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FOTO DE LA SEMANA: “Muelle”

La imagen fue capturada por Tadeo Vázquez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Por un TLC que sirva

Alvaro Bracamonte Sierra*

México ya no es una economía petrolera. Los datos del quinto informe presidencial son categóricos: hace unos años el 40 por ciento de los ingresos tributarios los aportaba Pemex, cuyas exportaciones representaban alrededor del 75 por ciento del total nacional. En la actualidad la contribución de la paraestatal al erario público es del 15 por ciento y el peso que representan sus exportaciones es todavía menor. Hoy dependemos más del comercio manufacturero, especialmente de la venta de vehículos.

Por ejemplo, en el 2015 exportamos casi 400 mil millones de dólares, de los cuales la cuarta parte correspondió a autos y autopartes; a petróleo sólo 5 por ciento. La mayoría se facturó a Estados Unidos. Un caso es ilustrativo: casi el 80 por ciento de los autos fabricados en México se dirige al mercado norteamericano. De hecho, el superávit comercial que registra nuestro país se explica principalmente por la diferencia entre lo que compra y vende esa industria, de ahí que constituya uno de los temas más controvertidos y delicados en la renegociación del Tratado de Libre Comercio. De cómo quede ese capítulo dependerá en parte el futuro de la economía mexicana.

En la economía sonorense también hay cambios importantes: ya no depende de la agricultura y la ganadería, actividades que hoy representan sólo el 6 por ciento del PIB estatal. La estructura productiva de la entidad descansa mucho en la industria manufacturera: cerca del 50 por ciento de la producción regional proviene de esta actividad, primordialmente del subsector automotriz. Por lo tanto, una mala negociación del TLC pondría en riesgo una industria que es, desde hace más de tres décadas, el centro de gravedad de la industrialización sonorense.

Ojalá que el nuevo tratado comercial, si se cristaliza, mantenga las ventajas que han hecho de México y Sonora potencias exportadoras y una región líder en el ensamblaje de autos y autopartes.

Sismo, huracanes y presupuesto

Por donde se le vea, la pasada no fue una buena semana para México y los mexicanos. El movimiento telúrico que afectó el sur del país lamentablemente no vino solo; llegó acompañado de lluvias torrenciales que inundaron amplios sectores de la CDMX y de un inesperado huracán, “Katia”, que dejó sentir la furia de la naturaleza en Tamaulipas, Veracruz y Puebla. Y por si fuera poco, la tormenta humana, la que encarna el presidente estadounidense, volvió a sus andadas: anunció la cancelación del DACA, programa que protege a los dreamers contra una posible deportación.

En ese contexto se entregó el programa económico que el gobierno confeccionó parta el año electoral 2018. Aunque las metas macroeconómicas planteadas recogen la mejora coyuntural que registra la economía nacional en comparación con el ominoso panorama que se había dibujado en los pre criterios de política económica de marzo pasado, lo cierto es que las graves contingencias naturales terminarán por afectar el desempeño en las principales variables de la economía nacional. Destaco las siguientes:

1) La destrucción causada por el sismo implicará forzosamente una disminución del PIB regional y por tanto del consolidado nacional; 2) El auxilio federal a la zona devastada requerirá asignaciones presupuestales extraordinarias, que ciertamente deberán sacarse de alguna parte, y ello impactará a sectores productivos y regiones económicas de por sí urgidas de subvenciones; 3) Estas reasignaciones se darán en medio de un menor gasto presupuestado para 2018, lo que por sí mismo constituye una fuerte limitante del crecimiento; 4) Aunque resulta prematuro afirmarlo, no se descarta que este menor presupuesto disminuya las aportaciones federales a los estados; estos recursos representan alrededor del 90 por ciento de sus ingresos, de ahí que una reducción, por pequeña que sea, conlleva fuertes repercusiones financieras.

Este escenario adverso probablemente se complicará más en la medida que la reconstrucción del sur exija más fondos. En tales condiciones no es imprudente adelantar que el 2018 será todo menos un paseo por las nubes.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.