» Convocatorias

  • simposiohist-635 XLII Simposio de Historia y Antropología Edición Internacional.Tema: MUJER, GÉNERO Y FAMILIA »

    La Universidad de Sonoraa través del Departamento de Historia y Antropología, en colaboración con El Colegio de Sonora, el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, [...]

» Novedades Editoriales

  • extraviado-641 Ángel extraviado »
  • itinerarios-639 Itinerarios errantes italianos. Nostalgias de un italómano. »

FOTO DE LA SEMANA: “…en la sierra”

La imagen fue capturada por Ana Rosa Sánchez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

vialibre-642

Sin luz al final del túnel

Álvaro Bracamonte Sierra.*

El futuro no era especialmente prometedor con el seguro triunfo de Hillary Clinton. Por el contrario, la señora en la Casa Blanca auguraba tensiones que horadarían el “confort” que vivimos con el poderoso vecino. Pero de esto a la desesperanza desencadenada tras la sorpresiva victoria del magnate hay una distancia formidable, diría, sideral. A esta inesperada circunstancia hay que adaptarse, no hay de otra. Sin embargo, a medida que asimilamos el desenlace electoral norteamericano buscando con ese ejercicio el lado bueno para la economía mexicana, no hay manera de encontrarlo por ningún lado; algunos colegas festinan, con cierta ironía, el triunfo republicano en tanto que dejaríamos de obsesionarnos con Estados Unidos y por fin voltearíamos la atención hacia Latinoamérica. Es probable que tengan razón, pero a simple vista ello no alcanza a compensar el sombrío y ominoso panorama que se cierne sobre el país, particularmente sobre la estabilidad micro y macroeconómica. Los datos financieros posteriores al martes 8 de noviembre perfilan la dimensión del tsunami que viene.

El lunes 7 el Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores cerró la jornada por arribita de los 48 mil puntos; el día de la votación arañó los 48,500 puntos: los mercados confiaban en el triunfo de Hillary, por eso la positiva marcha bursátil. Todo cambió a partir del miércoles. Desde ese día la espiral contraccionista ha sido imparable, el indicador ha retrocedido a menos de 45 mil puntos. Es decir, en sólo tres sesiones la reducción es superior al 7 por ciento y lo grave es que no se aprecian, por ningún lado, signos de pronta recuperación. De hecho, las señales indican una acentuación de la incertidumbre y, por consiguiente, mayores aprietos en esa actividad financiera. El mercado cambiario también acusó los estragos de la fatídica derrota de Clinton. Previo a la votación el dólar se compraba en ventanilla en alrededor de 18.50 pesos. La perplejidad desatada al término de la larga noche del martes pasado llevó la paridad a casi 22 pesos, tal como vaticinaban los pronósticos en el caso de que finalmente Trump se impusiera. Si como dice el viejo refrán, por la víspera se saca el día, entonces no es descabellado imaginar que esto se pondrá peor.

Otro escenario, más optimista, está descartado, pues el ahora presidente electo, lejos de matizar el discurso neoproteccionista, antiinmigrante y antimexicano, está dedicado a reafirmar sus promesas de campaña. Por lo menos es lo que se colige de la entrevista que concediera a la cadena de televisión CBS. Trump refrendó la hostilidad hacia todo lo que huela a México, lo cual podría no tener mayor importancia si no fuera porque esa animosidad lastima el ambiente de cooperación y confianza que debe existir entre ambas naciones. Este clima de recelo y antipatía inhibirá, definitivamente, a los empresarios que planeaban localizar sus capitales en suelo mexicano. Si esto sucede, los tímidos síntomas de reactivación que registra la economía del país quedarán sepultados. Lo más grave del discurso tiene que ver con la defenestración que hace del TLC, mismo que no descarta cancelar.

Este escenario sería dinamita pura para la plataforma productiva mexicana que, como se sabe, está orientada a satisfacer la demanda norteamericana; pensemos en la industria automotriz cuya evolución reciente ha sido impresionante. El sector se enfrentará a una compleja encrucijada si Trump cumple la promesa de aplicar un impuesto de 35 por ciento a cada auto importado, pero fabricado por alguna ensambladora norteamericana fuera de Estados Unidos. No se descarta que tal imposición convencería a los corporativos a relocalizar sus inversiones para evitar el referido gravamen. Es de suponer que todas las empresas de propiedad estadounidense estarían sujetas a ese tratamiento, lo cual, en caso de proceder, terminaría por arruinar una cantidad importante de polos manufactureros configurados con esas inversiones.

Adaptar la plataforma productiva nacional a las nuevas condiciones comerciales que conlleve el “trumpismo” implicará muchos años. Quizá a muchos mexicanos no nos tocará apreciar la redefinición de la nueva economía nacional.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.