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La imagen fue capturada por Ramiro Antonio López.

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El nuevo superpeso

Alvaro Bracamonte Sierra.*

¡Dólares a menos de 18 pesos! Si alguien hubiera insinuado esa posibilidad a finales de enero, seguramente lo habrían tildado de loco. Pero no, el viernes pasado la divisa norteamericana se cotizaba a poco menos de 18 pesos a la compra y unas decenas de centavos más a la venta. ¿Se debe esta repentina apreciación a que el dólar se ha debilitado o a que se ha fortalecido la moneda nacional?

Vale la pregunta porque no hace mucho las autoridades monetarias explicaban que la depreciación no radicaba en la fragilidad macroeconómica sino en el vigor del dólar. La prueba incontestable de esa hipótesis era que todas las monedas mostraban la misma tendencia. No está claro que el escenario internacional haya cambiado tanto como para pensar en un debilitamiento del dólar a nivel global; recordemos que hace unas cuantas semanas la paridad rondaba los 22 pesos y las perspectivas apuntaban a que empeoraría. ¿Qué ocurrió para que ese preocupante comportamiento haya trocado radicalmente? Algunos factores ayudan a entender ese cambio: en primer lugar está la atinada estrategia del Banco de México de concebir un mecanismo que redujera la incertidumbre entre los empresarios que tenían compromisos en dólares: subastar coberturas en esa moneda. Esto despresurizó la demanda por parte de quienes temían mayores deslizamientos. Tan exitosa fue la medida, que las subastas que se irían escalonando conforme el mercado lo exigiera no se han repetido hasta ahora, solo se han subastado coberturas en una ocasión y no hay fecha establecida para repetir el ejercicio.

En segundo lugar están las declaraciones del secretario de Comercio del gabinete de Trump, Wilbur Ross, quien para más señas encabezará el equipo de negociadores del TLC por parte de Estados Unidos. Una de sus primeras declaraciones fue que México se beneficiaría de la revisión del tratado y ello permitiría la recuperación del peso; tan bien fueron recibidos sus dichos, que el peso registró casi inmediatamente una apreciación importante. En los hechos el secretario Ross dejó entrever que el acuerdo comercial no desaparecería y que la revisión constituiría un espacio para perfilar una suprarregión manufacturera que sirva de contención ante los afanes expansionistas del gigante asiático (China). Este posicionamiento contrasta con el del propio presidente Trump que insiste, aunque ahora con menos estridencia, en denostar el NAFTA por considerar que resultó muy mal negocio para Estados Unidos.

En el mismo sentido se inscriben las opiniones de dos personajes muy influyentes del establishment estadounidense. En primer lugar está la del ex secretario de Estado durante la administración de George Bush Jr., Colin Powell, quien señaló que México no debe, por ningún motivo, dejarse pisotear por los alardes desquiciados de Donald Trump. Esta recomendación, viniendo de quien viene, es un reflejo de las profundas grietas provocadas en el Partido Republicano por las políticas anunciadas del magnate inmobiliario. En efecto, las divisiones se han recrudecido en poco tiempo; fueron los propios republicanos, especialmente el ala más conservadora en la Cámara de Representantes, los causantes de la derrota de la reforma sanitaria que Trump propuso en sustitución del llamado Obamacare. Con ese telón de fondo no es difícil adelantar que la agenda de Trump habrá de dar un vuelco radical.

Otra postura firme y clara es la del influyente economista, premio Nobel de Economía, Paul Krugman. En una conferencia dictada en Monterrey apenas la semana pasada, señaló que es más probable que el presidente Donald Trump provoque la tercera guerra mundial a que revierta el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Los anteriores son ingredientes que explican la sorpresiva recuperación del peso; a ellos agregaría un factor de carácter regional: los estados fronterizos, Texas, Nuevo México, Arizona y California suman en conjunto casi 80 millones de habitantes y en mucho dependen del comercio con México y han pugnado por un acuerdo comercial que profundice las relaciones y no que las disuelva. Estos acontecimientos ayudan a entender el “superpeso” de la actual coyuntura.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.