» Novedades Editoriales

  • registrar-668 Registrar e imaginar la nación. La estadística durante la primera mitad del siglo XIX. Volumen I Jalisco, Estado de México, Nuevo México, Oaxaca, Sinaloa, Sonora y Veracruz. »

    Registrar e imaginar la nación. La estadística durante la primera mitad del siglo XIX. Volumen I Jalisco, Estado de México, Nuevo México, Oaxaca, Sinaloa, Sonora [...]

  • gobiernos-668 Gobiernos abiertos. Elementos para una política pública: del concepto a su implementación »

    Gobiernos abiertos. Elementos para una política pública: del concepto a su implementación

FOTO DE LA SEMANA: “Muelle”

La imagen fue capturada por Tadeo Vázquez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

observatorios-679

Sistema Nacional Anticorrupción y Sistema Estatal Anticorrupción (SEA) en Sonora. II parte

Carlos Germán Palafox Moyers*

En el artículo anterior señalábamos que el combate a la corrupción y a la impunidad es una prioridad en México porque ambos fenómenos erosionan las instituciones, socavan los principios de legalidad y legitimidad y reproducen prácticas contrarias a la ética pública, y por otra parte, deterioran el tejido social.

Finalmente señalábamos que  si se aborda el fenómeno de corrupción–impunidad también se debe de considerar el círculo perverso de pobreza, marginación, violencia, derechos humanos y criminalidad. De no hacerlo, la Ley General del Sistema Nacional Anticorrupción no servirá de nada por más teatro que le quieran montar.

Corrupción: ¿Qué es y cómo se mide?

Para  el Banco Mundial, la corrupción es el abuso del poder para el beneficio económico privado; a veces no necesariamente para el beneficio de uno mismo, sino de intereses partidarios, familiares o de clase, por ejemplo. Esta definición incluiría tanto a los sobornos como a la obtención de beneficios no monetarios, tales como promesas de contratos laborales futuros a familiares u obsequios a cambio de ciertas concesiones. Para otros analistas la corrupción se puede entender mediante una ecuación donde ésta es igual al monopolio de las decisiones públicas, más la discrecionalidad y menos la rendición de cuentas. Dondequiera que el resultado de esta ecuación tienda a aumentar, crecerá la probabilidad de corrupción, ya sea en el sector público o en el privado.  Por ello es importante analizar cada uno de sus componentes.

A mayor poder monopólico, hay más incentivos  para corromperlo. Un sistema que funciona como un embudo, con un solo individuo en la zona más estrecha, ejerce excesiva presión en ese punto y aumenta su vulnerabilidad.

Si las autoridades tienen un excesivo poder discrecional, indudablemente el margen para el abuso tiende a aumentar. Además, la ambigüedad favorece al malintencionado, así que el sistema tiene que establecer, por diseño, mecanismos defensivos que faciliten la vigilancia institucional.

Si los sistemas son transparentes o hay normas que permiten ejercer el derecho a solicitar información sobre cualquier acto público, es más difícil tapar los actos corruptos. La existencia de procedimientos de rendición de cuentas  permite descubrir si alguien no está actuando de manera decente.

En la práctica es a menudo difícil establecer un límite totalmente claro entre actos corruptos y hechos legítimos. Desde la perspectiva de la sociedad civil, hay dos visiones de cómo enfrentar el fenómeno: la del gradualismo y la del hartazgo.

Sobre el gradualismo, algunos de sus impulsores han venido trabajando con conocimiento de causa, profesionalismo y mucha paciencia, sin embargo, los cambios no han sido tan relevantes y contundentes en diversos espacios como para construir mecanismos de transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción en la esfera pública. La crítica común es que el avance es lento. No pasa nada y la corrupción se multiplica en todas las esferas.

En cambio, en otros espacios aparece algo diferente e interesante: el hartazgo. Es decir, la idea de que no es suficiente con empujar cambios en legislaciones, reglamentos y procedimientos vía el diálogo y la propuesta, sino que el estado de cosas es tan malo que urge a ejecutar acciones concretas contra la ineptitud, la opacidad y la corrupción de la clase política, a sentar precedentes de justicia y legalidad. La crítica es que es demasiado radical y, por lo tanto, riesgoso.

Por ello, la carrera a largo plazo desde la sociedad civil debe continuar de frente a la clase política: con inclusión, pero sin complicidad. El poder ciudadano está presente. Difuso y poco organizado, pero está allí.

*Egresado del programa de Maestría en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora, Investigador y docente del Departamento de Economía de la Universidad de Sonora.