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FOTO DE LA SEMANA: “Entre las rocas”

La imagen fue capturada por Iván Torres.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Inadmisible

Alvaro Bracamonte Sierra.*

Tiene razón la Gobernadora al reprobar el desaseado operativo que se llevó a cabo en la carretera a Kino: “Son imágenes inadmisibles en mi estado”, dijo. Al respecto, vale la pena señalar que ningún motivo, así fuera el más contundente, justifica el desmedido uso de la fuerza como el que tuvo lugar el viernes pasado. Todo indica que quienes ordenaron el desalojo pensaron más en el Estado de Derecho y menos en los derechos que tienen los ciudadanos de protestar por lo que consideran injusto. Es un tema en el que por ahora no hay mayores elementos que permitan profundizar en el tipo de compromisos que orillaron a la autoridad a dar la orden de liberar la carretera al costo que fuera.

Lo que preocupa es la errática lectura que se ha hecho del malestar social existente en todo el país y en Sonora, molestia que se evidencia pese a las buenas calificaciones obtenidas por la Gobernadora en las evaluaciones de las 32 entidades de la República. Así figura, por ejemplo, en la publicada recientemente por el portal SDPnoticias, ese posicionamiento pudiera diluirse si crece el número de sonorenses ofendidos por las autoridades municipales y federales. A juzgar por las reacciones registradas luego del fallido operativo de la Costa de Hermosillo, queda claro que la tolerancia ciudadana es pequeña y pudiera afectar la aceptación que registra CPA en este momento.

El malestar social tiene responsables. Podemos hacer referencia a dos que tensaron el ambiente local: 1. El gasolinazo. Desde que entró en vigor esa triste medida, la inconformidad surgió con una fuerza que pocos previeron. Las multitudinarias marchas se convirtieron en manifestaciones contra las autoridades estatales y municipales que poca responsabilidad tenían en esa impopular decisión. Como es conocido, el movimiento colapsó prematuramente debido a la división al interior del grupo que lo lideraba. El desafortunado desenlace no significó la desaparición de la indignación: aunque el coraje sigue ahí, ya no representa una causa suficientemente sentida para tomar de nuevo las calles. De cualquier forma, la revuelta cívica dejó una huella indeleble: el despertar del hermosillense promedio, normalmente apático, a la manifestación callejera.

2. La privatización del alumbrado público. El Cabildo de Hermosillo aprobó, en una polémica reunión, la concesión del servicio por quince años a una empresa privada. La medida no ha sido bien recibida por una parte importante de la población, por más que el alcalde trató de explicar y justificarla. Los argumentos ventilados por las autoridades revelaban la incapacidad, real o autoinfligida, para dar cuenta en forma eficiente de tan importante servicio. Nunca pudieron aclarar las razones verdaderas de su abandono, cuestión que por lo menos daba pie a la sospecha, pues daba la impresión de que se orquestó sólo para justificar una concesión al parecer previamente comprometida.

Ese tipo de lances han sido utilizados en otras ocasiones: por ejemplo, semanas antes de que el Gobierno padresista anunciara la construcción del Acueducto Independencia, se redujo al extremo el suministro de agua a la red de distribución de Hermosillo. El repentino desabasto causó profunda consternación y preparó el ambiente para el anuncio de la conflictiva obra. Con ese telón de fondo el anuncio y aprobación de la privatización del alumbrado acentuó la crispación social que ya se había hecho presente con las protestas desatadas por el gasolinazo. Aunque lo peor del gasolinazo y la privatización del alumbrado han pasado, eso no quiere decir que la inconformidad esté resuelta ni mucho menos; sigue ahí y uno supondría que volverá a expresarse a la menor oportunidad. Por ello, una faena tildada de impropia, como fue el desalojo de los suburbanos de la Costa de Hermosillo, puede provocar el rebrote de la protesta en los términos vividos a principio de año. Las condiciones pueden cristalizar en un parpadeo, como se advierte al revisar las redes sociales y observar la indignación ahí expresada.

En un año tan complejo como es este que surcamos, que sencillamente es el preámbulo de la “guerra electoral” de 2018, es mejor no atizarle al horno. Quizás ello explique la reprobación inmediata que hizo la Gobernadora de la errática incursión de las fuerzas del orden el viernes pasado.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.