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FOTO DE LA SEMANA: “Sin título”

La imagen fu capturada por Lilian Ivetthe Salado.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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“…duele no estar en nuestro lugar de trabajo, con nuestros niños y padres de familia”, Marcela Zazueta.

Presentación del libro “La novena ola magisterial” de Luis Hernández Navarro

Marcela Guadalupe Zazueta Pillado.*

Cuando se nace pobre, estudiar es el mayor acto de rebeldía contra el sistema. 

El saber rompe las cadenas  de la esclavitud.

Tomás Bulat

 

Mi nombre es Marcela Guadalupe Zazueta Pillado, soy originaria del ejido Mayojusalith, municipio de Etchojoa, el más pobre del estado. Inicié mi vida escolar a los cuatro años. Mi papá me llevaba a la escuela en una carreta jalada por un caballo, único medio de transporte que teníamos, ya que él se dedicaba a cuidar vacas y no terminó la educación primaria; siempre nos dijo que la herencia que nos dejaría seria una profesión, pero quizá a mi corta edad no entendía el mensaje.

Cursaba el quinto grado cuando decidí ser maestra del medio rural, mis padres alentaban esa idea. A los once años tuve que partir a la secundaria ubicada en la Colonia Jecopaco, municipio de Benito Juárez, a cuatro kilómetros de distancia. Hacíamos una hora caminando. Todos los estudiantes nos reuníamos a la salida del ejido al amanecer, para iniciar la caminata e igual de regreso. Fue muy bonita época porque en tiempo de calor nos bañábamos de regreso en los canales de riego y si había siembra de sandía comíamos la fruta fresca, era nuestra vida de adolescentes en nuestro querido pueblo.

A los catorce años tuve que dejar a mi familia para estudiar la preparatoria en Ciudad Obregón. Tuve que vivir con amigos de mis padres. Me fue muy difícil adaptarme a la vida en la ciudad, era un mundo desconocido para mí, extrañaba a mi familia, a mis amigos y mi vida en el campo.

Traté de ingresar a la normal de Navojoa, no lo pude lograr pues desconocía de la corrupción. Confié en mi capacidad intelectual solamente, pero no podía desviarme de mi objetivo, ya había decidido ser maestra y no me podía fallar.

Ingresé al Instituto Tecnológico de Sonora en Ciudad Obregón en la licenciatura en Ciencias de la Educación: de igual manera practiqué Tae Kwon Do, obtuve el grado de cinta negra. Fueron logros basados en muchos esfuerzos físicos y económicos. Mi padre falleció en un accidente, él nunca manejó automóvil, siempre anduvo en su carreta y a caballo. La situación se puso muy difícil, parecía imposible salir de esa tragedia. Llevaba dos años de estudios en la licenciatura y con tres hermanos menores estudiando. Escuché en la radio que se necesitaba un agente de ventas, tuve que trabajar y estudiar, no me quedaba de otra.

Al terminar la licenciatura, me trasladé a Hermosillo a la Secretaría de Educación y Cultura; llegaba muy temprano y pasaba todo el día sin comer esperando que me dieran trabajo. Después de una larga espera, con oficio de 16 de septiembre de 2002 me dieron trabajo en la escuela primaria Juan Bourjac del ejido Las Placitas, municipio de Hermosillo, parecía que había logrado mi objetivo: estar en el medio rural. En la modalidad de multigrado inicié mi vida laboral impartiendo primero, segundo, tercero y cuarto grados simultáneamente, como se hace todavía en muchas escuelas rurales y de las zonas urbanas pobres. Fue una experiencia difícil, no lo voy a negar, pero eran más fuertes mis ganas de superarme. Por eso lucho. Me costó mucho esfuerzo poder trabajar de maestra.

Más adelante, aquí en Hermosillo, en mejores condiciones, estudié la maestría y doctorado en Administración Educativa con el apoyo de mi esposo, que me alienta mucho a superarme.

Al estar estudiando la maestría, se da la Reforma al ISSSTE. Creí que mi sindicato estaba defendiendo mis derechos, pero me falló.

En el doctorado se hablaba de la reforma educativa, yo hacía muchas preguntas, no había respuestas, pero ahí me quedó claro que no era algo favorable para el magisterio ni para los padres de familia.

Me di a la tarea de informarme de la reforma educativa y con el objetivo de informar a los demás. Se inició una movilización magisterial en Sonora de la cual la misma vida me fue haciendo parte, donde nos empezamos a reunir por regiones en Asamblea Magisterial de Sonora y la CNTE Sonora. Yo no tenía bases de lucha, nada más la de Tae Kwon Do.

El camino que emprendimos el magisterio, padres de familia y organizaciones fue sorprendente. Llegó el momento decisivo, la evaluación de permanencia, en noviembre 2015. Acudimos a las cuatro de la mañana a las sedes de aplicación. Ese día quedó muy grabado en mi corazón. Al llegar la hora de inicio, ya estábamos posicionados en las puertas. Con nuestra bandera entonamos el Himno Nacional Mexicano, los matrimonios que iban a evaluarse se abrazaron, lloraron y todos mostramos una gran fortaleza en unidad. Es lo único bueno de la reforma educativa. Nos hemos conocido y compartido muchas experiencias que nos han ayudado a crecer como seres humanos.

Los responsables de evaluar empezaron a estar desesperados, nos pedían que nos quitáramos de las puertas, nuestra decisión fue firme y no lo hicimos, a un costado estaban otras puertas en la sede de Hermosillo. Llegaron granaderos y se agarraron a golpes con los maestros, parecía que fueran escenas de una película no vista en Sonora.

Fue un fin de semana exitoso para el movimiento, pues fue mínimo el número de maestros que se  evaluó. Se comprobó nuestro triunfo con la salida del delegado de la SEP en Sonora.

Para el siguiente fin de semana aparecen las represiones al magisterio. Mi casa y la de cuatro compañeros amanecieron encadenadas. Sentí miedo, yo no comprendía el porqué de esa acción, tenía que mantenerme firme y no dar importancia a mis miedos, la verdadera lucha estaba iniciando. Así fue, por dos fines de semana, que encadenaron por la noche mi casa con el fin de amedrentarme.

El 7 de marzo de 2016 nos llega el aviso del cese a 84 maestros en Sonora, el 8 de marzo se realiza una marcha de las regiones al Congreso del Estado.

El 21 de marzo iniciamos un plantón en palacio de gobierno en Hermosillo. La sociedad se solidarizó con casas de campaña, alimento y agua. Estábamos reunidas las regiones del estado, luchando por nuestro trabajo. Alrededor de las once de la noche nos rodeó la gendarmería y policías vestidos de civil, nos robaron todo, no nos golpearon porque había familias en la plaza del palacio de gobierno. Fue grande el susto, nos unimos y nos protegimos unos a otros.

Llegó el día 15 de abril, nos cesaron a 44 maestros de nivel básico y después a dos de media superior. Los padres de familia nos apoyaron y cerraron escuelas.

Las autoridades no pudieron con ellos, recurrieron a la gendarmería que empezó a detener a maestros cesados y a padres de familia. Ya no sentía miedo, ya me habían quitado tanto que hasta el miedo se  habían llevado, fue un gran apoyo el de padres de familia, docentes y organizaciones.

Sonora se une por una semana en el paro nacional el 15 de mayo.

En junio nos unimos para luchar por los presos políticos de Oaxaca a quienes trajeron al CEFERESO como si fueran presos de alta peligrosidad. Fue sorprendente el apoyo de la sociedad a pesar del clima tan caluroso que azotó a Hermosillo en esos días.

La tragedia de Nochixtlán fue muy triste, todavía me pregunto por qué escribir una reforma educativa con la sangre de muertos y lastimados.

En julio de 2016, salimos en un autobús a la Ciudad de México en apoyo al plantón en la Ciudadela y al diálogo nacional. Esto se logró gracias al apoyo de la sociedad sonorense.

Fue tan bonita experiencia estar en el campamento, que me faltaría tiempo para expresar tan agradables situaciones que vivimos.

Fue difícil el inicio de ciclo escolar para los maestros cesados; mostramos fortaleza, pero duele no estar en nuestro lugar de trabajo, con nuestros niños y padres de familia.

Y siguen las represiones. El 19 de septiembre cesan a mi niña de la guardería quitándole su derecho a la educación. Estoy en un proceso jurídico, por lo que no debería haber afectaciones.

“Sólo viven aquellos que luchan” Victor Hugo. Con esta frase inicia el libro La novena ola magisterial. Palabras que dicen mucho.

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación nació como verdadera coordinación emergente de maestros de base en lucha de varios estados.

A lo largo de 36 años la CNTE  entabla lazos y estrecha relación entre trabajadores de la educación, padres de familia humildes y regiones enteras del país, que, con altas y bajas, se ha mantenido hasta nuestros días.

Que usted sea fundador de la Coordinadora Nacional de Trabajadores me causa admiración.Vio la necesidad de crear un frente de lucha que aglutinara las problemáticas sociales de nuestro México.

Su libro nos traslada a lo que vivimos en la actualidad el magisterio: cómo fuimos tratados como delincuentes para presentar una evaluación, con toda una gendarmería en las sedes de evaluación. Increíble, pero hasta perros había en la sede de Hermosillo. Deja mucho que decir del mejoramiento de la calidad a través de una evaluación  que tanto presumen las autoridades educativas. Cómo se convirtió en una campaña mediática de desprestigio a nuestra labor en lugar de invertir en la educación.

Refleja muy bien lo molestos que salían los maestros después de la evaluación al dar a conocer todas las fallas que se presentaron, que acudieron presionados  y decían una y otra vez: “Estamos aquí contra nuestra voluntad. Estamos aquí porque fuimos amenazados”. A lo que ha llegado el gobierno por cumplir a los empresarios con la privatización de la educación.

Describe a los maestros Claudio Castillo de Acapulco y David Gamayel Ruiz de Chiapas, lo mucho que se esforzaban en su profesión para sacar adelante la educación de sus alumnos a pesar de las condiciones en las que trabajaban; de cómo perdieron la vida en movilizaciones magisteriales pacificas y  fueron despedidos como los héroes de muchas batallas.

La visita de usted, Luis Hernández Navarro, a Sonora, nos alienta a seguir luchando. Me emocionó mucho leer su libro porque refleja la sensibilidad de un ser humano muy consciente, que logra ver lo injusto de la mal llamada reforma educativa, que se aplica a los maestros y describe de la forma más sencilla cómo vive un modesto maestro  en los diferentes estados, cómo  enfrenta en su labor docente, en la mayoría de los planteles del país, condiciones de infraestructura deplorables, de marginación profunda.

De los maestros de Oaxaca encarcelados en Hermosillo, me dio tristeza, ya que convivimos muy de cerca con sus familiares; vimos su desesperación y angustia por sus seres queridos. Esta represalia nos permitió conocer a unos grandes seres humanos que luchaban por la libertad, daban a conocer su preparación y fortaleza para enfrentar esa represión.

Estamos muy al pendiente de sus escritos y su dirección en La Jornada, diario nacional de trascendencia, testigo digno del periodismo que nos honra, que no claudica, que no se copta, que no se vende, que respeta el derecho a la información. Sus aportaciones son siempre útiles para la construcción de una sociedad democrática.

Se le agradece de corazón su apoyo incondicional a la lucha magisterial. Su libro refleja su calidad humana. Al leer que habla de Sonora, pensé: valió la pena nuestro sacrificio. Sonora es parte de la historia por el magisterio y por usted que nos tomó en cuenta.

Reciba mi agradecimiento, pues con palabras sencillas, pero muy sensibles y humanas, pone al descubierto una realidad con la cual me identifico.  Espero que a aquellos con acceso a esta lectura les cause el mismo impacto. Mi mayor admiración a usted, Luis Hernández Navarro.

Leer sus escritos y escucharlo es una oportunidad valiosa para conocer cómo luchamos los maestros y padres de familia de todo el país.

Recomiendo con mucha satisfacción su libro La novena ola magisterial a todos y todas para su lectura.

*Integrante de la Asamblea Magisterial de Hermosillo.