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FOTO DE LA SEMANA: Pensando en ti

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Apela, sabiamente a los recuerdos y las impresiones que guarda mejor el sentimiento: “Itinerarios errantes italianos”

 

José Rómulo Félix*

Muy buenas tardes.

Agradezco muy cumplidamente la invitación que se me hace, misma que me agrada sobremanera, dado que se refiere a una obra póstuma de un muy buen amigo, con el que me vuelvo a encontrar.

Conocí a Gerardo Cornejo Murrieta el mes de febrero de 1982 durante la ceremonia de inauguración de esta magna institución de educación superior y formadora de opinión en nuestro estado.

Gerardo siempre tuvo un carácter con el que instantáneamente te amistabas, para esas fechas, ya había recorrido medio mundo en labores sociales con organizaciones ligadas a la UNESCO–United Nations Education, Science and Culture Organization, con la cual había empezado a colaborar desde sus primeros veinte años, como él manifiesta en el presente libro, en unas vacaciones escolares cuando cursaba la carrera de Derecho en la facultad respectiva de la Universidad Nacional Autónoma de México. Por cuestiones de “piojillo” (falta de centavos en la vieja habla sonorense, al decir de don Horacio Sobarzo), había ido al norte de Veracruz con las brigadas de apoyo por un meteoro que había azotado a Jicaltepec, donde conoció a una anciana italiana de apellido Palmieri, que lo motivó más en su afición.

Pero no nos adelantemos. Vamos, poco a poco, por el principio.

En sus primeras páginas, este bello libro, por los temas maravillosos que trata, nos dice “… es una historia que me apura compartir con los lectores antes de que me la decolore el olvido, pero quiero hacerlo con intencionada modestia y con llana superficialidad porque después de una docena de libros publicados, creo haberme ganado el derecho de escribir un puñado de páginas sencillas, regocijadas, amorosas y lúdicas sobre mi encuentro providencial y destinario con la inefable diversidad geográfica, cultural e histórica de esa megamaravilloteca artística que llaman Italia vista ‘desde afuera’ por un extranjero , pero muy ‘desde adentro’ de los recuerdos y las nostalgias de un italómano incurable.”

Indica igualmente, que desea que los italianos le perdonen el atrevimiento y tomen en cuenta su advertencia de que este paseo vuelto libro bien pudiera denominarse: “Italia para mexicanos o Fuera de Ruta (Fuori strada).

Nos advierte, que estas notas placenteras que escribe no se basan en “datos y las fechas que los historiadores usan para documentar la verdad, puesto que los escritores los usamos para conocer mejor aquello sobre lo que vamos a mentir. Por eso admiro a Tucídides pero amo a Herodoto.”

Apela, sabiamente a los recuerdos y las impresiones que guarda mejor el sentimiento que el intelecto. Por eso, no da fechas sino sólo contextos, situaciones, lugares y nombres.

En su primer capítulo, que denomina “Romance Italiano”, dedica el primer apartado a su hermano José, y a su primo Luis Cornejo el apartado denominado “Romance de Adolescencia”, por la noviecita que tuvo de adolescente, a inicios de los años cincuenta del siglo pasado, supongo que en la antes Colonia Irrigación, hoy municipio Benito Juárez. Este amorcito que lo tuvo un tiempo “hablando en verso y por andar caminando sin pisar el suelo”.

Hace un merecido reconocimiento a quien lo llevaría a su segundo romance de adolescencia, o sea al “de mi país trasoñado-imaginario-idealizado y desconocido”, mismo que le llegaría a través de la Lectura, así con mayúscula.

Su maestro de sexto año de primaria, el teziutleco poblano Héctor Tavera Ríos, escogió dos libritos de relatos: El mexicano, Alma Latina, que confiesa no haberlo conseguido nunca, así como, el italiano: Corazón: diario de un niño, y con esos “ramitos de letras”, como los llamaba el amable profesor, “con los que fue seducido para siempre con la luminosa adicción de la lectura.”

Los cuentos se los hacía leer el maestro, pero cuando le tocaba el cuento mensual, los actuaba, y los atrapaba con “El pequeño vigía Lombardo”; pero sobre todo con los desvelos de “El pequeño escribiente florentino”.

Confiesa el autor que así fue conociendo la rica diversidad geográfica, cultural y  humana de la península y cómo les heredó su fascinación por la lengua, la historia y la literatura de un país que jamás había visitado. Fue sin duda, su maestro clave de la adolescencia.

Repite una bella máxima de Edmundo de Amicis, autor de Corazón: diario de un niño, que decía: ”Este nombre, maestro, después del de padre, es el nombre más dulce que pueda dar un hombre a otro.”

Unos años después, cuando cursaba su educación preparatoria en la Universidad de Sonora en Hermosillo, otro maestro clave, don Rafael V. Meneses (Menesitos), lo llevaría a internarse en la pasión por la escritura, y en sus lecturas italianas posteriores.

Pero también recuerda con añoranza, otro factor-hecho- suceso favorable: la del cine de su tío Juan Antonio, que después de tener un cine ambulante, formó un cine en la Colonia Irrigación, al que le puso Cine Regis, que acondicionó con las butacas del cine Royal de la colonia Roma, que se desplomó en el temblor de 1957 en la ciudad de Mexico. Ahí se dio vuelo viendo el cine francés e italiano de la época, porque no pagaba la entrada por ser sobrino predilecto. Ahí vio las películas de Sofía Loren o de Marcelo Mastroiani, pero sobre todo, su preferida, Claudia Cardinale.

Estos cines me traen recuerdos familiares de mi tierra en Navojoa, donde mi padre Ignacio R. Félix, tuvo un cine al aire libre desde el inicio de los años cincuenta hasta que por la política de la compañía del gobierno, la Operadora de Teatros lo hiciera desaparecer para inicios de los años setenta. Por eso gozo con esos recuerdos en los que su tío Juan Antonio proyectaba películas europeas y el otro cinito del pueblo pasaba las del cine nacional. Por mi parte en el cine de mi padre me tocó ver más mexicanas, pero había europeas también.

Gerardo refiere la expresión de Jorge Luis Borges, ese sabio argentino, que decía “hay cuatro cosas en la vida que se saborean en la boca: la comida, el vino, los besos y las palabras.” Por eso ya era un lectómano irredento y supo disfrutar de la geografía por la materia que cursaba de Geografía con Aureliano Corral Delgado, (Corralitos) en la prepa de la Unison, porque aprendió amar los mapas.

Pasa a su fase de estudiante en la Universidad Autónoma de México, donde se inscribe en la carrera de Derecho, que no era muy de su agrado, pero que le sirvió para hacer su maestría.

Me asombra su persistencia para llegar a Europa por medio de la asociación del Comité de Servicio de los Amigos, que lo haría llegar con miles de esfuerzos hasta Cerdeña en sus primeros veinte años. Me asombra la reflexión del marinero griego que le hace sobre las bondades de la oceanidad como contraparte de la terraneidad, y de las maravillas de las dos, todo era cuestión de imponerse. Ahí ya se encara y acepta su italianidad por vocación, sin ningún impedimento.

Conoce el bel canto, con la ópera Nabucco de Verdi, que adoptaría para siempre con gran placer. Ya para ese momento ya nos ha expuesto de su imposibilidad de dormir sentado.

Menciona su asombro ante la unificación italiana en el “venturoso año de 1861”, mientras nosotros peleábamos contra los conservadores y después contra franceses y austriácos, a los que derrotamos en junio de 1867.

Me encantó la norma de Gerardo de decirle a su asistente de que cada vez que hubiera congresos en Europa, hiciera hasta lo imposible para que pudiera tocar su tierra amada de la Península Itálica.

Es de llamar la atención el profesionalismo en Rumania, para ayudarlo a encontrar su portafolio o “diplomático”, como ellos les llaman. Eran los tiempos de la Guerra Fría, y del Estado Policial de Nicolás Ceacescu, el dictador, no era de extrañarse tanta seguridad gobiernista.

Es de admirarse un hombre que reconocía como tales las herencias griegas y romanas, y sobre todo los vestigios de dos civilizaciones que son clave para la formación de nuestra mexicanidad, tamizadas con el paso por la Hispanidad.

Son de admirarse las narraciones, ligadas en parte con sus obras literarias, sobre las vías ajenas a las carreteras, “puebleando” como dice, disfrutó más de esa tierra maravillosa, que la que disfrutamos los humanos morales en esos dizque viajes todo programado.

También el hecho de que en Italia y en muchas partes de Europa, si a las nueve de la noche no has cenado, pues a sufrir el ayuno.

Describiremos algunas características típicas a los italianos como pueden ser

  1. Su capacidad de encontrarle el gusto a la vida. El gozo por vivir.
  2. Lo familieros que son. Un 60 por ciento de los adultos visitan a sus madres y padres casi todos los fines de semana. “il padrone sono io, ma chi comanda e mía moglie” (El patrón soy yo, pero la que manda es mi mujer).
  3. Lo fiesteros que son todos, tanto en fiestas laicas como religiosas.
  4. La proxemia, o la proximidad, a la cercanía y vecindad entre los seres humanos. Aunque él reconoce siempre ser una ave solitaria. Con sensación asfixiante de apretujamiento.
  5. El italiano ha desarrollado la kinesia, que es el arte de hablar con las manos en la que son unos maestros.
  6. Su sentido del humor y la rapidez de réplica.
  7. Su afición por el “lenguaje grueso” o turpiloquio como le dicen ellos. O sea las leperadas, groserías, o palabrotas. Hay 301 por un lado, y 3500 vocablos impúdicos por otro lado.
  8. La amistosidad  y sentido del humor.

 

Entre las cosas negativas de los italianos:

  1. Está el papismo-eclesiástico-dogmático, que es comparable al guadalupanismo-fanático-idolátrico mexicano, “este último me duele más que el de los italianos con el papismo”, dice Cornejo.
  2. Falta de apreciación, de valoración y de orgullo de muchos italianos por su arte y su historia. “Como si su glorioso pasado les resultara lejos y pesante, y su bello presente no satisfaciera sus aspiraciones y expectativas materiales. Porque no hay peor pérdida que la del bien que no se aprecia”.
  3. La mafia, la camorra y la N’drangheta (la malavita organizatta). Que aun cuando tienen muchos años con ella, no se compara al “narcotráfico que se ensoñorea y territorializa en el México actual y que ha llegado a proporciones escandalosas desafiando al Estado mismo y aterrorizando a la sociedad, con sus crímenes desenfrenados y brutales.”
  4. La sobrepoblación es un problema común, ya que es muy difícil que sesenta millones de habitantes se acomoden en un territorio de sólo 300 mil kilómetros cuadrados, donde no encuentras ni un solo lugar en el campo ni para un modesto picnic, o día de campo, como también se le dice.
  5. Me asusta y me tensa el exceso de velocidad en las carreteras, sobre todo en las autoestradas o autopistas, donde se maneja a la defensiva, ya que cuando vas a 120 kilómetros otros van a 140 o 160. Sobre todo si las distancias son muy cortas en todo el país. Además de los motociclistas estridentes y enloquecidos que se entrelazan con los autos a velocidades suicidas, como si desearan morir. No tiene sentido en ninguna parte de la península donde en un radio de 50 millas a la redonda, cualquier ciudad puede ofrecer encanto e interés para toda una vida. Ahí si es válido: “chi va piano, va lontano” (el que va despacio, llega lejos.)
  6. La programación de la RAI (Radio –TV-Italiana, que compite en mala e insulsa con“nuestras” Televisa y Tv Azteca. Los peores enemigos de la educación y la cultura en nuestro país.
  7. La afición por los spaghetti westerns, que afortunadamente ya son de los años sesentas y setentas del siglo pasado.
  8. La ignorancia y falta de interés de muchos italianos por la cultura latin-indo-afro-americana, que produce una de las más importantes literaturas del mundo.
  9. Recordarle a los italianos que la Italia exterior de la península no son los restaurantes italianos que hay en todo el mundo, ni las modas ni los zapatos. “Hay colonias italianas muy importantes en todo el mundo. Los Institutos Italianos de Cultura en el mundo deberían tener recursos para cuidadosos programas de “mantenimiento identatario de italianidad”.

Ha sido una de las grandes experiencias en mi vida la presentación de la edición de mi novela prima La Sierra y el Viento en italiano, y haberla presentado en Florencia, Cerdeña, Turín, etc.

Envidio las palabras que ví en un pequeño restaurant en el Parco Nazionale del Gran Sasso de Italia e Monti della Laga, en La Toscana, sacado de un cuento de hadas, en el baño decía:

Trovare pulito- encontrar limpio

É un piacere – es un placer

Laciare pulito – dejar limpio

‘e un dovere – es un deber

Muchas Gracias

*Cronista de la ciudad de Hermosillo.