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FOTO DE LA SEMANA: “En el bosque”

La imagen fue capturada por Esther Padilla Calderón.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El miedo a Eva. La institución del matrimonio como salvación del alma y control de la mujer.

Juan Carlos Holguín Balderrama*

“Que éste es el único medio moral de fundar la familia, de conservar la especie y suplir las imperfecciones del individuo, que no puede bastarse asimismo para llegar a la perfección del género humano”. Así inicia la epístola de Ocampo escrita en 1859 con motivo del establecimiento del matrimonio como contrato civil, dependiente y regulado por el estado y no, como hasta entonces, por la iglesia católica. Rescatemos la frase “es el único medio moral” porque en ella se encierran dos aspectos importantes: el rechazo al concubinato y el aura religiosa, ocultada con el eufemismo moral, que cubría, no obstante la separación iglesia-estado, al contrato civil matrimonial. El estado mexicano desde entonces ha velado por un matrimonio formalizado por un contrato donde las partes se comprometen a cumplir obligaciones y gozar de derechos, pero vela y cuida también el aspecto “moralizante” que dicho contrato otorga a la sociedad. Así, las parejas unidas en matrimonio gozan de prestigio y aceptación social, los hijos son legítimos y las posesiones materiales, adquiridas o heredadas, tienen una base legal para su disfrute, usufructo y transmisión.

Pero el matrimonio tuvo su origen en pasajes bíblicos, con los que teólogos de la Edad Media armaron un fino tejido que dio como resultado el matrimonio bendecido por la iglesia como única manera moral, legal y aceptable de vida mutua y procreación. Todas las relaciones carnales que se realizaban fuera de él tuvieron su anatema. Nació así un acto-ritual que legitimó el contacto carnal y la procreación. Nació un sacramento que reguló las relaciones de las personas y sirvió desde entonces y hasta el siglo XIX, al menos en el caso de México, como una fuerte cuota de control para la iglesia.

Georges Duby analiza la imposición del matrimonio por la iglesia en la Francia medieval y plantea: “¿Qué se sabe de la angustia de los hombres que veían aproximarse el milésimo aniversario de la Pasión de Cristo? Se sabe al menos que entonces se exasperó el movimiento penitencial”, con estas palabras Duby indica que quizá se adoptó el matrimonio como una manera de matizar el pecado de la carne por temor a Dios. El autor analiza esta sociedad teológica ampliando su mirada desde los documentos religiosos hacia todos los estratos sociales, por lo que su análisis gira en torno a la creencia de un Dios que castigaba, juzgaba y condenaba. El rey francés tenía temor de Dios, la culpa se contraponía con las pulsiones y necesidades del cuerpo, generando una tensión entre el bien y el mal y si los poderosos lo sentían, el pueblo también lo creería. ¿Qué pensaría un campesino al enterarse del arrepentimiento público del rey? No lo sabemos, pero es probable que pensaran que si los mismos reyes se arrodillaban ante los clérigos, cuánto más deberían hacerlo ellos como miembros de la más baja sociedad.

Así, la iglesia tomó el control de los esponsales pero también de las mujeres, tomando como ejemplo a la virgen María, se exigió de éstas castidad, recato y obediencia. “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”, contestó María al ángel enviado por Dios, igual sumisión se esperaba de la mujer hacia su esposo. Pero ni el sacramento matrimonial logró erradicar la idea malsana de la carne, Duby señala que si un esposo amaba a su mujer “con cierto calor” éste se convertía en adúltero y ella en prostituta. Por ello, y la creencia de la inclinación de la mujer al pecado, la intriga y otros vicios que ponían en peligro al hombre –las faltas de la mujer afectaban el honor de los varones de la casa ̶  se le tuvo un miedo en particular, que cristalizó en su confinamiento, restricción y todo un listado de virtudes que debía poseer y cultivar para ser digna y honorable. Se temía a la mujer puesto que era heredera de Eva, la que había hecho pecar al primer hombre, trasgresión que les valió la expulsión del paraíso y el pecado original para su descendencia. La mujer portaba el mal y el hombre era susceptible. Como vemos, el matrimonio “entre hombre y mujer” fue creado por la iglesia para frenar las pulsiones carnales, para sujetar a la mujer y, sobre todo, para controlar a la sociedad.

*Maestro en Ciencias Sociales, egresado del programa de posgrado de El Colegio de Sonora.