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FOTO DE LA SEMANA: “Antigua, Guatemala”

La imagen fue capturada por Tania Reyes Woodhouse.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El 2018 está aquí

Alvaro Bracamonte Sierra*

No se expresó la división que algunos vaticinaban en las reuniones priistas celebradas durante la semana pasada. Los que perfilaban un duro enfrentamiento entre peñistas y antipeñistas se quedaron esperando. No hubo mayores problemas o por lo menos los mantuvieron celosamente fuera de la vista de periodistas y reporteros que atiborraron las mesas de discusión y la plenaria del sábado. En una de ellas, la de Campeche, se aprobó sin contratiempos el cambio en los estatutos que supuestamente sería el tema que abriría las hostilidades: el requisito de militancia para ser candidato a candidata a la presidencia de la República. Se aprobó eliminarlo y listo.

Quizá quienes están a favor o en contra de la facultad suprarreglamentaria que dota al mandatario emanado del PRI para designar al candidato convinieron que el cambio no era significativo. Bajo esta lectura no tenía sentido conflictuarse ya que el verdadero round, es decir, el mecanismo para decidir al abanderado del expartidazo (sea dedazo o consulta a las bases), se dirimiría posteriormente. Esto es, el choque probablemente sólo se pospuso o los protagonistas del esperado duelo negociaron posiciones, lo cual no es nada descabellado.

De las declaraciones de los dirigentes tricolores destaca una que dibuja el momento que viven los partidos políticos: todos experimentan momentos difíciles, palabras más palabras menos. Cierto que hoy por hoy, las organizaciones partidistas están severamente desacreditadas. En el caso del PRI, por ejemplo, a pesar de lo lucida que pudo estar su asamblea nacional, son tales las dificultades que atraviesan que para no pocos especialistas resultan más severas que las registradas en el 2000, cuando perdieron Los Pinos, y en el 2006, cuando su candidato apenas alcanzó un distante tercer lugar. Esos apuros dibujan un escenario casi inevitable: perder en el 2018.

En efecto, si se compara la coyuntura actual con el 2000 y el 2006, vemos que el PRI cuenta con once gubernaturas menos y los sondeos lo confinan a un lejano tercer lugar. Los estudios demoscópicos señalan que no hay manera de remontar esa desventaja aun cuando pongan de candidato al mejor mexicano. Su pasivo mayor es el propio Presidente, su líder moral, cuya aceptación araña cuando mucho el 20 por ciento. Se antoja, a simple vista, que le será imposible reponerse de esa situación a menos que se consume una operación política de la talla de la fraguada en el Estado de México, donde el abanderado priista, contra todos los pronósticos, se impuso sorpresivamente. De este proceso, así como del de Coahuila, no se ha dicho la última palabra dado que están desahogándose las impugnaciones formuladas por los opositores.

Independientemente de la sentencia que dicten los tribunales, los comicios efectuados en esas entidades dejaron una enseñanza: el PRI usará todo el arsenal, incluso aquello que rodee el perímetro de la ilegalidad, con tal de ganar el próximo año. Los demás partidos no deberán de llamarse a engaño: está más que claro a qué maquinaria se van a enfrentar: un partido con enorme capacidad organizativa, con recursos y con la experiencia de saber cómo hacerle para ganar. ¿Está la oposición preparada para frenar o neutralizar esa locomotora? Me temo que no.

Mientas eso ocurre en el concierto nacional, en lo regional el panorama del tricolor no se atisba tan complejo. Cuentan con la gubernatura, la mayoría en el Congreso y una cantidad de alcaldías que constituyen una interesante reserva de votos.

Pero sobre todo, de acuerdo con los sondeos publicados en SDP Noticias, conservan la aceptación de la Gobernadora entre la ciudadanía. Este factor no es menor, dado que condiciona, en parte, el sentido del sufragio de los electores libres.

No obstante, sería un error para los priistas sonorenses creer que el 2018 será un día de campo. En política nada está escrito, o dicho en otras palabras, en política los triunfos y victorias pasadas no son acumulables; tampoco las derrotas. Siempre hay que empezar de cero. Los panistas en su duelo tienen hambre de salir del atolladero y pueden lograrlo. En parecida circunstancia está Morena que se dispone a dar la sorpresa. De ello hablaremos en próximas colaboraciones.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.