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La imagen fue capturada por Iván Aarón Torres Chon.

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La tristeza de Melania

Zulema Trejo Contreras.*

En las redes sociales circula un sinnúmero de comentarios e incluso artículos respecto a la primera dama de Estados Unidos, Melania Trump; algunos tienen que ver con su pasado como inmigrante y su trabajo como modelo antes de casarse con Donald Trump. Sin embargo, lo que llama la atención de toda esta red de comentarios, entradas de blogs y noticias es que un sector femenino se ha volcado en defensa de la primera dama estadounidense porque a través de sus imágenes se ha percibido, o al menos eso creen haber percibido muchas mujeres, el rostro de una mujer maltratada, atrapada en un matrimonio del cual por la razón que sea no puede escapar.

Las explicaciones para la permanencia de Melania en una relación violenta se han explicado de muchas formas: todas ellas convierten a la ex modelo en víctima, víctima del síndrome de Estocolmo, víctima de una relación codependiente, víctima de su propia ambición, víctima de su lugar en el mundo de la política, lo cual, hipotéticamente, le impediría solicitar el divorcio. Ante este despliegue de elucubraciones respecto al estado emocional de Melania Trump, a mí se me ocurre preguntar ¿por qué de pronto a todo el mundo parece preocuparle lo que pasa o no pasa con la esposa de Donald Trump? Melania ha sido una figura pública por lo menos en los últimos doce o quince años, su imagen aparecía regularmente en los programas del corazón, en revistas, en los reality shows producidos y protagonizados por su esposo. ¿Por qué entonces nadie reparó en su semblante triste, en su mirada ausente? Tal vez se deba a que no los tenía o a que nadie le prestó atención.

Me pregunto también por qué la actitud de “estar en otra parte” de Melania en los actos oficiales se asocia con maltrato. La mirada ausente de una persona no necesariamente remite a maltrato emocional o físico, quizá simplemente signifique aburrimiento, cansancio, fastidio. Hay que recordar que esta primera dama no se formó, por decirlo de alguna forma, en el ámbito de las altas esferas políticas estadounidenses. No es abogada como Hillary Clinton o Michelle Obama, no pertenece a familias tradicionales en el mundo de la política como Jackie Kennedy, Bárbara y Laura Bush; en otras palabras, no sería nada raro que Melania se sintiera fuera de lugar, ajena al mundo en el que vive debido al cargo que ocupa su esposo. Eso, desde mi punto de vista, no es maltrato, sino problemas de adaptación.