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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Renegociar el TLC

Alvaro Bracamonte Sierra *

La realidad poco a poco se impone: El TLC no desaparecerá como quería el presidente Trump. Se modernizará para beneficiar y fortalecer la zona económica que conforman los tres países firmantes. Luego de que el Senado estadounidense ratificara al abogado Robert Lighthizer como jefe de Comercio Exterior y de que éste a su vez notificara al Capitolio la intención de revisar el Tratado, se estableció una fecha para iniciar formalmente las negociaciones: 17 de agosto del año en curso. No será nada fácil aterrizar acuerdos que beneficien a las tres naciones, cada una llegará con una agenda particular que intentará imponer.

Por ejemplo, los negociadores del país de las barras y las estrellas se sentarán mentalizados en eliminar el déficit comercial que este registra con México. Los de la hoja de maple seguirán en lo suyo: ampliar las facilidades para que los productos en los cuales son competitivos crucen sin mayor problema la frontera. En el caso de nuestro país, son varios los temas que buscarán poner en la mesa: uno de ellos es la dificultad que tienen los transportistas para circular en el país vecino, siendo que fue un asunto perfectamente calendarizado en el viejo acuerdo comercial, pero que nunca se concretó debido a los reclamos de los transportistas norteamericanos. Este impedimento violaba, de hecho, lo establecido en el tratado. También es cierto que han aparecido nuevas “canicas” que no estuvieron en las mesas de negociaciones previas al ya lejano 1994, cuando arrancó el Tratado. Entre ellas destacan los sectores energético y de telecomunicaciones. Recordemos que los comisionados estadounidenses demandaban liberar estos sectores; sin embargo, logró imponerse la postura mexicana de reservarlos para el Estado y para los particulares nativos.

Hoy esos sectores están liberados debido a las reformas constitucionales aprobadas entre 2013 y 2014. México solicitaba en aquel entonces dos cosas que no se concedieron: un acuerdo de libre movilidad de mano de obra, que dicho sea de paso era una especie de reforma migratoria, y la conformación de fondos institucionales que serían aplicados en regiones económicas menos favorecidas. Esta última medida buscaba replicar la estrategia instrumentada en la Unión Europea que sirvió para fortalecer y modernizar la infraestructura de países como España y Portugal que exhibían rezagos en ese renglón. En una ocasión el exgobernador Bours, a la sazón miembro del equipo negociador del capítulo agropecuario, mencionó ante un grupo de académicos entre los cuales me encontraba, que al excluir del TLC el sector energético y las telecomunicaciones, México perdió una gran oportunidad de obtener concesiones que serían fundamentales en la dinámica económica del país. Nada se obtuvo de esta exclusión y, en cambio, sucedió que con el paso de los años dichas actividades se liberaron. Los negociadores mexicanos deberán poner atención en esas antiguas exigencias y empujar avances en el ámbito de la libre movilidad de la fuerza de trabajo y sobre todo procurar mayor apoyo para establecer esquemas financieros que compensen las distorsiones y asimetrías tecnológicas y de infraestructura prevalecientes entre los tres países integrantes del tratado comercial. Lo cierto es que la experiencia acumulada, tras casi un cuarto de siglo del TLC, constituye toda una pedagogía que debe aprovecharse a la hora de negociar el Nafta plus. Los estudiosos del acuerdo comercial especializados en el sector agrícola previeron que los productores trigueros y maiceros nacionales serían desplazados por los farmers del medio oeste norteamericano, tan competitivos como subsidiados. Sin embargo, nada de eso ha ocurrido: los trigueros de Sonora siguen produciendo más que antes, lo que  permite adelantar que las nuevas reglas comerciales del eventual TLC modernizado podrán dibujar y conjeturar grandes cambios pero tal vez éstos nunca se materialicen. Luego entonces, no hay que tener miedo y ser audaces en las negociaciones, pues a pesar de todo está demostrado que hay capacidad de adaptación a entornos supuestamente desventajosos. Tampoco hay que confiarse; por tanto, hay que siempre atentos a la conclusión de las negociaciones.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.