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FOTO DE LA SEMANA: Así era el callejón Ayón

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Partidos corruptos y corruptores

 Nicolás Pineda.*

Atando cabos, hay algo que no termina de convencer en el combate a la corrupción. Es cierto, se han hecho avances con la creación de fiscalías y de sistemas contra la corrupción, pero su detonante está aún sin tocar. Ese detonante es el financiamiento de las campañas políticas y de candidatos, es esa necesidad que tienen los partidos y candidatos de superar al contrincante. Si uno le mete más dinero, pues el otro también lo hace, incluso trayendo de otro estado. Y así se aprende a desviar fondos y, ya entrados en gastos, igualmente se comienza a desviar para fines personales. Total, de todos modos los partidos solapan, callan y protegen. Igualmente, el INE y los consejos electorales se hacen de la vista gorda con el financiamiento bajo cuerda de las campañas políticas, son huecos en la legislación.

Dos teorías de la corrupción

Hay dos teorías o enfoques de la corrupción: una es que la corrupción es cosa de personas, que las personas son las corruptas y faltas de moral; otra es que la corrupción es sistémica, que existen instituciones, situaciones y reglas del juego que son corruptas y corrompen.

El sistema anticorrupción y los procesos penales contra la corrupción suponen que las personas son las corruptas. El fin es demostrar que una persona sustrajo fondos públicos y los desvió para beneficio propio. Se asume que el móvil es el enriquecimiento y la ambición personal. Esto está bien y sirve mucho, pero no da en el clavo, no termina de atacar el problema. Al menos en México, este cuadro no está completo, le faltan partes.

Por otra parte, muchos analistas coincidimos en que la corrupción rara vez se da de manera individual. Lo más común es que se dé en redes de personas, en mafias y en entornos de complicidad, de presión y de amenazas de pérdida de empleo, de afectaciones personales. En México, ese entorno son los partidos y las campañas políticas. Esto se da tanto en el PRI como en el PAN y en los demás partidos políticos, aliados, pequeños.

Es imposible competir en política si se mete dinero ilegal a las campañas. Los ejemplos sobran. Cualquier escándalo de corrupción o enriquecimiento tiene vinculación con el financiamiento de campañas. Moreira y Javier Duarte están vinculados a la campaña presidencial del 2012. Acuérdense de la avioneta de Veracruz con millones de pesos capturada en Toluca, que era para una fiesta patronal y era tráfico de dinero electoral (y no se hizo nada). Aquella famosa grabación de 2012 de Roberto Romero en la que pedía cooperación a sus funcionarios para un candidato, era en el marco de una contienda interna. Los diputados que piden moches, lo piden para sus campañas. El PRI es maestro en estos desvíos. El PAN se pone al parejo y hasta lo supera, los demás partidos también se benefician. Lo que viene después es saldar deudas, pagar compensaciones, dar oportunidad, ponerlos donde hay y aprovecharse de la situación para enriquecerse. Pero todo comienza en la campaña.

Revisar el financiamiento electoral

Una buena definición del problema es la mitad de la solución. Si revisamos el financiamiento de campañas, se puede reducir considerablemente la corrupción. Es un tema a discutir. Una idea es suprimir el financiamiento público y que solo haya financiamiento privado. Otra apuesta es suprimir el financiamiento privado y que solo haya financiamiento público pero bien fiscalizado. Hay que quitarle lo automático y lo dadivoso al financiamiento de los partidos y de la clase política. Los partidos y campañas tienen que tener un manejo pulcro del dinero público. Y usted ¿qué piensa?

 

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.