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FOTO DE LA SEMANA: “Sin título”

La imagen fu capturada por Lilian Ivetthe Salado.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El tabú de la muerte

José Eduardo Calvario Parra.*

En México, cada dos de noviembre se celebra el ya muy arraigado Día de Muertos, costumbre prehispánica con cierto grado de sincretismo religioso principalmente derivada de una mezcla con ideas cristianas. Las ofrendas se elaboran en honor a la memoria de quienes ya desaparecieron; es una especie de remembranza simbólica y espiritual. Es una respuesta terapéutica a quienes ya “partieron”. Pero ¿qué pasa en el momento del fallecimiento, de la muerte, del suceso? ¿cómo se afronta? En la Soledad de los moribundos, a propósito de la muerte, Norbert Elías se plantea las preguntas ¿qué hacer para que la despedida de este mundo se viva como algo natural? ¿Por qué evitamos que  niños y niñas estén presentes cuando alguien muere? Mi opinión es que la primera supone una solución difícil, la segunda apela a responder con sentido común implicado por el tabú. Más allá de que distintas sociedades occidentales responden de diferentes maneras al fenómeno de la muerte, lo que sí es obvio, parafraseando a Elías, es que tenemos un fuerte tabú, miedo, repulsión y nos sentimos coaccionados cuando se trata de enfrentar a la muerte. El proceso civilizatorio se ha encargado de reforzar el miedo a la muerte y el respeto a la vida, algo que tiene sus grandes ventajas sin duda, pero también nos arrastra a enclaustrar a la muerte, a tomarla como un estadio antagónico a nuestra existencia actual.

Aunque en México se dice que en términos culturales nos reímos de la muerte y hay ingeniosas composiciones llamadas “calaveritas” y todo un conjunto de artefactos culturales que le dan cierta connotación de “relajada”, es evidente que a nivel social a la muerte le guardamos un profundo temor y “respeto”. Entre más entendamos el concepto occidental de muerte como antítesis de otro concepto como el de vida, entre más nos fijamos en la existencia netamente corporal-biológica como sinónimo de vida contrapuesta a lo no biológico equivalente a lo inanimado, entonces el tabú, el miedo, el trauma –a veces cultural– de la muerte seguirá pesándonos.

Otra cosa muy distinta es la tendencia descivilizatoria de incentivar la violencia homicida y feminicida, y permitir que grupos o sujetos violenten, priven de la existencia física a otros seres humanos. En una reciente colaboración para El Universal, Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la UNAM, informa que la tasa de homicidios (hombres y mujeres) en México es de 17 por cien mil habitantes frente a 3.9 de Estados Unidos y 1.7 de Canadá (3/10/2016). Un tema para otra colaboración es el asunto de los factores psicosociales que explican la violencia homicida y feminicida, que en cierta manera puede ser reflejo de los cambios sociales regresivos. En cuanto a las personas que enfrentan el duelo de la “pérdida” de un ser querido, habremos de imaginar de qué manera se asimila este hecho (según INEGI en 2015 se registraron 20,525 homicidios) y aunque el trauma es mayor en comparación para quienes “pierden” a sus seres amados por muerte accidental que por enfermedad o evento natural (en 2011, existieron 590,693 defunciones para todas las causas), las distintas formas de muerte tienen en común que quienes le lloran, o le lloramos, vemos a la muerte como algo fatal, letal, terminal.

Si se entendiera la muerte no como un cese o terminación sino como parte de múltiples elementos que nos transforman en otras cosas, quizás se mitigaría el trauma psicológico y social. Si enseñáramos a nuestros niños y niñas a entender la muerte en este sentido, es probable que les ahorraríamos un trauma terrible después de saber que sus padres han fallecido en un accidente carretero u otra situación similar, por ejemplo. Si se afrontara con mayor naturalidad la llegada de la muerte, con menor miedo y tabú, podríamos transitar hacia otro estadio de manera más tranquila. A lo mejor no está del todo errada la frase einsteniana para el caso de la muerte: “la materia no se crea ni se destruye simplemente se transforma”. Y no digo que habría que entender la muerte exclusivamente como un fenómeno físico, o de la física cuántica, sino que podría aligerarnos la pesadumbre si la pensáramos como parte de un proceso en el que la vida y la muerte son dialécticos no antitéticos. En tanto, nuestra existencia actual nos compromete a “vivir” en el ahora y transformar las condiciones materiales tan lacerantes en cuanto a la desigualdad, la pobreza y la injusticia de nuestro tiempo.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.