» Novedades Editoriales

  • sierra-659 La sierra y el viento »
  • espacios-659 Espacios del desarrollo y las desigualdades en Sonora »
  • letraschiquitas-659 En letras chiquitas. Construcción de la ciudadanía y derecho a la información en salud. »
tiempos-662

Como dijo el dicho

Zulema Trejo Contreras.*

El paso del tiempo es a la vez el mejor amigo y el peor enemigo de las tradiciones, porque por una parte contribuye a fortalecerlas, en tanto que por otra las desaparece de la memoria colectiva; de ambas cuestiones hay multitud de ejemplos, aunque el caso que me interesa destacar esta vez es el de los refranes, o dichos como también se le conoce a las frases cortas que en lenguaje coloquial nos previenen ante una situación o la explican de forma breve, divertida e incluso picaresca. Los refranes forman parte de la cultura mexicana, de tal forma que solemos dar por hecha su permanencia entre nosotros; sin embargo, cuando uno pone atención a la forma de expresarse de las generaciones más jóvenes, se hace evidente que el uso de los refranes, tan natural para muchos de nosotros, ha ido desapareciendo.

Refranes que eran de uso habitual entre adultos y jóvenes en décadas pasadas como: “perro que ladra, no muerde”, “el que por su propio gusto muere, hasta la muerte le sabe”, “a caballo regalado, no se le ve el colmillo”, “el que no corre, vuela”, actualmente están prácticamente en desuso. Es raro escucharlos en una conversación, incluso a mí, en lo particular, me resulta extraño y triste tener que explicarle a los jóvenes qué significan algunas de estas frases que antes eran de uso común. Actualmente los jóvenes han preferido adoptar un vocabulario que acude más a cierta terminología considerada grosera e irrespetuosa, que al uso de toda la gama que nuestro lengua posee para expresar todo tipo de situaciones con soltura, picardía y creatividad. En esta gama se incluyen los refranes, los albures, el doble sentido de las palabras y las frases, los colmos, la fina ironía que golpea sin ofender.

En las décadas de los setenta y ochenta se promovía tanto en las escuelas como en los medios de comunicación el uso de refranes y colmos –el colmo de… es…-.

En la primaria, los libros de español dedicaban una sección a explicar qué eran los refranes, cómo se usaban e incluso cómo debían usarse en la redacción de un texto. En la televisión y la radio se promovía su utilización, el ejemplo más recordado quizá sea el del Chapulín Colorado que en cada uno de sus diálogos incluía, invariablemente, el uso de un refrán mal dicho que inmediatamente le era corregido por sus interlocutores. Probablemente el contexto de promoción de los valores nacionales en aquellas décadas catalizó el uso de refranes y otras expresiones consideradas netamente mexicanas; hay que recordar que en 1972 se celebró con bombos y platillos el centenario de la muerte de Benito Juárez, y en la década siguiente asistimos a la “peregrinación” de los símbolos patrios a lo largo y ancho de la república.

Sin duda hay tradiciones mexicanas que merecen ser conservadas, preservadas del olvido, una de ellas es el uso de los refranes, que expresan la creatividad, la sutileza, la capacidad de nuestro lenguaje para decir poco y expresar mucho con la actitud divertidamente reflexiva de la sabiduría popular.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.