» Convocatorias

  • nota - cursos - portales Cursos de Actualización 2017-1 »

    La Coordinación de Posgrado de El Colegio de Sonora convoca a los Cursos de Actualización 2017-1, dirigido a investigadores(as), profesores(as) y profesionales vinculados(as) con las ciencias [...]

» Novedades Editoriales

  • Portada-La-industria-automotriz La Industria Automotriz en México. Relaciones de Empleo, Culturas Organizacionales y Factores Psicosociales »

    La industria Automotriz en México. Relaciones de Empleo, Culturas Organizacionales y Factores Psicosociales. Coordinadores: Alex Covarrubias Valdenebro, Sergio A. SAndoval Godoy, Graciela Bensusán Areous, Arnulfo [...]

  • extraviado-641 Ángel extraviado »
  • itinerarios-639 Itinerarios errantes italianos. Nostalgias de un italómano. »

FOTO DE LA SEMANA: Pensando en ti

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

columna - observatorios

Puntos ciegos sobre la violencia de género

 

José E. Calvario Parra*

En días pasados, el 19 de octubre para ser exacto, se llevaron a cabo distintas movilizaciones en varias ciudades de América Latina con el fin de protestar contra la violencia feminicida, y exigir a las autoridades mayor atención al problema. Sin duda la visibilización de la violencia masculina hacia las mujeres por medio de las movilizaciones ya es ganancia. No es cosa menor que el 52% de las mujeres de 15 años y más en el estado de Sonora, según la ENDIREH 2011, haya experimentado alguna clase de violencia. Y ni hablar de los últimos asesinatos de mujeres en el estado de Sonora, particularmente en el sur. En algún modo u otro, todos/as hemos contribuido a la violencia de género; obvio, los varones tenemos una responsabilidad acentuada en términos de reproducir consciente o inconsciente estructuras que favorecen a una cultura de la violencia hacia las mujeres.

Sin embargo estimados/as lectores/as, hay que estar atentos a puntos ciegos, o si se quieren riesgos que se corren, al subirse al barco de las protestas sin considerar lo siguiente. 1) Reducir todo, simplificarlo, a una lucha entre mujeres y hombres, incluso se ha acuñado una frase mercadológicamente potente: la guerra entre los sexos. Los malos per se son los “hombres”, las buenas per se son las “mujeres. De ello de deriva una solución extrema y radical: desterrar a los “hombres” sobre la faz de la tierra. Es entendible la exageración de este punto en tanto la enorme desigualdad de las mujeres frente a los hombres, no obstante, tomarlo tan literal o maniqueo puede conducir a despropósitos lamentables. 2) En base a lo anterior, frecuentemente se desprovee en la visión sobre el problema de un elemento fundamental que los estudios de género y las ciencias sociales han contribuido a formular: la realidad es más compleja de lo que pensamos o el sentido común y la experiencia personal nos sugieren. 3) El concepto de feminicidio como demanda social y política es sumamente provechoso y útil, pues denuncia y visibiliza los crímenes más horrendos que se comenten en contra de las mujeres. Pero se olvida una cosa, como categoría de análisis no está desprovista de ambigüedades y falta de precisión a la hora operacionalizarlo y registrar rigurosamente la realidad. Desde un punto de vista amplio, y ambiguo, todas las muertes horrendas, y no, cometidas contra las mujeres son “feminicidios” porque si se parte del punto 1), se puede deducir con “facilidad” que la mataron por el hecho de ser mujer cuando no necesaria y exclusivamente es así. 4) Estamos en primer momento, ante una cultura de la violencia, violencia de todos/as contra todos/as. Tienen que ver con las ondulaciones civilizatorias en los últimos dos siglos, en otras palabras, transformaciones en distintos órdenes de las formas de convivencia que tienen su origen más allá de nuestro contexto histórico. En nuestro momento actual, tanto los grupos, identidades, sectores, que llevan la peor parte en cuanto a la cultura de la violencia son los más vulnerables y/o que viven en los contornos de las sociedades a manera de exclusión y marginación cultural, social y económica. Cuando un individuo pesan sobre de él/ella todas las categorías de exclusión, y pertenencia a grupos estigmatizados, sus experiencias de vida son muy difíciles; ser mujer, indígena, no heterosexual, pobre, enferma-discapacitada, de la tercera edad, es el peor de los mundos posibles en cuanto a la vivencia de la discriminación, una forma de violencia continuamente invisibilizada. En consecuencia con lo anterior, 5) la violencia de género es una forma de violencia que se entrecruza con otras modalidades, pero en sentido estricto tanto hombres, mujeres, muxes u otra categoría de distinción, los viven según coordenadas de desigualdad social que experimentan. Otra vez, se dirá, y con razón, que son las mujeres las que llevan la peor parte por su desigualdad económica, física, material, profesional, social, cultural, y por lo tanto cuentan con menos recursos para hacer frente a embestidas violentas; ante este hecho incuestionable, sería saludable no invisibilizar otro tipos de violencia, o incluso, otros grupos quizás no tan numerosos pero no menos importantes; ser varón desempleado, indígena, no heterosexual, pobre, enfermo-discapacitado, de la tercera edad, es también un escenario nada halagüeño.

En primer momento, es necesario poner fin a la violencia de los hombres contra las mujeres, y multiplicar políticas de intervención social que abonen a la sensibilización de la cultura hegemónica masculina (dicho llanamente el “machismo invisible”). En segundo momento, es también pertinente la incidencia de políticas de promoción y prevención sobre otros tipos de violencias; es necesario poner fin a la violencia de las mujeres contra las mujeres, de los hombres contra los hombres, de las mujeres contra los hombres, de los/as adultos contra los/as niños/as y jóvenes, de los/as mismos/as jóvenes contra los/as ancianos/as, los/as blancos/as contra los/as morenos/as, los/as mestizos/as contra los/as indígenas, y un largo etcétera. La perspectiva de género mucho tiene que aportar respecto a la promoción de la igualdad, equidad y justicia entre los seres humanos. Lo que necesitamos es una cultura de la paz, y que el péndulo del poder no se mueva para oprimir y lastimar la dignidad humana.

 

* Investigador de El Colegio de Sonora.