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La imagen fue capturada por Esther Padilla

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El problema académico de la Unison

Nicolás Pineda*

Como estudiante o como profesor, he vivido toda mi vida adulta en instituciones de educación superior. Hice mi prepa en el ITSON (fui de la última generación de este nivel de estudios); estudié licenciatura en la UNAM, hice una maestría en la Universidad de Kent (Inglaterra) y el doctorado en la Universidad de Texas en Austin. Después he trabajado en la Unison y en El Colegio de Sonora. Además, he dado clases en Sinaloa, Baja California y San Luis Potosí. Tengo algo de experiencia, sin embargo no me considero experto en universidades ni en la compleja problemática de estas instituciones. Aquí quiero plantear algunas observaciones y reflexiones.

Mi experiencia como docente

Considero que la calidad académica de una institución depende primordialmente de la relación que se establece en el aula entre profesor y estudiantes. Esta relación debe de responder positivamente tres preguntas. ¿El estudiante quiere aprender? ¿El profesor sabe y quiere enseñar? ¿La materia de estudio es relevante y significativa para los estudiantes? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es negativa, la relación en el aula pierde sentido. Se requiere entonces un equilibrio entre los tres objetivos.

En la Unison, este equilibrio a veces es difícil de lograr. Lo que se alcanza es un “equilibrio de bajo nivel”, es decir una zona de confort que no corresponde a la calidad académica.

En cada grupo, hay una porción de los estudiantes que no está interesada en estudiar y aprender. Su asistencia es irregular y ejercen presión para que el maestro acepte un esquema semiabierto de enseñanza. Esto se da sobre todo en los semestres avanzados. Me han tocado grupos pequeños en los que unos días asisten unos estudiantes, otros días otros y no se logra dar continuidad al programa. Los motivos de los estudiantes son diversos: la educación es gratuita, están casados y trabajando, lo único que quieren es acreditar las últimas materias y las sanciones dependen del criterio del profesor. También, las materias no les resultan significativas. En el área de Administración Pública donde trabajo, las expectativas de empleo son bajas. La idea generalizada es que a la administración pública no se ingresa a base de méritos académicos, sino por “palancas”. En otras áreas sucede lo mismo.

Por el lado del docente, suponiendo que estemos capacitados para enseñar y que exista la voluntad de hacerlo (en lo cual hay variaciones), el reto es darle relevancia y significación a las materias de manera que sean útiles. Ya no basta dar información, sino que se requiere enseñar habilidades y hábitos de autoenseñanza y superación personal.

En general, la opción para el profesor es entre establecer una zona de confort en la que tanto el maestro como el estudiante hacen fácil la tarea para ambas partes, “como que enseño y como que estudio”; o bien, levantar el nivel y comprometerse a asistir, exigir lecturas y estudio y evaluar con rigor.  Este es un problema que se aprecia más en algunas áreas o carreras de la Unison.

La lucha por la rectoría

El rector, por sí solo, poco puede hacer para alterar las zonas de confort del bajo nivel académico. Tampoco es problema del equipo administrativo, ni de presupuesto. Más bien, se requiere establecer e impulsar una nueva cultura de mayor calidad académica. En este esfuerzo, necesariamente deberán participar y cooperar los académicos de las diferentes áreas para cambiar y mejorar los hábitos y vicios que se han establecido en las aulas. Para ello, el rector y los directivos deberán trabajar conjuntamente con los profesores. Un rector ajeno o distante de los docentes y que responda a intereses externos sería muy dañino para el nivel académico de la Unison.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.