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El contexto político de Jesús de Nazaret

Nicolás Pineda*

 

Al escuchar las historias bíblicas, muchas veces me he preguntado cómo sería observar esos tiempos como un reportaje político actual. Por ello, he disfrutado mucho la lectura del libro titulado Zelote: la vida y tiempos de Jesús de Nazaret  (de Reza Aslan 2013), que ofrece una descripción general sobre el contexto político de Judea en los tiempos de Jesús de Nazaret. Le presento aquí un breve esbozo.

Sucesivas dominaciones

Aunque el pueblo judío se consideraba el escogido por Dios y que Yahvé les había entregado la tierra prometida, en realidad fue un pueblo dominado con frecuencia por otras naciones. A excepción del tiempo de los reyes David y Salomón, que son narrados en la Biblia, el resto del tiempo fue conquistado y dominado sucesivamente por los babilonios (año 586 a.C.), los persas, el imperio de Alejandro Magno —que hizo del griego la segunda lengua. En el año 323 a.c., después de la muerte de Alejandro, la región se traspasó a los Ptolomeos que los gobernaban desde Egipto. Después, en el año 198 a. C., Jerusalén cayó bajo el control del rey seleúcida (descendiente de Seleuco, un general de Alejandro Magno) Antíoco Epifanes, quien se consideraba dios y quiso eliminar el culto de los judíos a su dios único. Esto provocó la rebelión de los Macabeos, que en el año 164 a.C., después de muchos años de estar dominados, logró que Judea fuera independiente y tuviera nuevamente gobernantes propios. De este modo, durante un siglo Judea fue gobernada por la dinastía judía de los asmoneos (descendientes de los Macabeos) hasta que dos hermanos (Hycarno y Aristóbulo) se pelearon por el trono y para ganar fueron tontamente a pedir el apoyo de los romanos.

La provincia romana de Judea

De este modo, en el año 63 a.C. Judea se convierte en protectorado romano y pierde otra vez su independencia. Los romanos permitían que hubiera autoridades judías, pero controladas por ellos. El Sumo Sacerdote se convirtió en un empleado de los romanos. Los romanos, además, controlaban el templo, que era el centro de la religión judía, y obligaban a que diariamente se sacrificara un buey para pedir por el César.

Por ello comenzaron a surgir insurgentes y rebeldes que se oponían a la dominación romana. Existía incluso la esperanza de que surgiera un líder, un mesías (escogido), que expulsara a los romanos y restaurara el reino de Israel. Había la idea monárquica de que éste fuera un descendiente de Rey David, para que heredara el trono.

Para tratar de controlar la situación, en el año 48 a.C. el general romano Pompeyo puso primero a Herodes el Grande y luego a sus hijos Fasael y Herodes Antipas para que administraran Judea y Galilea. Herodes gobernó con mano de hierro y combatió a sangre y fuego a los rebeldes. Los rebeldes entonces se aliaron con los partos, un pueblo enemigo acérrimo de Roma, y en el año 40 a.C. tomaron Jerusalén. Pero en el 37 a.C. los romanos recuperaron Jerusalén y nombraron a Herodes “rey de los judíos”. Cuando Herodes murió, el año 4 d.C., sus hijos gobernaron por dos años, pero finalmente el año 6 d.C. los romanos decidieron convertir a Judea en una provincia romana y gobernarla directamente. Pilatos fue el quinto gobernador romano de Judea.

Para el pueblo judío esta dominación era intolerable y motivo de mucho malestar y sufrimiento. Surgieron muchas corrientes de pensamiento sobre lo que debía hacerse, como los fariseos, los saduceos y los zelotes. Éstos últimos exigían que el templo fuera liberado del control extranjero. Jesús de Nazaret surgió en este contexto político.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.