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FOTO DE LA SEMANA: “La mirada de los ancestros 2011″

La imagen fue capturada por Inés Martínez de Castro.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Empleos y salarios mínimos

Alvaro Bracamonte Sierra.*

Un académico de la Unison, especialista en mercados laborales, afirmó hace unos días que la mayor parte de los empleos generados en la economía nacional, particularmente en Sonora, son temporales y mal pagados; que son en su mayoría trabajos de albañilería o de jornaleros agrícolas, entre otros. Refiriéndose al primer trimestre de 2017, sugiere que de los 29 mil empleos registrados en la entidad, 20 mil son eventuales, es decir, precariamente remunerados y sin  prestaciones sociales o, en el mejor de los casos, escasas.

Sin consultar el detalle de la fuente utilizada por el profesor Leonardo Coronado, su conjetura resulta razonable. El carácter temporal de la mayor parte de los empleos creados se hizo evidente en abril, cuando tan sólo en ese mes se perdieron casi 10 mil puestos de trabajo. Si la economía estatal atraviesa una coyuntura en general favorable, según el dato del desempeño registrado en el último trimestre de 2016, y además no se conocen informes de cierres de empresas sino por lo contrario se anuncia la llegada de nuevos inversionistas foráneos, entonces la abrupta declinación de trabajadores en abril tiene que ver forzosamente con el hecho duro y crudo de que se trataba de trabajos eventuales; esto es, empleos temporales cuya fuente se terminó porque así se estableció en el contrato firmado. Punto.

Un análisis más cuidadoso permitiría determinar si esa caída es normal (cíclica) o su causa se vincula a otros factores. Por lo pronto, si la comparación se hace respecto al mismo mes de 2016, la diferencia es clara: en el 2017 hubo pérdida de empleos, mientras que el año pasado se incrementaron sustancialmente. Es probable que el carácter temporal de los puestos generados tenga que ver con la reforma laboral aprobada a finales de 2012. Recordemos que esa normativa legalizó el trabajo por horas y el outsourcing (cuando una empresa confía parte de su actividad o su producción a otras empresas externas). Estas modalidades probablemente afianzaron el trabajo eventual en el país y por lo tanto en Sonora, de ahí que no es descabellado adelantar que la eventualidad adquirirá, con el tiempo, carta de residencia, lo que impediría reducir la terrible fragilidad que distingue actualmente las relaciones laborales. Es una realidad que podría compensarse o amortiguarse si los eventuales obtuvieran un salario digno, suficiente para conseguir los alimentos de la canasta básica, para vestirse y también para el esparcimiento. Sin embargo, sabemos que la tendencia es otra: conforme pasan los años el salario mínimo se depreda irremediablemente.

Por ejemplo, este año se aprobó un incremento inferior a 4 por ciento, esto es, de alrededor de un peso diario. De acuerdo con algunas estimaciones confiables, la inflación cerrará en diciembre en poco más del 6 por ciento. Se trata de un repentino brote inflacionario que, de inicio, anulará el incremento pactado y, peor aún, propiciará un deterioro adicional del poder adquisitivo que ya de por sí acumula pérdidas verdaderamente monstruosas. Para tener idea de la dimensión de ese quebranto baste sólo un dato: deflactado, con base en el índice nacional de precios al consumidor, el salario mínimo de 1976 oscilaría en alrededor de 250 pesos; aplicando ese mismo índice en 2017, no rebasaría los 70 pesos. Frente a este panorama, vale la pena insistir en una estrategia factible y realista que permita poco a poco resarcir el poder de compra de los asalariados, o que al menos ayude a compensar la fragilidad que caracteriza los puestos de trabajo que en el aquí y en el ahora se generan.

SALDOS DE LA JORNADA DEL 4 DE JUNIO. Aunque no se ha dicho la última palabra en torno a los resultados del domingo antepasado, prevalece una sensación de desencanto entre casi todos los actores políticos involucrados en ésta que, se decía, sería una histórica efeméride. Conclusión: los perdedores no saben perder pero, más grave aún, los ganadores no saben ganar. Terrible precedente para el 2018.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.