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FOTO DE LA SEMANA: “Horizonte I”

La imagen fue capturada por Esther Padilla

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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PRESENTACIÓN DEL NÚMERO ESPECIAL 5 2017, Felipe Mora Arellano.

Felipe Mora Arellano.*

1° febrero de 2017

De los siete artículos y tres reseñas que contiene el número especial 5,[1] me ha correspondido dar un adelanto y atraer a los lectores acerca de tres interesantes documentos. Dos de ellos tienen un enfoque que emplea la perspectiva de género, y el tercero aborda la violencia con otro tratamiento.

Uno de los dos primeros es de la autoría de Guillermo Núñez Noriega, quien se propone abordar los productos culturales –como libros, artículos, agendas, eventos–, que trasmiten discursos regionalistas en diversos momentos de la historia local.

Además, desea mostrar que la simbología rural, regional y de género, en particular la masculina, tiene una larga historia cultural y política. Al revisar todo ello se descubre el carácter artificioso y estratégico de los significados atribuidos a dichos símbolos.

Lo anterior me recuerda los términos de Simmel de 1911: de analizar la “espiritualidad objetivada”, esa síntesis singular del espíritu subjetivo con el espíritu objetivo.[2]  Más aún, esta producción cultural no solo no es artificiosa, como apunta Guillermo Núñez, sino, como ya señalaba Simmel, tampoco es asexuada. “Nuestra cultura”, escribió el berlinés, “en realidad, es enteramente masculina –con excepción de muy escasas esferas”.

“Son los hombres los que han creado el arte y la industria, la ciencia y el comercio, el Estado y la religión”, escribió Simmel. “Y si todo el mundo cree en una cultura puramente ‘humana’, indiferente a la dualidad sexual, es porque todo el mundo ingenuamente identifica ‘hombre’ con ‘varón’.[3] Hasta aquí Simmel.

El artículo de Núñez se titula “masculinidad, ruralidad y hegemonías regionales: reflexiones desde el norte de México”. Su autor se desempeña como investigador del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD).

¿Qué preguntas se formula el autor y cómo propone darles respuesta? Básicamente dos cuestiones: ¿Cómo es que en el mundo globalizado se reciclan los símbolos de la ruralidad en el ámbito político, y cómo intervienen en la configuración de formas de construcción y mantenimiento del poder, pese a que siempre aluden a regiones particulares?

La segunda pregunta es la siguiente: ¿Cómo  participan los símbolos rurales en la conformación de los discursos regionalistas y nacionalistas, y cuáles son sus dimensiones de género, en la construcción de la hegemonía?

La respuesta que ofrece Guillermo será de corte teórico y la referencia terrenal es el discurso regionalista en Sonora, trabajado en productos culturales, como los antes indicados, y observaciones de cinco entrevistas en profundidad a hermosillenses nacidos en la década de los años 50 del siglo pasado.

Núñez parte de la tesis de que el Estado juega un papel primordial en el proceso de subjetivación-sujeción y de hegemonía. Y, por supuesto, en la construcción y regulación de las dimensiones de género y étnicas de los individuos; en la regulación y construcción de las relaciones de clase.

¿De qué manera el Estado lleva a cabo este proceso al participar en la construcción de la hegemonía? Cooptando a los individuos mediante su subjetivación-sujeción a proyectos económicos, políticos e incluso civilizatorios.

Después de ahí, el autor nos lleva por la historia del desarrollo de la Nación, de las aportaciones regionales a esa construcción y a la formación del Estado Nacional.

Toma como recurso los idioms de género, de Gilbert Herdt, que no son otra cosa que expresiones características portadoras de significado y estilo emocionales y cognitivos establecidas durante las comunicaciones ordinarias.

También transcurre muy apegado al concepto de hegemonía de Gramsci, con un tratamiento que aportan Laclau y Mouffe. Y mediante ese recurso encuentra en las políticas modernizadoras y de género, y en el discurso regionalista del gobernador Abelardo L. Rodríguez, la organización de lo que Guillermo llama “pacto social” y que, si interpreto bien, en el discurso de Gramsci sería un bloque histórico, el cual se prolonga por casi dos décadas.

El autor trabaja en la relación entre rituales y rutinas del estado local, el discurso regional y el orden de género; de la personalidad del ser sonorense, de la madre Sonora, del papá-gobierno y sus hijos sonorenses.

Estos elementos son articulados en la subjetividad-sujeción de los individuos y de ahí que el autor proceda a analizar la configuración  masculina regional del hombre urbano.

Entonces aparece el llamado estilo “chero” o “vaquero” –identificable a partir de la década de los años setenta del siglo xx– que conlleva un performance que, como dice el autor, convoca a creer que se trata de una encapsulación metonímica de algo tan grandioso como el mito del agrotitán, del rico ganadero o agricultor, del vaquero indómito tachado de virtudes.

Antes de finalizar, el autor nos advierte e invita a reflexionar acerca de las nuevas formas de expresión masculinizante en los tiempos actuales del narcotráfico, y a ello le sumo la presencia de los múltiples cuerpos policiacos y militares que empuñan armas, pasean y vigilan por todo el territorio, haciendo gala de vestimentas y actitudes que despiden poder y fuerza.

Quiero pensar que estas expresiones instalan de nuevo la figura masculinizante tan amenazada y cuestionada, desprovista de poder, por ende, de pura dictadura sin hegemonía, para evocar los conceptos de Gramsci.

∞∞∞

El otro artículo en esta línea de la perspectiva de género y de elevada temperatura, es de la autoría de José Eduardo Calvario Parra y Rolando Enrique Díaz Caravantes. Eduardo es profesor-investigador del programa Cátedras conacyt comisionado en El Colegio de Sonora, y Rolando es profesor-investigador del Centro de Estudios en Salud y Sociedad, del mismo Colegio.

Lo han titulado Al calor de la masculinidad. Clima, migración y normativas de género en la Costa de Hermosillo, Sonora”. En él analizan y describen la relación entre el clima y la masculinidad. Ambos sostienen que las condiciones de vulnerabilidad estructural que viven los trabajadores agrícolas de ambos sexos, están acompañadas de ideologías de género.  Estas ideologías son esenciales a la hora de tomar la decisión de cuidarse, o no, de las altas temperaturas.

Para los autores, existe una relación entre las normativas de género vinculadas con definiciones sociales sobre el ser varón y la percepción del riesgo por calor en contextos migratorios en el noroeste de México. Percepciones que varían según se trate de hombres o mujeres.

La explicación que ofrecen, a manera de hipótesis, es que los varones y las mujeres enfrentan un conjunto de adversidades durante el proceso migratorio, desde su lugar de origen a La Costa, que es el destino de las personas de las que trata la investigación.

Pero en ambos existen diferentes maneras de percibir y actuar ante el riesgo por altas temperaturas, en específico sobre la fortaleza masculina.

Para efectos analíticos, el género es tratado como un sistema, un sistema de ubicación, marcación, distinción y clasificación gracias al cual se fabrican las diferencias entre machos y hembras de la especie humana. Es un proceso simbólico mediante el cual se reafirma la distancia entre las categorías sociales en donde el cuerpo es el elemento principal.

Es a través del poder, específicamente de las relaciones de dominación, como puede explicarse el funcionamiento de este sistema de género. Y el género es el eje de diferenciación social, que además contribuye a la reproducción de modelos y estructuras normativas que establecen formas de actuar entre varones y mujeres.

Lo que en el artículo se expone forma parte de una investigación más amplia acerca de migrantes jornaleros internacionales. Para la migración interna se llevó a cabo un trabajo de campo realizado de abril a julio de 2014 en el poblado Miguel Alemán, también conocido como La Costa. Entonces se entrevistó a 20 migrantes de ambos sexos, provenientes de entidades del sur del país. Algunos de los resultados se exponen en el artículo.

Los entrevistados residían en unidades habitacionales que incluyen cuarterías, construcciones muy endebles y carentes de medios para enfrentar las inclemencias del tiempo. La mayoría, si no es que todos los entrevistados, sabían sobre el clima extremo antes de llegar a La Costa. Algunos tenían o no experiencias con climas extremos.

El artículo da cuenta de cómo los varones, si bien aceptan que el calor les afecta,  les cansa, llega a hacerlos sentir tan mal que hasta deben tomar suero o pastillas. Finalmente se trata del cuerpo, de “su piel de oso” y será cosa de acostumbrarse para tener éxito en las tareas del campo. Las mujeres, en cambio, sí aceptan, sin vergüenza alguna, que el calor les afecta, molesta y enferma.

Y así, entre que se atora el carro y deben sacarlo para sobrevivir, hombres y mujeres en medio de la marginación social deben soportar la explotación, que resulta triple si se incluye en esta la pertenencia a una etnia.

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Finalmente, en el artículo “Confianza institucional y violencia estructural en Nogales, Sonora”, sus autores Germán Palafox, Joel Espejel y José Ángel Valenzuela, todos profesores del Departamento de Economía de la Universidad de Sonora, se proponen mostrar la influencia que cuatro factores, como la acción colectiva, la cooperación, la cohesión y la inclusión social, tienen sobre la confianza institucional y sobre la violencia estructural.

Luego de hacer algunas referencias sobre el fenómeno de la violencia en nuestro país, de las consecuencias de esta en la vida social y económica, de aceptar que la violencia tiene una explicación multicausal, y que a partir de 2009, en Sonora,  el territorio más disputado por el crimen organizado fue el municipio de Nogales, los autores se propusieron responder tres preguntas: ¿Qué opinan los habitantes de Nogales sobre la violencia e inseguridad? ¿Qué esperan de las instituciones en el diseño de políticas públicas sobre inseguridad y violencia? Y ¿Cómo se organiza la sociedad civil para enfrentar este fenómeno?

Los autores revisan en forma breve y para mi gusto un tanto dispersa, la literatura sobre violencia en general y la de la frontera norte de México, para luego dar paso a la situación del municipio de Nogales.

Así, ofrecen cifras del año 2013 sobre la incidencia mensual de delitos y las colonias que representan un “foco rojo” y de ellas, las “más peligrosas” por el tipo de delitos que ahí ocurren. Con estos elementos dan cuenta del contexto de “la problemática de Nogales”.

A partir de ahí a los autores les pareció pertinente plantear un modelo causal de análisis que les permitiera relacionar las principales variables del capital social, es decir, la acción colectiva y cooperación proactiva de las familias, el grado de cohesión e inclusión social, y los niveles de confianza hacia las instituciones públicas. Los autores toman las definiciones y clasificaciones que proporcionan el Banco Mundial  y la cepal.

Además, se proponen despejar cómo todas las variables anteriores repercuten en las dimensiones de la violencia estructural, entendida como la situación en la que se produce un daño en la satisfacción de las necesidades básicas de la población.

Se asume que la violencia estructural es resultado de la estratificación social diseñada por la administración pública, así como la globalización indiscriminada, basada en el libre comercio.

Los autores se plantearon tres hipótesis. La hipótesis 1 sostiene que existe una influencia positiva y significativa de la acción colectiva (ac) y cooperación (capital social) sobre la confianza institucional que perciben los habitantes de las colonias más violentas de Nogales.

La hipótesis 2 plantea que existe una influencia positiva y significativa de la cohesión e inclusión social (capital social) sobre la confianza institucional que perciben los habitantes de las colonias más violentas de Nogales.

La tercera hipótesis fue formulada a raíz del siguiente planteamiento que llama mi atención: los autores sostienen que entre mayor sea la confianza institucional, mediada por la acción colectiva-cooperación y cohesión social e inclusión social, menor será la violencia estructural que perciben los ciudadanos que habitan las colonias conflictivas de Nogales. Subrayo: que perciben, no que dicha violencia disminuya objetivamente.

Esta es la tercera hipótesis: existe una influencia negativa y significativa de la confianza institucional (capital social) sobre la violencia estructural (social y económica) que perciben los habitantes de las colonias más violentas de Nogales.

Los autores informan que en octubre de 2013 aplicaron el cuestionario empleado por el Banco Mundial en 2011, una muestra de 103 cuestionarios válidos y 500 por remuestreo (boot strap)[4]. Su universo fue de personas mayores de 18 años, habitantes de las colonias mencionadas.

También dan cuenta de los indicadores de medida del modelo en cuestión. Aquí llama la atención la diferencia en el manejo de la violencia estructural, pues mientras que al inicio se definía como la situación en la que se produce un daño en la satisfacción de las necesidades básicas de la población, para efectos de medición se emplearon indicadores de violencia social, tales como tranquilidad, violencia, delitos y seguridad en la colonia.

Se hizo el análisis estadístico de la información en el que no nos detendremos, pero del que se recomienda una lectura paciente y analítica. Al final, se tiene que de las hipótesis expuestas, la número uno les indicó que los habitantes de Nogales confían en las instituciones públicas (gobiernos local y central, y policías) no así en las instituciones educativas (profesores) y de seguridad social (enfermeras y médicos).

Salta a la vista el hecho de que todas las instancias señaladas son de carácter público, por lo que debería haberse retomado la idea inicial de instituciones de gobierno. Supongo que tal resultado sorprendió a los autores tanto como a mí, al grado que al aplicar un análisis de medias aritméticas con muestras separadas les dio un resultado diferente: se confía más en los médicos, enfermeras y profesores.

La hipótesis dos fue rechazada ya que los nogalenses no mantienen la unidad social y la convivencia en la comunidad en cuanto a la toma de decisiones y el acceso a los servicios públicos básicos que deben proporcionar, ahora sí, las instituciones de gobierno.

Finalmente, la hipótesis tres fue aceptada dado que los habitantes de las colonias violentas de Nogales perciben que a mayor confianza en las instituciones públicas, menor será la influencia hacia la violencia estructural tanto social como económica.

Así formulada esta aseveración resulta un tanto confusa y diferente a como fue inicialmente planteada. Originalmente se proponía que a mayor confianza institucional de parte de la población, menor sería la violencia estructural que perciben los ciudadanos.

Los autores están en deuda con los lectores en virtud de que no dan respuesta a las preguntas que orientaron su investigación, sobre qué opinan los habitantes de Nogales acerca de la violencia e inseguridad, de qué esperan de las instituciones, en el diseño de políticas públicas sobre inseguridad y violencia, y cómo se organiza la sociedad civil para enfrentar este fenómeno.

Con todo, el tema es de enorme actualidad y preocupación y me permito dar estas cifras: la estadística de la SSP de Sonora[5] muestra que en 2016, de 39,423 incidentes delictivos registrados en el estado, 1 810 (4.6 por ciento) ocurrieron en Nogales (727 incidentes por cada 100 mil habitantes), lo que le hizo ocupar el cuarto sitio en la entidad. Pero el tercer lugar en los siguientes hechos: homicidios dolosos y/o feminicidio (48/396) con una tasa de crecimiento de 1.93, y en robo a comercio (81). El cuarto sitio en violencia intrafamiliar (256), y en extorsión (9), el quinto lugar en robos de vehículos (233), y el 9noveno en robo a casa habitación (60).

Invito al público a leer estos y los demás artículos y reseñas del número especial que, como todos los especiales, resultan de actualidad y muestran la pertinencia de los análisis sociales.

Una vez más, felicidades a El Colegio de Sonora y a quienes hicieron posible tan especial número con el cual dan realce a estos días de celebración por el 35 aniversario de su fundación.


[1] Los números especiales aparecieron los siguientes años: 1 (2007), 2(2008), 3 (2012) y 4 (2016).

[2] Simmel, Georg. Cultura femenina y otros ensayos. México. Colección Austral, 6ª edic. 1961, p.9

[3] Ibid p. 11

[4] El término bootstrap deriva de la frase to pull oneself up by one’s bootstrap. Se basa en el libro del siglo XVIII las aventuras del baron Munchausen, de Rudolph E. Raspe. El barón había caído en el fondo de un profundo lago y se le ocurrió escapar tirando de los cordones de sus propias botas. (Ver B. Efron, R. Tibshirani (1993). An Introduction to the bootstrap. O. Kirchkamp (2014). Resampling methods.

Curso 2014/15  http://halweb.uc3m.es/esp/Personal/personas/jmmarin/esp/Boots/tema1BooPres.pdf)

[5] Análisis Estadístico Municipio de Nogales Enero – Diciembre 2016, SSP. http://apps.sspsonora.gob.mx/matrizpublica/Content/analisisdelictivo/Diciembre/PRESENTACION%20Mensual%20Municipios%20DIC2016%20-%20NOGALES.pdf