo cual es particularmente útil para situar al empresariado sonorense en su dimensión territorial.

La reconstrucción histórica también permite observar la transformación de la economía sonorense, centrada en la agricultura, la ganadería y la minería, hacia la industria maquiladora, que identifica una ruptura radical con los modelos de desarrollo del periodo exportador y del periodo que estaba centrado en la sustitución de importaciones. En la gestación de esa ruptura intervinieron los diversos acontecimientos traumáticos que experimentó la economía mexicana en la década perdida (1982-1990)[4] y que favoreció la implantación de lo que hoy es la industria maquiladora de exportación y la aparición de un nuevo personaje, el empresario maquilador. Esta transformación y la caracterización de los actores del desarrollo de la industria maquiladora de exportación en Sonora constituyen el objeto de este libro.[5]

Con estos elementos, Rosario Robles puede comenzar la presentación de su investigación,  sistematizando la información cuantitativa que le permite configurar un contexto estadístico del desarrollo económico de Sonora. Sintetiza la información acerca de las entrevistas realizadas en Nogales, Hermosillo, Guaymas/Empalme y Ciudad Obregón en el periodo de octubre de 2012 a abril de 2013. Precisa que las entrevistas incluyeron gerentes de plantas, propietarios de empresas, proveedores, arrendadores y constructores de parques industriales, dueños de shelters y al secretario de Economía del gobierno estatal. Se resalta que dichos entrevistados tienen diversas nacionalidades, incluyen a dos mujeres empresarias de alto nivel y que 69 por ciento tiene una antigüedad superior a 20 años en la industria. Es notable constatar que las dos empresarias entrevistadas tienen 18 y 30 gerentes de planta a su cargo. También se incluyen dos cuadros que informan acerca de las profesiones de los entrevistados. El perfil demográfico de los entrevistados es igualmente informativo. Como los entrevistados están ubicados en cuatro regiones de Sonora, cada una de las cuales tiene vocaciones económicas específicas, estas son descritas en forma muy pertinente a partir de la información contenida en las entrevistas y en la base de datos municipales del INEGI sobre demografía, evolución de la PEA y otros datos relevantes. Es posible captar la transformación de la clase empresarial en la agricultura en forma gráfica. Lo dicho en la página 25 de que “la IME es una industria sin lealtades”, según uno de los entrevistados, da lugar a una discusión de su significado más profundo en términos de lo que implica el modelo de desarrollo basado en la maquila, objeto específico del libro. Elabora una tipología en las que distingue entre el empresario tradicional, el empresario estratégico e innovador y el empresario facilitador de la integración. Le interesa en particular hacer la semblanza del empresario estratégico e innovador, lo que refleja un esfuerzo notable de la autora para extraer del texto de las entrevistas los elementos que delinean el tipo de empresario que busca caracterizar.

Los hallazgos presentados en el capítulo final reconstruyen los procesos de aprendizaje de las habilidades gerenciales, los poderes que ejercen los empresarios dentro y fuera de la empresa, la forma en que motivan a sus trabajadores y las diferencias que encontró en cuanto a las decisiones que toman en Nogales, Hermosillo, Empalme y Ciudad Obregón sobre asuntos relacionados con el proceso productivo, la selección de proveedores, las remuneraciones de sus gerentes, supervisores y trabajadores.

El cruce de las decisiones con los ámbitos en los que las toman en cada localidad proporciona una imagen diferenciada de la acción empresarial que se articula con las condiciones locales y con las restricciones que algunos de ellos experimentan por el peso de los corporativos de los cuales dependen, que les dan o les quitan prerrogativas.

Contrasta aquí la autonomía de los empresarios de Nogales, Hermosillo y Ciudad Obregón con respecto al poco control que poseen los de Empalme en relación con las decisiones que tienen que ver con el proceso productivo. Por otra parte, en cuanto a la selección de proveedores, en Nogales y Hermosillo los empresarios pueden actuar directamente para ubicarlos mientras que en Empalme y en Ciudad Obregón no poseen tal poder de decisión. Por su parte, en lo que se refiere a sueldos, salarios, contrataciones y despidos, tanto en Nogales como Hermosillo los empresarios pueden decidir en función de los costos de producción, pero también pueden tomar en consideración las habilidades que requieren los puestos de trabajo. Al contrario, en Empalme no poseen esta autoridad y dependen directamente de la política fijada por el corporativo.

Es interesante mencionar que en Ciudad Obregón se alude a la subcontratación de trabajadores que, en opinión de los entrevistados, depende de la evolución de los costos de producción. Finalmente, existen otras decisiones que varían según la localización de las empresas. Así, en Nogales, los empresarios han ampliado sus líneas de producción y han realizado acciones para abrir nuevos centros de distribución en países de América Latina y a la vez poder colocarse en la economía global. Algo similar ocurre en las empresas de Hermosillo en las que han decidido sobre cuestiones ligadas al desarrollo de cadenas de proveedores. En Nogales y Ciudad Obregón los empresarios maquiladores han tomado iniciativas relacionadas con la extensión de líneas de producción así como sobre innovaciones tecnológicas.

En lo que se refiere a la intervención de los empresarios de la industria maquiladora de exportación en áreas externas a sus empresas, la investigación constató que los empresarios innovadores con una visión estratégica son los que tienen propósitos que reflejan perspectivas de conjunto, más allá de la búsqueda de beneficios de corto plazo. Es por eso que a diferencia de los empresarios tradicionales o de aquellos que tienen una visión centrada en la integración de la industria maquiladora, los innovadores  participan de la expansión del aparato educacional a través de una plataforma que permitirá la formación de especialistas en cuestiones vinculadas a la energía renovable, la electrónica y la industria aeroespacial y la construcción de un centro de prototipos en la Universidad de Sonora. Asimismo, se preocupan de la generación de empleos por medio de la creación de  una Bolsa de Trabajo que ha permitido colocar a 6 mil personas en 28 empresas. Además, este tipo de empresarios ha contribuido al desarrollo de proyectos sociales que implican a la población infantil, a la tercera edad y al cuidado del medio ambiente. Su participación en instancias de decisión en el gobierno estatal los implicó en la discusión del Plan Maestro del Desarrollo Urbano de la Ciudad de Hermosillo y de las reformas a los programas de seguridad, infraestructura y desarrollo económico de Sonora. En suma, los innovadores en la maquila sonorense no se abstienen de participar en aquellas actividades que, de una manera o de otra, repercuten sobre los aspectos estrictamente productivos. Se enfocan en generar mecanismos de articulación entre la producción y la reproducción de la fuerza de trabajo, lo cual revela una visión de conjunto que supera aquella que se restringe a la búsqueda de las utilidades. Se trata de una cultura empresarial que permite también influir sobre el ámbito familiar organizando la vida cotidiana de los trabajadores de acuerdo a los ritmos de la empresa.

Todo lo anterior permite a la autora concluir subrayando la discontinuidad entre los intentos de industrialización previos a la implantación de la maquila y el nuevo modelo de desarrollo, estrechamente vinculado a la economía norteamericana y, desde ella, a la industria global. Puede identificar formas específicas de acción empresarial y distinguir tipos de actores, tradicionales, integradores e innovadores, que se ubican en distintos espacios del territorio sonorense como son los de Empalme, Nogales, Ciudad Obregón y Hermosillo. En su conclusión se permite pensar acerca del futuro de esta nueva economía, lo cual será seguramente objeto de sus investigaciones que le permitirán consolidar el esfuerzo pionero realizado hasta ahora en este libro.


[1] Este libro es el resultado de la tesis doctoral que Rosario Robles presentó en el marco del programa de Doctorado en Ciencias Sociales de  El Colegio de Sonora, en febrero de 2014. Veáse María del Rosario Fátima Robles, “La contribución de los empresarios de la industria maquiladora de exportación al desarrollo regional: un análisis de su tejido empresarial en los estados de Sonora y Coahuila (1982-2010), El Colegio de Sonora, Programa de Doctorado en Ciencia Social. Promoción 2010-2012. Hermosillo (Sonora). 20 de febrero de 2014.

[2] Veáse José Medina Echavarría, Consideraciones sociológicas sobre el desarrollo económico, Buenos Aires, Editorial Solar Hachette, 1964.

[3] Veáse Natalia Vargas Escobar, “La explicación nacional de la acción económica estatal. Hacia una sociología histórica sobre los orígenes del tipo estatal de financiamiento al  desarrollo. México 1932: el caso de Nacional Financiera”. Tesis de Doctorado en Ciencia Social con especialidad en Sociología, Centro de Estudios Sociológicos, El Colegio de México, XIII Promoción (2008-2012).

[4] Veáse Francisco Zapata, Tiempos neoliberales en México, El Colegio de México, 2005.

[5] Esta temática es objeto del texto de María del Rosario Fátima Robles y Miguel Ángel Vásquez,  “El proceso histórico de la industrialización del estado de Sonora, a través de los actores empresariales”, manuscrito inédito, 2015.