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#Yosoy132 a cinco años de distancia

Miguel Ángel Monteverde Ávalos*

 

Los movimientos sociales son un corte en el tiempo homogéneo de la historia. El malestar político que los sostiene deja entrever un cúmulo de despojos y humillaciones del pasado, que han sido recolectados por generaciones sucesivas. El historiador Adolfo Gilly nos recuerda que cualquier rebelión sostiene la imagen de los antepasados humillados y ofendidos (véase El águila y el sol). Así pasa con el movimiento social: cada consigna entrevé una cadena de agravios y humillaciones, propias y de padres y abuelos.

Desde ese ángulo, el movimiento social se convierte en un reclamo colectivo que hace necesario trascender las lógicas de cambio para recuperar todo aquello que ha quedado oculto por la palabra. Se configura como un conjunto de flujos temporales homogéneos, es producto de una síntesis que articula diferentes formas de pasados, presentes y futuros potenciales.

El pasado jueves, #Yosoy132 cumplió cinco años. El movimiento estudiantil que sacudió el clima de las elecciones presidenciales del 2012. En su tiempo, el movimiento lideró una ola de protestas en todo el país y se caracterizó por el uso de redes sociales como repertorio de movilización. La consigna central fue la democratización de los medios de comunicación tradicionales. La experiencia fue enriquecedora. Su narrativa hizo visible el malestar político, transmitido por generaciones anteriores, en formas de recursos subjetivos como imaginarios, sentimientos, visión compartida de futuro: fortalecer la democracia desde abajo, en horizontalidad.

La genealogía de este movimiento evidenció la tradición y sentimientos de las voces humilladas y ofendidas por generaciones insatisfechas. Regurgitó la antinomia de la cultura política mexicana construida entre rasgos autoritarios y el discurso liberal democrático. Manifestó su claro sentimiento por romper con la continuidad de un régimen caducado. El discurso de descontento con las autoridades y la clase política de los años setenta se retomó por jóvenes desde nuevas plataformas de comunicación. El descontento se amplificó por medio del hashtag de Twitter o por Facebook o por YouTube. Por ahí se recuerda, se rechaza, el autoritarismo del sistema político mexicano.

Desde ese corte con el autoritarismo, #Yosoy132 presentó su disonancia con el presente. Se reivindicó la defensa de la democracia en México, a partir de la transformación de los medios de comunicación tradicionales, del modelo educativo y del modelo económico. Sin embargo, el malestar político sigue vigente. Por ello, es pertinente retomar el punto de partida: ejercer la crítica para interpretar y transformar nuestra realidad histórica.

* Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora. Actualmente, estudia el Doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en la Universidad Iberoamericana CDMX. Correo: mig.monteverde@gmail.com