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FOTO DE LA SEMANA: “Baño matinal”

La imagen fue capturada por Inés Martínez de Castro. (Bretaña francesa, 2006)

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itinerarios-672

Platica con Gerardo Cornejo a través de la lectura

27 de mayo de 2017

Roma, Italia.

Presentación de Itinerario Errantes Italianos. Memorias de un italómano, de Gerardo Cornejo.

Me resulta un honor, a la vez que una gran coincidencia, hacer la presentación de este libro en esta embajada. Es un honor porque hablar de Gerardo Cornejo, sin haberlo conocido en persona, ha significado reconstruirlo a través de pequeños pedazos de anécdotas y relatos de sus familiares, de Cati, su esposa, de sus hijos Lara y Marco, de su hermano Pepe, de algunos amigos y gente que lo conoció en diferentes ámbitos de su vida. Si alguien escribiera su biografía se haría cargo de una labor maratónica, y no tan difícil de resumir en una solapa de libro (leer la solapa del libro).

Es una coincidencia porque de tanto lugares que pude haber conocido en Sonora, al llegar a la ciudad de Hermosillo, llegué justo a esa casa de Mesa del Campanero y Mesa de Tres Ríos (por cierto, calles bautizadas por Gerardo). Al llegar a esa casa y entre todo lo que la compone, casi de forma automática, lo primero que observé fue el mapa antiguo de Italia y el mapa de  Roma, algo que me hizo sentir de alguna forma en casa, cercano y empático con ese espacio. Desafortunadamente, llegué a esa casa meses después de que Gerardo muriera. En efecto, se sentía una vacío y no entendía el por qué.

Con el tiempo, al acercarme a la familia de Gerardo, me di cuenta que había tenido otros momentos de la vida donde me crucé con él, por ejemplo, en su casa del Ajusco, en la calle de Leonardo Da Vinci de Mixcoac, en su terreno de Tebanca, o la casa de su hermano Pepe en la colonia Florida. Es decir, esa historia de Gerardo, que al irla ensamblando y entendiendo comenzaba a crearse un personaje tan cercano, no solo por el lazo cada vez más grande que iba formando con su familia en una relación de amor y amistad, sino también por el montón de “motivos irracionales”, muchos de ellos los entendí justamente al leer el libro de Itinerarios errantes italianos.

Recuerdo que en octubre del 2016 asistí a la presentación-homenaje que se hizo en El Colegio de Sonora (por cierto, fundado por Gerardo Cornejo) sobre el mismo libro Itinerarios errantes italianos, y como yo viajaba a Roma días después, solicité a Cati, que me permitiera hacer la presentación del libro en Italia, preguntar en la embajada y organizar el homenaje, a lo que ella dijo, afortunadamente, que “sí”. Días después partí rumbo a Roma con el libro en la maleta. El libro lo devoré en el aire, literalmente. De entrada porque me parecía justo una declaración de confidencialidad y un anecdotario de un viajero natural, un trotamundos. Ya la portada me había atrapado, la imagen de una fattoria toscana, lugar donde nació mi hija, y la presencia-ausencia de un cincuencento vacío, la mia machinna preferitta. El texto de la contraportada, con preguntas y oraciones, me ponía en alerta de que estaba a punto de encontrarme con un texto que me marcaría, me explicaría y con el que me identificaría; no solo con tal personaje, Gerardo Cornejo, sino conmigo mismo, con los viajes, con mi relación con Italia.

Por esta razón intentaré llevar la presentación del libro en ese sentido, analizar lo que comparto con Gerardo sobre la idea de ser “italómano”, lo que Gerardo habla sobre el valor de la literatura como una forma de viajar, y sobre las impresiones que Gerardo tiene acerca de Italia, que me parecen de un razonamiento antropológico.

Pues daré lectura a la primera parte, sobre lo que significa ser italómano desde México, que bien podría titularse “Vivir Italia desde el polvo mexicano”.

  1. Vivir Italia desde el polvo mexicano

Recuerdo en imágenes, más o menos claras, el verano de 1990, el mundial di Calcio Italia 90. Recuerdo, sentados en el sillón, a mi abuelo y mi bisabuelo discutiendo sobre la alineación de Argentina frente a Alemania,  sobre el árbitro mexicano, comentando la belleza de los estadios, como si ellos estuvieran ahí, en Italia. Pero recuerdo, más que otra cosa, la vieja enciclopedia que habían comprado, en blanco y negro, porque en ella me transportaba a cada ciudad sede del mundial. En mis manos de niño se deslizaban las páginas de la enciclopedia y con ellas Napoli, Firenze, Bari, Roma. Fue a través de esa enciclopedia que conocí Italia y continúe tiempo después fizzado con quello que las páginas me describían, tanto así que un año después, por cosas del destino, cuando mi familia llevaba a cabo el funeral de mi bisabuelo, y luego de mi abuelo, yo, niño sin tener consapevolezza de la muerte, continuaba leyendo una y otra vez la historia de Italia y de sus ciudades. Sin saberlo estaba huyendo de la tristeza, quizá de la pobreza también, en la que mi familia había quedado con la pérdida de los abuelos. Mientras mi familia se deshacía, yo estaba a gusto paseando por il colosseo romano o por el Golfo di Napoli.

Es quizá la primera y más grande coincidencia con Gerardo Cornejo. Mientras viajaba a Roma, ahora sí, en un avión de Alitalia, leyendo el texto de Itinerarios errantes italianos, imaginaba esos páramos serranos que describe Gerardo, imaginaba a su maestro Héctor Tavera, esa imagen de un posible niño en la sierra con un libro de Edmundo de Amicis, imaginando la emoción de Gerardo al leer, del gusto por su maestro Meneses, que terminó por encaminar a nuestro Gerardo en el amor por la lectura y en particular por la literatura italiana, resumida por él mismo en una frase de De Amicis (p. 15).

En efecto, esta frase es una confesión de Gerardo, no sólo de la sua desizione d´imparare tutto sull´Italia, sino también de ser un notable enseñante y fundador de espacios para la creación y el estudio.

No es necesario contar el detallado análisis que Gerardo hace en el texto acerca de su amante de la juventud, la literatura italiana, y de su otra amante de la adolescencia, el cine italiano. En todo caso es una invitación a leer el texto para que cada uno recree esas imágenes con su propia carga literaria, con su propia historia, tal como lo hice yo.

Me basta con señalar que, por lo menos en la primera parte de la obra, Cornejo trasciende el rumbo de una simple narrativa llena de recuerdos y anécdotas hacia una reflexión acerca de la importancia de la literatura y su papel como lenguaje de los lenguajes, es decir, como una dialéctica de la universalidad. En este sentido, la descripción que Gerardo hace de su vida de niño y adolescente, entre novelas y películas italianas, es una narrativa de una dimensión universal y lo muestra con sus citas (p. 24-25).

Las sensaciones que él describe como inexplicables de su tierra de la otra vida, la coincidencia mezclada con el destino, tópico clásico de los griegos, convierte a Gerardo no sólo en un italómano más, lo convierte en un italiano y, con ello, es aplicable la frase de que el italiano nace donde le da la gana, por ejemplo, en Tarachi, Sonora. Por esta razón, puedo decir que se puede ser italiano nacido en el polvo mexicano, se puede nacer y vivir Italia desde México.

2. Gerardo Cornejo, un antropólogo que habla dell´Italia

Al hablar con Cati, la esposa de Gerardo, sobre mi idea de presentar el texto como un ejercicio antropológico, ella me comentó que Gerardo fue antropólogo en parte de su vida, por lo que me animó  a seguir con la idea de esta visión sobre su texto, pues me parece que, efectivamente, la segunda parte de su libro es un ejercicio para definir el concepto de la italianidad a partir de sus “viajes exteriores” por Italia.

Esta antropología la hace con un detallado diario de campo, con sus famosas “notas de viaje” y lleva a cabo una cartografía de Italia. Ya nos había advertido que uno de sus primeros viajes a este país lo hizo por medio de los mapas. Después tiene una visión histórica de Italia. Es un escritor que la visita desde 1967 y ha visto sus cambios durante cuarenta años, así que su reflexión está sostenida también por un recorrido histórico.

En ese sentido, es interesante cómo Gerardo reflexiona sobre la italianidad al señalar como características principales de ésta el sentido de la belleza y de la vida, es decir, de hacer de la vida un acto constante de belleza. En sus palabras (p. 106).

Por otra parte, la antropología de Gerardo acerca de los italianos se concentra en analizar valores que posiblemente en la cotidianidad de lo posmoderno suelen ser invisibles o poco valorados por los mismos italianos. De modo que no describe una Italia idealizada, sino real, humana e imperfecta, aun así, bastante ejemplar.

Me quedo con la impresión (en efecto, cada lector tendrá la suya) de que Gerardo, así como hace una exaltación de los valores italianos que son, o deberían ser reconocidos como universales, también tiene una visión crítica sobre aspectos culturales de Italia, la cual agrega mayor neutralidad a su texto.

Con esta crítica basada en dos conceptos centrales “proxemia” y “kinesia”, hace algunas confesiones que, en sus palabras, le causan “preocupación, extrañeza o molestia” (p. 125). Preocupaciones que van desde el papismo, la mafia, la falta de valoraciones de Italia por los propios italianos, hasta temas pícaros, que me parecen son los más difíciles de afrontar por los italianos, como la forma de guidare sull´autostrada o lo que Gerardo aconseja con una frase italiana (p. 129). Pero como bien anuncia en esta parte del texto “lo hace con el deseo ferviente de que cambiaran”.

3. Cornejo el escritor

Me quedo con un texto que, a diferencia de sus novelas (ojo, esta no lo es), es un texto de reflexión que explica a Italia a lo largo de su literatura, ya sea como paraíso imaginado, como refuerzo literario, como nacionalidad.

Encuentro en Itinerarios errantes italianos una mezcla de sentimientos y sensaciones compartidas; y no por identificarme solamente como un italómano; por el contrario, mi experiencia en Italia estuvo llena de recuerdos contradictorias de amor-odio-amor. En este libro, Gerardo me hace revalorar el sentido de la literatura; la literatura como una lengua y la lectura como una forma de vivir, de viajar en las geografías y el tiempo, una forma de establecer el amor y la amistad entre la vida y la muerte.

No conocí a Gerardo personalmente pero lo leo y lo escucho vivo, cercano, y ahora, para mí, sus libros son la forma de hablar con él, con il proffesore, il amico, il scritore.

Creo que cada uno de los lectores encontrará en el texto la suficiente cantidad de confidencias y se quedará con la misma cantidad de preguntas, en un interés de establecer un diálogo constante con este señor tan particular. Se quedarán con las ganas de leer Lucia del Báltico, Juan Justino Judicial, o la versión italiana de La sierra y el viento. Y si no lo creen vamos a leerlo, vamos a platicar con Gerardo Cornejo.