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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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La metáfora de la balanza

Nicolás Pineda*

 

La metáfora de la balanza y los pesos y contrapesos es muy clara. Si de un lado hay mucho peso en la balanza, para hacer contrapeso se requiere un peso exactamente igual del otro lado; solo de ese modo se logra el equilibrio o contrapeso. Además, el (contra)peso tiene que estar suficientemente separado y ser autónomo del otro peso, para que se logre el equilibrio.

Es el mismo principio para la división de poderes. Si el Ejecutivo tiene mucho poder, tenemos que poner un peso que esté suficientemente alejado (autónomo) y con suficiente peso para que le haga equilibrio y haya balance. De otra manera, no hay contrapeso ni equilibrio.

Pero la manera de pensar de nuestros políticos, sobre todo de los del PRI, ha sido que el poder no se comparte ni se divide, sino que se le da todo el poder para que haga lo que le plazca. Prevalece una idea de súbdito del poder. Pero los resultados de esta manera de pensar están a la vista: presidentes imperiales, gobernadores ladrones y políticos corruptos.

Aprendiendo de la experiencia

En 1982, al final del sexenio de López Portillo, los mexicanos estaban hartos de las veleidades y corrupción del poder único de quien lloró por defender al peso como perro y se construía mansiones escandalosas. Al llegar el nuevo presidente De la Madrid, anunció que iba a combatir la corrupción y propuso la renovación moral “de la sociedad”. Para ello, creó las contralorías que antes no existían. Se dijo entonces que eran el remedio para la corrupción. El problema es que las contralorías no tenían independencia ni le hacían contrapeso a los gobernantes, sino que se colgaban del mismo lado del poder y le daban por lo tanto más poder a los ejecutivos. Ahora tenemos claro que no sirven para eso. Aquí mismo el contralor dice que la gobernadora es la verdadera contralora. No hay contrapeso, no hay equilibrio, no hay control; se mantiene y refuerza el poder tipo César Augusto.

Más adelante, a fines de los noventa, se pensó que quien le debe hacer contrapeso al Ejecutivo es el Poder Legislativo. Por eso, para darle más poder, se creó, dentro del poder Legislativo, un órgano fiscalizador “autónomo e independiente”. A nivel federal fue la Auditoría Superior y a nivel estatal es el Instituto Superior de Auditoría y Fiscalización (ISAF). Pero se le dio poder para revisar y vigilar las cuentas, pero no para acusar y castigar. Si encuentra algo que no está bien, toma nota y tiene que pasar el asunto a la contraloría o a la procuraduría (dependientes del ejecutivo) para sean ellos quienes presenten la demanda y castiguen al responsable. Hasta la fecha, la procuraduría y la contraloría se han encargado de no tomar en cuenta las observaciones e irregularidades. Es un perro que ladra pero no muerde. Volvemos nuevamente al problema de la balanza.

El sistema anticorrupción

Ahora, ante la corrupción de los gobernantes, estamos creando un aparato mucho más grande; se trata de siete dependencias, con muchos puestos y presupuesto. El problema es que tengan verdadero poder y distancia suficiente del Ejecutivo para que le hagan contrapeso. Para ello el poder Ejecutivo tendría que ser totalmente ajeno al nombramiento de los fiscales y tampoco tendría por qué protestar y tomar posesión ante el Ejecutivo. No se trata de que sea alguien totalmente opuesto ni del partido contrario, sino solo de que sea independiente y tenga algo de objetividad. Lo mejor sería que vinieran de fuera y que incluso fueran internacionales (como en Guatemala). A fin de cuentas, el combate más efectivo se está haciendo con las aprehensiones fuera del país. Si no hacen verdadero contrapeso van a ser inoperantes. El diablo está en los detalles.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.