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Comala en Sonora

Alvaro Bracamonte Sierra*

Esta semana Juan Rulfo cumpliría 100 años. Las efemérides han destacado que al novelista le bastaron solo dos obras para convertirse en el escritor mexicano más leído en la historia de las letras nacionales: Pedro Páramo y El Llano en Llamas. Cuenta la leyenda que un cercano amigo de Gabriel García Márquez, el también colombiano Álvaro Mutis, le regaló al Gabo un pequeña libro, a la sazón la novela Pedro Páramo, y le espetó “ahí tienes, para que aprendas a escribir”; no sólo la leyó una vez sino muchas más: cuatro o cinco veces. Seguramente esa lectura permitió al laureado con el Nobel afianzar el estilo narrativo que lo inmortalizó: el realismo mágico. Especialmente su seductora forma de escribir quedó plasmada en la que muchos consideran la máxima novela de la literatura en castellano: Cien años de soledad.

La verdad es que Pedro Páramo sí necesita más de una lectura para comprender el universo surrealista que Rulfo recrea en el semiabandonado pueblo de Comala. La semana pasada me di tiempo para volver a leerla, disfruté nuevamente la descripción de los sinuosos rincones de Comala y de los acontecimientos increíbles que ocurren en ese ahora famoso poblado. La novela ambienta la transición demográfica que implicó el desplazamiento de lugareños asentados en el México rural hacia las ciudades registrado durante el proceso de industrialización nacional.

En Sonora esa transición es fácil ubicarla a partir de la segunda mitad del siglo XX. La historia regional señala que antes de los cincuenta los sonorenses se concentraban en pequeñas localidades ubicadas a lo largo de la sierra y los ríos de la entidad, principalmente el Río Sonora y el Yaqui. La economía reflejaba esa concentración demográfica: la minería y la ganadería explicaban el funcionamiento económico de la entidad.

Con el tiempo, la agricultura de los valles adquirió relevancia, al mismo tiempo que la industria extractiva y la actividad pecuaria perdían el empuje de décadas anteriores. Los pueblos y ciudades que dependían de esas actividades pronto empezaron a despoblarse convirtiéndose muchos de ellos en pueblos fantasma o, en el mejor de los casos, en localidades cuyo crecimiento se detuvo abruptamente. Son los Comalas sonorenses: lugares con rica historia dado que son asentamientos fundados en las décadas iniciales de la colonización española, son caseríos que dan cuenta de miles de anécdotas que pueden ser tan sobrecogedoras que en nada desentonan con las que Rulfo expone en su magistral obra.

Hace unos días visité una de esas comunidades: Guadalupe de Ures. No es el típico pueblo abandonado como suelen ser la mayoría de las localidades sierreñas de Sonora; me atrevo incluso a pensar que está creciendo, a juzgar por los numerosos pies de casa o bien por las diversas residencias cuasi monumentales que se han construido y se siguen construyendo en ese pueblo. Pese a las diferencias, es también pródigo en fábulas y leyendas similares a las de Comala donde, como se sabe, se desarrollan las deslumbrantes incidencias de Pedro Páramo. En otra ocasión me referiré a algunas ficciones y leyendas que cuentan los pobladores de Guadalupe.

PARTICIPACIÓN CIUDADANA

El involucramiento ciudadano en la agenda pública ha caído en el completo descrédito. El desconcertante desenlace del nombramiento del fiscal anticorrupción, del de delitos electorales y del responsable del ISAF, significaron una raya más en la alicaída imagen de los comités ciudadanos. Ese telón de fondo inhibe las buenas intenciones de la gente que quiere contribuir desinteresadamente en la ilimitada tarea de transparentar el ejercicio de Gobierno. Recibí una invitación para concursar en el proceso de conformación de la Comisión de Selección, que a su vez integrará el Comité de Participación Ciudadana contemplado en el Sistema Estatal Anticorrupción recientemente aprobado. Acepté, consciente de la mala fama que dichos espacios tienen actualmente, pero también convencido de que estar ahí representa una inmejorable oportunidad para promover que la agenda pública lo sea realmente.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.