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El investigador como topo

Maren Von der Borch.*

3 feb. 2017

Comentarios al libro de María del Carmen Castro Vásquez: “En letras chiquitas. Construcción de ciudadanía y el derecho a la información en salud” (COLSON, 2016).

Conozco a Carmen Vásquez desde hace más de tres décadas (hemos sido compañeras de trabajo en varias ocasiones). A lo largo de estos años, pude observar cómo se fue forjando su camino como la investigadora de altos vuelos que es hoy día. Carmen procedió exactamente como E.P. Thompson dijo que debe proceder un historiador: como topo que emerge a la superficie y –medio cegatón al principio– explora la pequeña franja alrededor del agujero que había cavado; luego, trazando círculos cada vez más grandes, va detectando porciones cada vez más amplias del terreno alrededor del agujero, hasta que finalmente puede descubrir toda el área que le interesa.

Así, Carmen empezó interesándose en las dimensiones socioculturales de la problemática en torno del cáncer cervicouterino (CaCu), extendiendo su interés al cáncer mamario (siendo estos dos los cánceres que tienen que ver con la sexualidad de las mujeres y en torno de los cuales se han ido construyendo una serie de mitos, tabúes y prohibiciones). Luego, fue trazando círculos cada vez más grandes –tanto en su trabajo empírico como en la construcción de perspectivas teóricas– centrando la mirada sucesivamente en los problemas de la detección oportuna; la salud reproductiva en general; el campo médico (en sentido de Bourdieu) y la calidad de la atención en salud; los derechos de los pacientes y las posibilidades de la participación social en los programas de prevención y atención; las implicaciones de la desigualdad de género en la atención en salud; y finalmente, el último círculo: la construcción de ciudadanía, es decir, la conversión de pacientes en exigentes (en palabras de ella misma)1 o de pacientes en agentes (en palabras de Amartya Sen).2

Hay que resaltar aquí que, al parecer, el interés de Carmen no está en señalar las grandes injusticias o errores médicos que suelen arreglarse en la Corte. No se trata aquí de promover una sociedad en donde ser exigentes se traduce en demandas constantes contra los hospitales o el personal médico. El propósito de Carmen claramente es otro: se trata de aportar elementos para que particularmente las mujeres cuyas vidas transcurren por cauces precarios, puedan participar de manera informada, crítica y responsable en las decisiones que afectan sus vidas, y en particular, que afectan sus procesos de prevención y atención en salud.

Con esto, Carmen inserta su obra en ese novedoso tema de investigación que suele aparecer bajo el rótulo de democracia cotidiana: los miles de pequeños procesos de negociación que, a diario, ocurren en los hospitales y consultorios médicos, y que por la mala distribución de los conocimientos y la asimetría en las relaciones de poder entre pacientes (especialmente mujeres en situación precaria) y personal médico, tienden a profundizar las desigualdades sociales preexistentes.

El libro En letras chiquitas… cuya aparición celebramos hoy, es la culminación de esta paciente labor de Carmen realizada a través de años. El punto de partida es la idea de que los derechos de las mujeres están claramente definidos y reglamentados, pero por una serie de causas complejas, el ejercicio efectivo de estos derechos por parte de estas mujeres está totalmente rezagado. La norma oficial mexicana NOM-014 (que se ocupa de la “prevención, detección, diagnóstico, tratamiento, control y vigilancia epidemiológica del cáncer cervicouterino” [:58]), por ejemplo, estipula que las mujeres tienen derecho a conocer la prueba del PAP, recibir información sobre los tipos de cáncer y sus factores de riesgo, así como conocer los resultados (:58). Pero –como se puede ver en los testimonios de las mujeres aquí reunidos– rara vez se ejerce este derecho de manera efectiva.

El material primario de este libro lo constituyen las entrevistas extensamente citadas (lo que es uno de los mayores aciertos de la autora), obtenidas a través de 14 grupos focales (GF) que se conformaron según el criterio de si las mujeres estaban organizadas o no organizadas, por ejemplo, como beneficiarias del Programa Oportunidades (hoy Prospera); como grupo comunitario de base dedicado a la gestión de servicios; o como organización feminista o de lucha por los derechos sexuales y reproductivos. El planteamiento fue “saber si la participación de las mujeres en grupos organizados aportaba a su apropiación de derechos y a sus prácticas en la atención de su salud, así como a un ejercicio de derechos…” (56).

El segundo criterio era la edad: algunos de los GF convocaron a las más jóvenes (de entre 25 y 35 años de edad) y otros a las mayores (de entre 36 a 45 años). Todas eran usuarias de los servicios públicos en salud, y todas radicaban en la periferia de Hermosillo o en Estación Pesqueira (un poblado formado por jornaleros migrantes en su mayoría, en torno de las necesidades de mano de obra de un campo agrícola dedicado a la uva de mesa); y todas “se habían sometido a la prueba del PAP cuando menos una vez en los últimos tres años, al momento de formar el GF. Todas estaban al cuidado de la salud de hijos pequeños o adolescentes y jóvenes, y acudían más o menos de manera regular a los programas de detección oportuna del cáncer” (:57).

En total fueron 107 mujeres que participaron en los diferentes grupos focales –de ahí la gran riqueza de experiencias, subjetividades, prácticas y estrategias vertidas en este libro–. Pero la autora no se conformó con este material. Consciente del principio de que “la narrativa del GF [...] se construye frente al ‘otro ‘ , y sus participantes en lo general se suman al discurso construido entre todas [...] aunque se guarden las particularidades individuales” (:55), quería confrontar ese material con información “desde dentro” (:55).

Con esta idea en mente, ella y su equipo de colaboradoras realizaron 12 entrevistas en profundidad (individuales), cada una de las cuales giró en torno a más de cien preguntas. La perspectiva teórica (o marco teórico) de la investigación se construyó a partir de una impresionante (por su amplitud y profundidad) labor de revisión de conceptos, teorías y paradigmas arribando finalmente a la decisión de privilegiar dos abordajes complementarios entre sí:

1. La perspectiva basada en conceptos como ciudadanía, derechos (especialmente el derecho a la información), empoderamiento, agencia, participación social o comunitaria, todos ellos vistos desde el mirador de la desigualdad social y la desigualdad de género; y

2. La teoría de la práctica de Pierre Bourdieu, que parte de conceptos como hábitus (en especial el hábitus lingüístico), campo (campo médico, en este caso), dominación y violencia simbólica. El concepto central para la autora es el de hábitus, definido por ella como condición que no es natural sino que ha sido socialmente construida, y que se “refiere a las capacidades de todas las personas para manejarse en la sociedad; representa el cúmulo de aprendizajes internalizados desde que se viven en sociedad; y es el esquema que da estructura a las prácticas y percepciones” (:145).

La problemática general en torno de la cual gira este libro es (como ya se dijo arriba) el desfase aparente entre los derechos a la salud (y en especial el derecho a la información) plasmados en la normatividad mexicana, por un lado, y las prácticas y estrategias en el ejercicio de estos derechos, por el otro.

Con el título que puso a su libro (En letras chiquitas…) Carmen se revela como buena lectora de literatura policiaca: desde el principio nos deja en suspenso sobre el significado de este título. Obviamente, no voy a revelar aquí el misterio: no quiero estropearles el placer que seguramente experimentarán al acercarse a una lectura cuidadosa de este texto tan esclarecedor.

iPues, felicidades, Carmen! iEnhorabuena!

1María del Carmen Castro Vásquez. 2008. De pacientes a exigentes. Un estudio sociológico sobre la calidad de la atención, derechos y ciudadanía en salud. El Colegio de Sonora.

2Amartya K. Sen. 2000. Desarrollo y libertad. Barcelona: Planeta.

*marenv@sociales.uson.mx