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“Me interesó desde su índice”, López Arellano sobre “La institución significada: los pueblos indígenas en la Sonora colonial y republicana”

LIBRO: La institución significada: los pueblos indígenas en la Sonora colonial y republicana de Zulema Trejo Contreras, Raquel Padilla Ramos, Dora Elvia Enríquez Licón, Esperanza Donjuan Espinoza, El Colegio de Sonora, 2017.

Marcela López Arellano.

Primeramente quiero agradecer al Departamento Editorial de la Universidad Autónoma de Aguascalientes la invitación que me hizo para presentar este libro, así como a las autoras aquí presentes, que vienen del Colegio de Sonora. Debo decir que al ver el libro, el título me pareció sumamente atractivo, los pueblos indígenas no son temas con los que yo tenga mucha familiaridad, pero aprender sobre los mismos en este trabajo me interesó mucho. He tenido la oportunidad de asistir a algunas conferencias de historiadores en esta universidad, en las que se ha cuestionado la validez del concepto de “historia regional”, desde los significados de la misma hasta los alcances geográficos y de relación que puede aportar. Hace algunos unos meses estuvo en esta institución el historiador Juan Pedro Viqueira Albán, quien habló sobre la historia regional y las formas de definir región. Él recomendó sobre todo reconstruir las redes regionales de comunicación para comprender las vidas de las comunidades que se estudian. Le llamó “región vivida”, conocer el espacio que se estudia, pero establecer relación con lo que pasaba en otros lugares, haciendo comparaciones para tener un conocimiento de amplio espectro. A eso invita leer este libro, a conocer a los indios de Sonora a través de las temporalidades en las que los estudiaron las autoras, para establecer relaciones y comparaciones con lo que sucedía en otros espacios de México, especialmente con la región centro occidente del país en donde nos encontramos en Aguascalientes, y de ese modo comprender, desde la perspectiva de lo nacional a lo regional y a lo local, los acontecimientos y sucesos.

Sobre el libro me gustaría comentar varios puntos. De inicio quiero decir que me interesó desde su índice. Permite ver que parten de la concepción amplia de la historiografía mexicana sobre los indígenas para luego delimitarla a la sonorense, haciendo precisamente esa relación de lo general a lo particular.

Las autoras introducen su libro apuntando que a pesar de tantos estudios sobre los indígenas desde disciplinas y enfoques diversos, ellas consideran que quedan “vacíos” en el devenir histórico de las sociedades indígenas en México. Por tanto, en estos cuatro capítulos decidieron hacer una aportación importante a esta historia a través de: “el análisis acerca de las instituciones significadas por las sociedades nativas y su relación con las instituciones políticas, militares y territoriales de las sociedades indígenas de Sonora”. Me resultó en especial interesante que como parte de su introducción cuentan que un grupo de investigadores organizó un seminario en 2008 sobre las sociedades indígenas de Sonora, con el título de “Conflicto y armonía. Etnias, poder civil, militar y religioso en Sonora”. Conflicto y armonía, qué conceptos tan complicados, uno tan presente y el otro tan deseado en las historias de todos los pueblos de todos los tiempos, y más interesante porque este grupo de investigadores se enfocó en buscar perspectivas “novedosas” para estudiarlos. Y se decidieron por la teoría de los imaginarios sociales para explicar el funcionamiento de las instituciones que constituyen las sociedades indígenas. En su misma presentación las autoras explican que la noción de “frontera” la entienden como un espacio de contacto entre distintas sociedades con relaciones “tirantes y armoniosas”. No la frontera desde la perspectiva geográfica, sino las fronteras que son los espacios limítrofes de la organización social y económica, y los describen así: “una fuerte presencia de conflictos, un medio ambiente hostil y pleno de violencia, donde se da la lucha por la sobrevivencia y la no prevalencia de un grupo sobre otro en las relaciones interétnicas” (p.11).

De esta manera tan clara y hasta desgarrada, nos introducen a los lectores a sus estudios sobre los indígenas en Sonora. Las autoras señalan que su libro es sobre todo un compromiso con la comunidad a la que pertenecen, Sonora, cuyos habitantes coexisten con pueblos originarios sin conocerlos a profundidad, y por ello estas investigadoras buscan establecer el respeto y la aceptación entre ellos. Mirarlos como sociedades que tienen sus propias visiones del pasado y el porvenir.

En esta confesión de intención que ellas expresan me parece que está el gran valor de su libro. Y para ello toman una pregunta del filósofo Luis Villoro, en su libro titulado “Los grandes momentos del indigenismo en México” de 1979: ¿Qué revelan del indio los que de él se ocupan? Yo diría ¿Qué revela este libro sobre sus autoras? Precisamente el compromiso que señalaron.

Este libro contiene cuatro capítulos, y aunque las autoras señalan que son estudios enlazados entre sí, los contenidos de cada capítulo per se son una valiosa aportación al conocimiento sobre los indígenas, su historia y su estudio, no sólo en Sonora, sino en cuanto a las concepciones sobre los mismos en nuestro país, y las formas como se han ido enlazando sus vidas y espacios a la tan debatida “identidad nacional”.

En el capítulo uno presentan una muy interesante visión general de los estudios historiográficos acerca de los indígenas. Muestran la visión liberal en México marcada en la historiografía de los años 70, con las clasificaciones por la lengua y el territorio, hasta la construcción del mito del mestizaje. Introducen al “indigenismo integracionista”, que a través de la educación y el control militar quiso “integrarlos a la sociedad mestiza”. En este recuento pasan por la creación de instituciones políticas creadas en el siglo XX para solucionar “el problema indígena” y recorren los Congresos Indigenistas que trataron de fijar las políticas integrativas del relativismo cultural. Pasan por los años 70 y 80 con la teoría de la dependencia, las instituciones gubernamentales que buscaban revalorar la herencia histórica de los pueblos indios; rescatan la nueva historiografía indigenista de los 90, presentan las perspectivas de la Antropología Crítica y, sobre todo, se enfocan en los estudios sobre identidades, ahora con cortes regionales y actores colectivos que generaron el concepto de “liberalismo popular”, y en estudios que analizan las dinámicas socioculturales de los pueblos indios fronterizos, su adaptación y resistencia al mestizaje.

De esta revisión macro, las autoras pasan a lo micro con el “discurso historiográfico de los indios en Sonora”. Refieren el proyecto de 2009 Construcción de Imaginarios Sociales en Pueblos Indígenas de Sonora 1767-1940, y muestran los pueblos indios que habitan esa región. Es interesante que expresan cómo han evitado el concepto “etnia”, y prefieren utilizar “pueblos indígenas”, “sociedades indígenas” e incluso “naciones”, con estudios sobre territorialidad, frontera e identidad. En este apartado presentan un interesantísimo recuento de los pueblos originarios de Sonora, les nombro algunos: “mayos, yaquis, kunkaak o seris, pimas altos y bajos, yohono otam y kukapá”. Al revisarlos me di cuenta de mi profunda ignorancia acerca de los “otros” que también habitan la “nación”. Y añaden los apaches y grupos extintos como: nebomes, ópatas, eudeves y joyas.

Su recuento va desde las crónicas de los conquistadores, los misioneros, los jesuitas, y muchos de aquellos que se acercaron a esas tierras. Documentos acerca de la geografía, la población, familia, políticos y militares. Exponen estudios académicos a partir de la mitad del Siglo XX sobre el mundo indígena y su historia en aquel estado, libros, estudios, tesis, además de los estudios de extranjeros. Por cierto me hizo recordar la nota que la escritora Anita Brenner escribió en una novela autobiográfica, a sus dieciocho años, sobre 1914 en Aguascalientes: ‘con él llegaron indios, que eran “fieros Yaquis de Sonora [que] se quedaban completamente quietos mientras Don Pancho Villa galopaba furiosamente arriba y abajo en la avenida”.’ Las autoras presentan los estudios desde sus insurrecciones, sus alianzas, sus relaciones con militares, políticos, y misioneros, las biografías, su cultura, rituales, espacios, lingüística, música, y más. Una línea bibliográfica que da cuenta del profundo interés de investigadores y académicos de distintas disciplinas y países por comprender, desde una visión histórica más amplia, la participación de las comunidades indígenas en el devenir histórico mexicano. Presentan los imaginarios sociales de los pueblos indígenas de Sonora. En su equipo transdisciplinario e institucional debatieron “el conflicto y la armonía”, y exponen la imagen del indígena como un sujeto que llega a acuerdos, que realiza pactos y disiente en su sociedad, desde conceptos como: un lenguaje común en torno al tema, el contexto geopolítico y la frontera, el bagaje histórico, y las herramientas de la teoría de los imaginarios sociales.

En el capítulo dos presentan la teoría de los imaginarios sociales, basándose en las propuestas del filósofo Cornelius Castoriadis, para profundizar el conocimiento de la sociedad y su funcionamiento. La realidad para Castoriadis es “una concepción identitaria del tiempo”. Las autoras describen el concepto SIS, las significaciones imaginario sociales que son “tales sólo cuando la sociedad en general o un grupo social determinado las instituyen, las ‘encarnan, es decir, les otorgan un significado que está sujeto a cambios infintos” (según Castoriadis) Estas significaciones imaginario sociales funcionan creando e instituyendo, manteniendo y justificando, cuestionando y criticando un orden social” (57). Este capítulo en sí puede ser el apoyo teórico y metodológico en cualquier disciplina de las ciencias sociales. Explican con detalle las concepciones de Castoriadis para quien los individuos son “la sociedad en su forma concreta, material, real, y estos individuos socializados conforman la sociedad conjuntamente con la parte imaginaria e irracional, la parte creadora” (p.59). Apuntan que la dimensión histórica debe contemplar el contexto, las estadísticas vitales, el reparto geográfico de la población, los recursos naturales y el clima, al tiempo que se estudian las relaciones con las cuales el grupo estudiado mantuvo interrelaciones. Así, “la misma sociedad que creó las significaciones imaginario sociales y las instituciones, las crea, las re-crea y las instituye al mismo tiempo” (p.61). Las autoras se preguntan ¿qué mantiene unida a una sociedad? y responden que sus instituciones particulares: “normas, valores, lenguaje, instrumentos, procedimientos y métodos para tratar con las cosas y hacer cosas” (p.64).

En su capítulo tres, las autoras ingresan a las instituciones. La imbricación de lo político, lo religioso y lo militar en las sociedades indígenas de Sonora. Es muy interesante porque refieren la historia de Sonora, la conquista, las misiones evangélicas y la forma como la historia se conformó en relación a los pueblos indígenas, los procesos de construcción de relaciones, instituciones, pactos, acuerdos y conflictos. Su estudio muestra rasgos de las sociedades del norte del país, como las “fronteras de guerra”, especialmente durante El siglo XIX cuando algunos grupos indígenas se fortalecieron como los yaquis, y otros, como los mayos, los ópatas y pimas, se debilitaron.

Me parecieron muy interesantes las referencias bibliográficas de la historia de Sonora desde sus misiones jesuitas y la relación con los grupos indígenas. Cómo los indígenas se apropiaron de las devociones y construyeron sus propios imaginarios. Aquí nos cuentan una historia diferente de la gran historia nacional, nos dan elementos de las apropiaciones y rechazos alrededor de la conquista espiritual de los pueblos indígenas, y cómo esto repercutió en los procesos de cambio de dichas comunidades. Nos muestran las dinámicas de los pueblos indígenas, su búsqueda de nuevos espacios para lograr autonomía, su reclamo de derechos y la movilidad poblacional (93). Presentan un apartado muy interesante sobre los yaquis y su conformación social, desde su lenguaje y sus estructuras, sus personajes y la presencia de “la mujer guerrera, como la emisaria yaqui” (99) y destacan que la organización política religiosa permitió reproducir las actividades religiosas después de que se fueron los jesuitas, cuya inclusión más importante fue al sexo femenino como agente activo en los rituales (107).

En el capítulo cuatro presentan las instituciones, desde los conceptos de territorio, territorialidad y fronteras simbólicas. A las definiciones de territorio como: “territorio étnico”, “la importancia de estar libre”, “espacio que apuntala la reproducción material de una cultura”, añaden la “territorialidad simbólica” que son los territorios conservados en la memoria colectiva y el uso ritual (141). Señalan que la definición que los indígenas tienen respecto de su territorio es diferente de los conceptos antropológicos de etno-territorio. Refieren que la interrelación entre territorio e indígenas es un nexo-mito, desde el mito fundacional, también es un destino, una lucha heroica o una misión sagrada que cumplir (142). Por ende, la territorialidad se “define por la acción de significar un lugar, protegerlo, ratificarlo, defenderlo, marcarlo, generar y alterar territorios mediante hábitos, ritos, costumbres, prácticas y usos por los sujetos, individual o colectivos”.

Estas definiciones de territorios y las formas como las comunidades las marcamos, y les damos significados me hizo pensar en los debates actuales acerca de las fronteras y la pertenencia de los distintos pueblos a los territorios, desde su diferenciación étnica, religiosa o cultural, como sucede precisamente con el muro propuesto por un insigne personaje contemporáneo. En un libro como este, que habla sobre los significados de los territorios para los pueblos indígenas, de repente como lectora me sentí impelida a reflexionar sobre mi propia concepción de territorio, y por qué las comunidades indígenas todavía deben luchar por esos territorios en los que ha quedado la sangre y luchas de sus antecesores, y todavía siguen siendo considerados “los otros”, “la alteridad”…

Las autoras definen la territorialidad desde su significación imaginario-social, y explican la diferencia entre los factores tangibles de un territorio y el “apego” que las sociedades indígenas han sentido por sus territorios, ya sea que los habiten o que los hayan perdido. Por ello, la territorialidad es un elemento simbólico que vincula a un grupo social con el entorno que habitan o habitaron en su devenir histórico. Por ejemplo, nos cuentan que los ópatas, a principios del siglo XX, ya casi extintos, continuaron aferrándose a su territorialidad, a su ser ópata. Desde este estudio la significación de territorialidad en los imaginarios sociales contiene el sentido de posesión. Aún hoy, los yaquis, que ya no son propietarios de las tierras que fueron suyas, continúan realizando allí sus rituales. Concluyen que desde un contexto histórico deben contemplar un espacio temporal general, y al acotar la frontera simbólica enfocar el análisis de la descripción de los acontecimientos históricos. Por medio de estos conceptos analíticos se pueden comprender de forma más completa fenómenos complejos, los significados de territorio y las resignificaciones de las instituciones socio-políticas.

Conclusiones. Este libro nos permite conocer más a fondo esa historia amplia y de larga duración de las comunidades indígenas de México y la forma como han participado en los cambiantes procesos sociales e históricos de nuestro país. Considero que un estudio como el presente debería permear hacia las historias locales, regionales y nacionales, de manera que se pueda conocer con mayor profundidad lo que sucedió en otros estados a lo largo de la construcción de la historia nacional. Aspectos tan importantes como las diversas formas de convivencia, integración y asimilación que se han dado históricamente en muchos espacios geográficos del país, como el caso de Sonora que nos presenta el trabajo de estas autoras, y poder entrelazarlo con los estudios similares que se realizan en otras regiones.