» Novedades Editoriales

  • Portada-La-industria-automotriz La industria automotriz en México. Relaciones de empleo, culturas organizacionales y factores psicosociales »

      La industria automotriz en México. Relaciones de empleo, culturas organizacionales y factores psicosociales. Coordinadores: Alex Covarrubias Valdenebro, Sergio A. SAndoval Godoy, Graciela Bensusán Areous, [...]

FOTO DE LA SEMANA: “Me gusta cuando callas…”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

documentos-658

Palabras de Cati Denman en la presentación de “La sierra y el viento”

Presentación de La Sierra y el Viento

31 de enero de 2017  -  18:00 horas

Plaza Hidalgo – 35 Aniversario de El Colegio de Sonora

Buenas noches:

Vengo aquí para expresarles nuestro agradecimiento a nombre propio y a nombre de la familia de Gerardo Cornejo Murrieta a todos los que nos acompañan esta cálida noche de invierno en la Plaza Hidalgo.

Agradecemos especialmente a El Colegio de Sonora, a la Dra. Gabriela Grijalva, Inés Martínez de Castro, Fernanda Aguilar, Orfilia Arvizu y todo el equipo que preparó con tanto afecto y cuidado esta bella edición.

Agradecemos también a quienes viajaron para estar aquí esta noche recordando a Gerardo y a quienes hoy nos compartieron sus comentarios sobre La sierra y el viento: Rosina Conde y José Vicente Anaya, muchas gracias.

Quiero compartir con ustedes un poco de historia sobre La sierra y el viento y su hechura.

Hace 40 años, Arte y Libros publicó La sierra y el viento, fue en el verano de 1977. Antes hubo meses de arduo trabajo. Gerardo se peleaba con la máquina de escribir porque se le acababan las hojas mientras fluían sus ideas. Lo recuerdo con carpetas llenas de recortes, fotos de un viaje que hizo con su padre, su hermano y su tío por la sierra, con mapas y cuadernos que había llenado durante varios años. Las tardes-noches, después del trabajo, y los fines de semana se instalaba en una mesa de madera del comedor a teclear su primer libro. Y luego a corregirle, a cortarle, añadirle, a platicarlo con su hermano Pepe o con su papá.

Y al buscar quien se lo publicara, Gerardo tuvo la fortuna de encontrar a Alberto Dallal, quien lo editó en Arte y Libros en julio de 1977. Meses más tarde visitamos Hermosillo para la presentación del libro en el Kiosko del Arte del Parque de la Pitic, en un evento organizado por Marina Ruíz.

La segunda edición de La sierra y el viento, fue por Gobierno del Estado con Sergio Calderón a cargo de la Dirección de Publicaciones. En 1987, para la cuarta edición,  que sería de LEEGA editores, Gerardo pensó en hacer una revisión del libro.

Para ese trabajo, como tantas veces, Gerardo se fue a la sierra a escribir. Y dejó un texto sobre ese viaje que les quiero leer:

“El ascenso a la Cordillera del Campanero fue rotundo. Se trataba del ascenso a otro mundo. Salía de las brasas de los 46 grados de Hermosillo para remontarme, según mi terca costumbre, en un paraje fresco de bosques apretados y perennemente verdes. El mundo “de abajo”, el mundo de la llanura desértica, fue quedándose lejano hasta perderse en la inexistencia espacial… Llegaba a la sierra grande, la sierra deveras; la del agolpamiento de lugares idílicos difíciles de escoger. Mi propósito era entregarme, por varios días, a la revisión de un libro, pero algo se me resistía, algo se oponía tercamente a la disposición premeditada: había subido hasta un lugar demasiado espectacular y la vista se resistía a salir de su estado contemplativo para meterse entre mi consuetudinaria letrería.

”(Por fín) me dedico a la revisión del libro: siete horas de trabajo que culminaron en un embrollo desconsolador: el libro había terminado hecho un ‘Santo Cristo’. Las notas llenaban todos los márgenes, las flechas cruzaban las páginas de esquina a esquina, las frases intercaladas se enmarañaban entre las impresas, los mensajes de recomposición se apretaban, urgentes, en papeles prendidos con pinzas y las páginas nuevas, entremetidas en el texto, formaban una barajadura inordenable que me orilló a levantarme echando bufidos.

”Entonces, volví, inesperadamente, a la realidad circundante: las distancias se extendían desde mis pies hasta un oriente de cordilleras paralelas sin fin perceptible. Volteé hacia abajo, y la mirada se me resbaló por sobre las llanuras oceánicas y no paró hasta fundirse con un crepúsculo planetario.

”…Y pasaron siete días, peléandome con un libro que se defendía de una recomposición modificadora… hasta que una mañana “una sensación de recobro y de seguridad me permite beberme este paisaje con una reconfortante sensación de pertenencia. Es posible que todo esto solo pueda entenderse leyendo el libro y que esta experiencia suelta no tenga significado, pero me sirve, por lo pronto, para explicarme las resistencias y para concluir en que lo que pasó fue que el que “revisitó” la sierra en mí, era ya muy, muy otro al quien ya no le pertenecía…

”Y bajé convencido de que ni a la sierra, ni al libro había que tocarlos. Había que revisitarlos,y amarlos como son y no como queremos que sean.”

Esto lo escribió Gerardo hace 30 años.

También solía decir Gerardo:

“Sí, parece que hay que aceptarlo mansamente: nosotros los concebimos, luego les damos forma en nuestras entretelas interiores y, finalmente: los parimos. Y en cuanto logran aliento independiente, toman su propio camino. Ya no nos pertenecen… Echados a la luz por sendos partos el hijo pertenece de antemano a su destino: la vida; y el libro a su destinatario: el lector.”

Les entrego, como lo haría Gerardo, este libro, el libro de ustedes, sus lectores: La sierra y el viento.

 

Muchas gracias.