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Toluca y la defenestración de los aliados

Alvaro Bracamonte Sierra.*

Javier Duarte fue localizado en un resort de lujo en Guatemala. El ex mandatario de Veracruz, junto con otros gobernadores, formaba parte de la nueva generación de políticos priistas; de esto se jactaba el presidente Peña Nieto quien así consignaba la renovación del viejo partido. El tiempo ha puesto en su lugar la verdadera dimensión de esos jóvenes mandatarios: salieron peores que sus predecesores. El campeón del desaseo fue, por mucho, el de Veracruz, que renunció meses antes de concluir su mandato para enfrentar las denuncias que tenía en su contra. Sin embargo, como se sabe, dimitió para escapar y todo hace suponer que lo hizo con la negligencia de las autoridades.

El Sábado de Gloria nos acostamos con la noticia de que había sido detenido. Su aprehensión ha dado pie a la pregunta de ¿Por qué ahora y no antes? La explicación quizá se halle en la precaria situación electoral que registra el PRI en las cuatro entidades que acudirán a las urnas en junio próximo: Veracruz, Nayarit, Coahuila y Estado de México. En las tres últimas se elegirá Gobernador. Si hacemos caso a las cada vez menos creíbles encuestas, el PRI puede perder en todas. En Nayarit definitivamente no tiene muchas posibilidades de salir airoso. El escándalo del fiscal Veytia dio al traste con las aspiraciones del abanderado priista. De hecho, los sondeos recientes insinúan escenarios imposibles para este partido hasta hace unos meses: luchando por el tercero o cuarto lugar en la contienda.

En Coahuila, las diferencias entre los hermanos Moreira y el hartazgo de los coahuilenses hacia el oficialismo han dado una oportunidad a la alternancia. Los momios sugieren un empate técnico entre el candidato panista y el priísta; debajo de ellos se ubica el postulado por Morena quien sorprendentemente registra un sorpresivo avance, lo cual no deja de llamar la atención tratándose de un territorio poco afín a las posiciones progresistas o de izquierda.

La joya de la corona es la elección del Estado de México. Es la entidad con el mayor número de electores y, por si fuera poco, es la cuna del peñismo. Para los priistas, perder no es opción, puesto que significaría una especie de rendición anticipada de las presidenciales de 2018; no se pueden dar ese lujo. Por ello, no solo están echando toda la carne al asador sino, como coloquialmente se dice, están echando hasta el mismísimo asador con tal de impedir una eventual derrota; el triunfo refrescaría sus alicaídas posibilidades de victoria el próximo año.

En medio de la emergencia los dirigentes tricolores han perdido el pudor y hasta un poco la cordura; parece no importarles operar en el límite de la legalidad. He ahí las giras de casi todo el gabinete federal previas a la veda que estable el código electoral. Incluso la primera dama, que pocas veces se le ve en actos oficiales y menos cumpliendo compromisos relativos a su investidura, ahora realiza comedidamente actividades en zonas mexiquenses económicamente atrasadas. Qué bueno que así sea, pero qué malo para los habitantes de ese estado que tuvieron que esperar cinco años para una visita de la presidenta del DIF nacional.

París bien vale una misa, reza el viejo refrán; se usa para indicar la aceptación de sacrificios extremos con tal de ensanchar o mantener el poder político. Entre ellos, la claudicación religiosa o la defenestración de antiguos correligionarios de partido. Tropicalizando el proverbio al caso mexiquense, se diría de la siguiente manera: “Toluca bien merece una misa y/o la expiación de los amigos políticos”. Solo así se entiende que por fin se haya capturado, con fines de extradición, al tristemente célebre ex gobernador de Veracruz, antiguo compañero de EPN. El precio por Toluca parece alto, pero los peñistas —todo hace indicar— están dispuestos a pagarlo con tal de seguir vivos en la pelea por el 2018. ¿Les alcanzará? En poco más de 45 días sabremos.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora