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Bienvenido el calor

Zulema Trejo Contreras*

Las altas temperaturas del verano sonorense están de vuelta. Si bien los sonorenses estamos acostumbrados a los más de cuarenta grados que suelen alcanzarse en los meses veraniegos, no somos inmunes a sus efectos, aunque solemos creerlo y descuidamos beber agua en cantidad suficiente para evitar la deshidratación, no usamos sombreros ni sombrillas cuando caminamos por las calles hermosillenses. Afortunadamente, estas conductas imprudentes han ido disminuyendo en los últimos años y ya es más común que extraño ver a las personas resguardadas bajo sombreros, sombrillas, gorras y con una botella de agua en la mano; aun así, y pese a ventiladores, aires acondicionados o coolers, la ciudad del sol no está preparada para las altas temperaturas de sus veranos.

En un lugar donde el termómetro rara vez baja de los cuarenta grados en los meses de junio, julio y agosto, en las paradas de autobuses la sombra brilla por su ausencia, el transporte público apenas está modernizándose y ya recorren las calles autobuses con aire acondicionado —desafortunadamente son las menos—, la mayor parte de los camiones que circulan por la ciudad no solamente no tienen aire acondicionado, a lo cual vale decir, estamos acostumbrados. Lo malo es que en ocasiones las ventanas no pueden abrirse, la gente que va en el autobús casi siempre, por no decir siempre, rebasa la capacidad del mismo y el ambiente que se crea es propicio para el desvanecimiento casi de cualquiera, incluso de los residentes de la ciudad del sol.

Si volteamos la vista hacia las colonias marginales la situación realmente empeora a niveles muy altos debido a la falta de servicios elementales como el agua y drenaje y, sobre todo, los materiales de construcción de sus casas que suelen ser de láminas de cartón las cuales absorben el calor, volviendo las precarias viviendas en lugares donde el calor se acumula y donde sus habitantes tienen pocas oportunidades de paliarlo. Por otra parte, los altos costos de la electricidad, a pesar del subsidio de verano, no alientan a tener encendidos los aparatos que mantienen el calor fuera de nuestras casas, y es que en lugares donde la temperatura no desciende lo suficiente para prescindir de ellos es necesarios su uso continuo lo cual no abarata costos pese al subsidio.

Si el calor ha existido desde siempre en Hermosillo ¿cómo vivían los hermosillenses en tiempos pasados? Bueno, en la ciudad había menos pavimento, más árboles, el río Sonora aún corría a un costado de la ciudad, los horarios de trabajo estaban adecuados a las temperaturas veraniegas: inicio de labores alrededor de las seis de la maña, final de la jornada a las once. Casas de adobe con techos altos y ventanas grandes. Así vivían los veranos los hermosillenses del siglo XIX.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.