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FOTO DE LA SEMANA: “Under construction”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Concurso “Saberes del monte”

La grave amenaza que representan los procesos económicos globales y, particularmente, las actuales reformas legislativas llamadas “estructurales” en relación al patrimonio biocultural de los pueblos indígenas, es el tema que se aborda, a modo de análisis contextual, en el documento Patrimonio biocultural y pueblos indígenas. El Concurso Saberes del Monte en la región Guarijío de Sonora y el Río Mayo, al exponer el caso paradigmático de los guarijíos de Sonora, quienes están en riesgo de ser afectados e incluso desplazados por una presa que comenzó a construirse en abril de 2014.

En él se hace un breve recuento histórico y un análisis sobre las relaciones de la cultura guarijío con su territorio para plantear el impacto potencial del proyecto de presa Los Pilares/Bicentenario y, se exponen, a modo de conclusiones, las perspectivas que tiene este pueblo en cuanto a la defensa de sus derechos territoriales.

En abril de 2016, como parte del proyecto “Defensa de los derechos territoriales del pueblo guarijío de Sonora…” con financiamiento de The Christensen Fund y otros recursos concurrentes-  desde El Colegio de Sonora, Foro para el Desarrollo Sustentable A.C. y Red Kabueruma, con el apoyo de la tribu Guarijío y otras instancias y colaboradores independientes, se creó el Concurso Saberes del Monte. In memoriam José Ruelas Ciriaco y Howard Scott Gentry.

Con éste se pretende consolidar una tarea de concientización, difusión y manejo sostenible de los recursos botánicos que existen en la región guarijía de Sonora a través de diversas actividades, como las carpetas botánicas, donde cada participante elige una planta del río Mayo para dibujarla, disecarla, escribir sobre ella y especialmente investigarla, con la ayuda de otras personas de la comunidad.

El “diálogo de saberes” se realiza desde la perspectiva de la epidemiología sociocultural, por parte de Jesús Armando Haro, Ramón Martínez Coria, Lourdes Betina Minjarez Sosa, Victor Eduardo Téllez, Rosa María Contreras y Luis Ramiro Casas; la cual conlleva un enfoque interdisciplinario y de triangulación metodológica, pero, especialmente, porque incorpora una perspectiva dialógica, no solamente interdisciplinaria, no ligada exclusivamente a los expertos, sino con el concurso de gente de las comunidades.

Por ejemplo, el caso del encino cacachila que, como los demás Quercus que hay en México y en Sonora, se encuentra amenazado. Si la Sierra Madre, nuestra sierra, continúa siendo erosionada por el abuso y la codicia, bien puede perderse, al igual que una multitud de especies animales, entomológicas, micófilas y vegetales. La pérdida de la diversidad en los bosques de encinos tiene muchas causas: tala maderera y para carbón, uso doméstico e industrial, deforestación minera y de megaproyectos.

En el cuento ¡Aquí te vas a quedar…! de Gerardo Cornejo, que se incluye en su libro El Solar de los silencios, el encino juega un papel protagónico. En “Saberes del monte” pretenden los responsables de este concurso, utilizar el diálogo de saberes como una herramienta para promover y defender el patrimonio biocultural .

 A continuación se transcriben unos párrafos del cuento, que ilustra la relación estrecha de los habitantes de su territorio con el entorno:

“¡Aquí te vas a quedar…! Le estaba diciendo Aniceto Madrigal al viejo Terencio mientras lo ataba, con rudeza innecesaria, al encino nudoso del fondo de la cañada. Era en la tarde; ya muy tarde, por eso las masas brumosas proyectadas por las montañas inmediatas se estaban cerrando sobre el mineral. Como las chozas  pendían de las laderas, el chiflón helado que se encauzaba en la hondonada las dejaba de lado. Pero el estrecho callejón del fondo, donde estaban el pozo y el encino, quedaba siempre indefenso ante el gélido aliento de los eneros.

¡¡Aquí onde todos te vean, pa’que no te queden ganas de andar asando carne ajena y vendiendo sotol a los mineros; y pa’que aprendas a respetar a los que mandan desde lejos!!

El viejo no presentó resistencia para no remover la renombrada alevosía de Aniceto. Le conocía bien su instinto de jefe de La Acordada y no había olvidado aquellas oleadas de estupor que se desparramaban por la sierra cada vez que, en abuso de una autoridad imprecisa, cometía un nuevo crimen, la cercana cabecera de municipio nada podría contra aquellas facultades inciertas ‘acordadas’ en la lejana capital del estado. Allá se urdía la maraña de intereses que fluían al gobernador; que financiaban los ganaderos; que azuzaban los políticos; que habían decidido que comerse una de las incontables reses de sus interminables potreros era el más grande de los crímenes mayores; que, con este pretexto, daban rienda suelta a los padres sin coto que se atribuía gustoso el famoso ‘Sangre Turbia.

Entre los toscos troncos de las cabañas, se alineaban todos los ojos del mineral y se escurrían todas las miradas para ir a clavarse como alfileres en lo que estaba pasando abajo. Pero nadie movía una pestaña en favor del condenado, porque sabían que aquel terror autorizado no permitía apelación alguna cuando aplicaba la ley. Y Terencio, atrincherado tras un silencio porfiado, no movía una pestaña tampoco.

Aquí te vas a quedar quietecito pa’que vayas pensando en lo que vas a decir al diablo. Y si no te ha llevado pa’mañana, yo pasaré por ti nomás que haiga colgado a los vinateros que le surten el sorronchi y que lo ayudaron a pelar la vaca. Ni necesito que me digas ónde están, antes de llegar aquí chicotié al viejito de los burros del correo. Al segundo jalón de la cuerda, soltó el pico. ¡Sí, la cuerda, Terencio!; la de cuero crudo que tráimos y que nos sirve lo mismo pa’marrar, que pa’latigar, que pa’colgar. ¡Por eso semos de La Acordada!´”