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Poder tradicional en México

Nicolás Pineda*

El problema de la corrupción en México es un problema de desarrollo político. Nuestra manera de concebir y de ejercer el poder en México no es moderna, sino todavía bastante trandicional. La corrupción es, a fin de cuentas, una manera anticuada y tradicional de acceder a y de ejercer los cargos públicos de gobierno. En la medida en que se modernice nuestra manera de pensar sobre el poder y el gobierno, en esa misma medida se superará la corrupción, mejorará la economía y mejorará nuestro nivel de vida.

Poder tradicional y poder moderno

México es todavía una sociedad con muchos rasgos de poder tradicional. La principal característica del poder tradicional es el manejo del poder como asunto privado del gobernante. Esto se aprecia principalmente en la manera como se recluta y promueve al personal y en la manera como se tiende a ejercer el gasto público. En las dos actividades no se actúa de manera moderna sino que se opera de manera tradicional.

El manejo del personal en la administración pública no es de acuerdo a los cánones de la administración moderna, sino de acuerdo a los intereses políticos en boga. ¿Por qué no hay convocatorias para puestos públicos vacantes en la administración pública? ¿Por qué no hay concursos para ocupar plazas? ¿Por qué no hay comisiones encargadas de la selección y reclutamiento? ¿Por qué se despide personal por el solo hecho de que concluye el periodo de gobierno? ¿Por qué no se ratifica a los buenos empleados y se despide a los grillos e incompetentes? Estamos acostumbrados a que la manera como se llega a los puestos de la administración pública no es por méritos profesionales, sino por lealtades personales, participación en campañas y por palancas y recomendaciones familiares. No hay nada más tradicional que esta manera de ocupar los cargos. Cuando México tenga una burocracia en la que haya competencia técnica y profesionalización de los cargos, otro gallo nos va a cantar y seremos un país desarrollado. Por lo pronto, no tenemos una administración pública que esté organizada en torno a las competencias y méritos profesionales.

Si entendemos lo anterior, resulta fácil también entender cómo se maneja el gasto público de manera tradicional. A pesar de todos los avances y los formatos de procedimientos modernos de planeación, de técnicas de presupuesto por porgramas y de indicadores de desempeño, persisten las prácticas del desvío de fondos para campañas, la falsificación de facturas, la manipulación de precios, la colusión y la mochada.

Para que tengamos desarrollo político, y para que tengamos un gobierno menos tradicional y más moderno, se requiere modernizar el manejo del personal y del presupuesto en la administración pública. No dudo que haya sectores modernizados, pero en las partes críticas y estratégicas de nuestros gobiernos podemos ver que los tesoreros no se escogen por competencias profesionales, sino por lealtades y por sus habilidades para el desvío, la ocultación y la simulación. Algo similar ocurre con las áreas de compras y la asignación de obras; ahí no brilla la luz de la transparencia sino la comodidad de lo oscurito. Así estamos acostumbrados.

Continuismo en la Unison

Cambiando de tema, al menos en parte, es decepcionante el resultado del proceso de elección de rector. No tanto porque el perfil del nuevo rector sea impropio, sino porque ratifica la continuidad del grupo, de los intereses y de los vicios. No se atendió ni a las encuestas ni al clamor de cambio de la comunidad. Lamentablemente la consecuencia va a ser falta de liderazgo, frialdad en las relaciones internas, simulación académica y más huelgas. Mismos insumos, mismos resultados. Ojalá y me equivoque. Felicidades al grupo.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.