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La imagen fue capturada por Tania Reyes Woodhouse.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Emergencia sanitaria nacional por la Diabetes Mellitus II

María del Carmen Castro Vásquez*

 Julio de 2017

 

Nunca estará de más insistir en que la promoción de la salud es un derecho, que incluye prevención de enfermedades, acceso a una alimentación sana (en costo y en disponibilidad), el acceso oportuno a los servicios de salud, infraestructura urbana para promover el ejercicio, seguridad pública para usarla, una mayor regulación en la venta de alimentos, incluso en la publicidad de la misma, por mencionar solo algunas cosas que pretendo enlazar al tema de esta reflexión: el gobierno de México, a través de la  Secretaría de Salud, declaró la emergencia sanitaria nacional por la gravedad que ha alcanzado la prevalencia de la Diabetes Mellitus II en la población.

Como se publicitó en noviembre pasado —publicidad que, en mi opinión, no se mantuvo lo suficiente en los medios—, los estragos que esta enfermedad crónica genera, impactan no sólo en lo individual sino también al grupo familiar, tanto en su bienestar como en términos económicos; afecta al sistema de salud y a la economía nacional.

Ante la declaratoria de emergencia, esperábamos medidas de igual forma emergentes y urgentes, que por desgracia aún no se aprecian: el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud en el país enfatizó que las acciones de la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, Obesidad y Diabetes se fortalecerían, como que se modificaría el etiquetado en los productos para cumplir con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Uno de los mayores problemas de no cumplir con dicha disposición es que en México se sigue privilegiando el consumo de azúcar (recomendación para el consumo diario: 50 gramos y no 90 gramos como aún se señala en las etiquetas), que promueve el sobrepeso y la obesidad, así como la diabetes.

Habría que preguntarse sobre el juego de intereses con la industria alimentaria que pone en entredicho la salud poblacional. La enfermedad en su inicio no presenta síntomas, por ello la detección oportuna se hace indispensable. Y así como se ha anunciado, afrontar dicha emergencia exige una necesaria intervención del Estado y la sociedad civil.

Se informa, por ejemplo, que la mitad del presupuesto del IMSS se dirige a la atención de las enfermedades crónicas (además de la diabetes, el cáncer y las enfermedades cardiovasculares). El sistema de salud es complejo, de calidades diversas; esto es un reto más para el combate de la diabetes (así como de otras muchas enfermedades en un sistema fragmentado con distribución desigual de recursos, que no puede asegurar servicios de calidad igual para todos los derechohabientes.

Otras dimensiones que inciden en la gravedad de la diabetes son: la falta de una promoción de la salud a través del fomento de hábitos saludables como el ejercicio físico en todos los niveles socioeconómicos y edades, que debiera ser prioridad nacional en esta emergencia y destinar recursos para crear espacios seguros; la regulación en la publicidad en los medios (especialmente la dirigida a los niños) y la información nutricional en el consumo (como el derecho a la información en salud a través del etiquetado de los productos que, como dijimos, no cumple con lo recomendado por la OPS). La Asociación Civil El poder del consumidor (http://elpoderdelconsumidor.org/) ha insistido sobre las medidas urgentes para combatir la “epidemia” de la diabetes y en la necesidad de un estricto etiquetado de los productos alimenticios. Su director general declara que el modelo curativo del sistema debe girar a lo preventivo.

Hay que decirlo: el panorama es gris por la complejidad de los factores que intervienen en el control de esta “epidemia”; por ello, empecemos con medidas sencillas pero constantes: más frutas y verduras en la alimentación y 20 minutos diarios de ejercicio moderado. La diabetes no permite que el cuerpo procese correctamente la glucosa y va deteriorando la salud cuando se mantienen altos niveles de azúcar en la sangre. Con los cuidados adecuados puede controlarse y reducirse el riesgo de complicaciones.



[1] Profesora-investigadora del Centro de Estudios en Salud y Sociedad, El Colegio de Sonora (ccastro@colson.edu.mx)