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La calidad del alumbrado dependerá de la regulación

Nicolás Pineda.*

El 27 de febrero pasado el Cabildo de Hermosillo aprobó la concesión, por quince años, del servicio de alumbrado público a un consorcio privado. Existen muchos prejuicios en torno a la figura de la concesión.

Los gobiernos, especialmente el municipal, tienen a su cargo la prestación de muchos servicios públicos. Estos servicios pueden ser prestados de manera directa a través de una dependencia, de manera descentralizada por medio de un organismo paramunicipal o en asociación con una empresa privada por medio de una concesión.

En un contrato de concesión, el gobierno sigue siendo el responsable de la calidad del servicio, pero encarga su operación a una empresa privada. En este caso el gobierno, como regulador, tiene que vigilar y asegurarse de que se cumpla el contrato y el servicio se preste con la calidad requerida.

Experiencia previa en concesiones

Existe mucha experiencia en materia de concesiones y regulación de servicios públicos. Por ejemplo, en Sonora el servicio de transporte público está concesionado. En este caso, la regulación o control que el gobierno del estado tiene con respecto a los concesionarios ha dejado mucho que desear. Los concesionarios controlan la calidad (deficiente) del servicio y el gobierno (o Dirección del Transporte y Femot) no han sido capaces de controlar y vigilar a los concesionarios de manera que presten un buen servicio. Los usuarios del transporte público han sido los perdedores. Los ganadores, los concesionarios.

Otro ejemplo de concesión es la planta tratadora de residuos sólidos de Hermosillo. Esta concesión fue otorgada por el gobierno municipal en 1996 a la empresa Tec Med para operar el relleno sanitario de la basura ubicado a 18 kilómetros al norte de la ciudad. Cuando hicimos un estudio sobre este tema en 2006 resultó que la operación era buena y que Hermosillo tenía el mejor tratamiento de basura en el estado. Ignoro si la concesión ya fue renovada y quiero suponer que la experiencia ha sido buena hasta la fecha.

En el caso del agua potable, a nivel nacional hay varios ejemplos de concesión a empresas privadas. Aguascalientes y Cancún tienen este servicio concesionado desde 1994 y la experiencia debe de haber sido favorable porque las concesiones han perdurado. En Sonora, se concesionó el servicio de agua en Navojoa en 1996, pero se tuvo que cancelar diez años después porque, hasta donde supe, la empresa no estaba cumpliendo con el plan de inversiones.

En el caso del alumbrado público

La concesión del alumbrado público brinda la oportunidad para que el servicio sea manejado por personal profesional (y no por recomendados de la campaña) y planeado a mayor largo plazo (y no solo por tres años). Por ello, la concesión deber de resultar en una mejora notoria del servicio.

Pero la empresa siempre va a tratar de reducir sus costos para hacer más rentable su operación. Por ello, el requisito indispensable para que la concesión funcione en beneficio de la ciudadanía es que el gobierno municipal sea capaz de vigilar y controlar la calidad del servicio que presta la empresa, así como poder sancionarla e incluso cancelar la concesión en caso de que no cumpla los parámetros de calidad.

La concesión de servicios públicos no es ni buena ni mala por sí misma; su éxito depende de que los gobiernos municipales sepan ejercer su papel de reguladores y de que se establezca una buena relación y equilibrio (ganar-ganar) con la empresa privada en beneficio de la ciudadanía.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.