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FOTO DE LA SEMANA: “La danza del Venado”

La imagen fue capturada por Inés Martínez de Castro.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Reflexiones sobre el cuerpo de la mujer y la lactancia

Juana María Meléndez Torres*

 

La naturaleza me dio un pecho para esto,

mi leche es para mis hijos, tenía que hacerlo

a pesar del cansancio,a pesar de lo difícil,

a pesar de mí misma.

(mamá lactante)

 

Iniciaré mi reflexión haciendo una serie de preguntas. ¿Qué pasa cuando se entrecruza la maternidad con la actual importancia de la imagen del cuerpo de las mujeres? ¿Cómo se inserta la mujer moderna en el papel de ser madre? Cómo se asume la lactancia materna? ¿Cómo se concibe la lactancia en esta sociedad donde las decisiones son más individuales que colectivas?

Muy probablemente las mujeres madres de hoy en día hayan sido niñas alimentadas con fórmulas lácteas y biberones, y quizá su madre también lo haya sido. En este sentido, la transmisión de la idea de la lactancia materna por el grupo familiar, por las mismas madres, seguramente es una práctica cultural que se ha perdido un poco. Sin embargo, en la actualidad, en una época en que las crisis se vuelven más comunes y algunos individuos están tratando de regresar a lo más elemental, a lo de antes, por considerarlo más sano, más ecológico, más sustentable, más humano, el tema de la lactancia materna resurge con nuevas fuerzas. Quizá dentro de esta tendencia se busque la humanización del parto, el nacimiento y la crianza en general, y con ello tener bebés y adultos más sanos en toda la amplitud de la palabra.

En esta modernidad, seguramente la transmisión de los cuidados maternos y de los hijos de madre a hija ha pasado a manos de nuevos actores, como la biomedicina o los medios masivos de comunicación, principalmente los electrónicos, pues a través de estos hay mayor acceso a la información y mayor difusión entre la población. Se crean comunidades virtuales para socializar en relación con las cuestiones más íntimas y que más aquejan a las mujeres modernas: ¿cómo ser madres? y, más aún, ¿cómo ser buenas madres?

Actualmente hay un discurso contradictorio sobre la promoción de la lactancia materna. Por un lado están los principales organismos internacionales (OMS, UNICEF) que insisten en la importancia y conveniencia de amamantar en forma exclusiva hasta los seis meses de edad del bebé y complementar con otros alimentos hasta los dos años. Lo mismo afirma además una serie de organismos internacionales no gubernamentales (Red IBFAN) y diversas organizaciones virtuales sostenidas por personal médico (www.e-lactancia.org). Sin embargo,  existe toda una estructura social que impide que las mujeres logren este objetivo, obstaculiza que se cuente con los marcos legales para promover los cambios necesarios y favorece que sean las mismas mujeres, las madres, parejas, amigos, familia, el mismo personal médico, quienes no permiten que se lleve a cabo este tipo de prácticas por parte de las madres.

Puede ser que a pesar de recomendar la lactancia materna, desde las políticas públicas se esté haciendo muy poco para facilitarla, sobre todo en los espacios laborales. Esto, aunado a una de las grandes limitantes en la actualidad, como el tabú en torno al amamantamiento en espacios públicos, ya que por lo general esta práctica se vincula con el ámbito privado. En este sentido, algunas modelos están haciendo campañas publicitarias por redes sociales para incrementar la lactancia materna en público y lograr con ello que esta práctica se vuelva a normalizar entre la población. Estas campañas las realizan a través de los llamados brelfie, fotos tipo selfie  donde aparecen dando pecho a sus hijos/as, que difunden a través de sus cuentas de Instagram. Una de ellas, Candice Swanepoel, de los famosos ángeles de Victoria’s Secret protagoniza su campaña diciendo:

“Muchas mujeres son reprimidas hoy por amamantar en público, o incluso son expulsadas de lugares públicos por alimentar a sus hijos. Me han hecho sentir la necesidad de cubrirme y de algún modo timidez de alimentar a mi hijo en sitios públicos, pero extrañamente nadie me ha hecho sentir eso por los editoriales de moda que hago en topless en nombre del arte”.

Quizá este tipo de campañas también difunda el mensaje de que a través de la lactancia materna se puede seguir teniendo (o adquirir) un cuerpo de modelo hoy que la imagen corporal es tan importante. También Facebook se ha unido a esta campaña diciendo que “la lactancia es algo hermoso y natural” y permite que a través de su red social se difundan las experiencias de mujeres lactando. Las iglesias también han sido espacio tabú, sin embargo, el papa Francisco, durante una de las ceremonias de bautizos en el 2014, clamó ante el llanto de los niños: “Algunos llorarán porque están incómodos o porque tienen hambre. Si tienen hambre, madres, déjenlos comer, no hay problema, porque aquí, ellos son el enfoque principal”. Son pequeños cambios e iniciativas que provocan una mayor difusión y aceptación de esta práctica. Quizá así pueda incentivarse el cambio, para que cada vez más mujeres se unan a lactar a sus bebés.

Históricamente, la alimentación al pecho materno ha sido la única forma de garantizar la salud y supervivencia del recién nacido, y su fracaso, una de las principales causas de mortalidad infantil. Tras el parto, la producción de leche en la mujer es parte del proceso reproductivo y, como en el resto de los mamíferos, la finalidad del amamantamiento es proporcionar una adecuada nutrición a la descendencia. A diferencia de otros animales, en el ser humano la lactancia es una construcción social y, por tanto, depende del aprendizaje, creencias, valores, normas y condicionantes socioculturales que evolucionan o involucionan al compás de los tiempos y de los individuos que los viven y configuran (Rodríguez García, 2015).

En el contexto actual mexicano y en especial en Sonora, la lactancia materna es una práctica cultural que ha caído en desuso, porque probablemente sea una actividad que no se promueva ni se transmita en el entorno familiar ni social. De acuerdo con los datos presentados por la ENSANUT 2012 sobre la lactancia materna en México, su duración es cercana a los 10 meses, cifra estable en las tres encuestas de nutrición y salud de 1999, 2006 y 2012 (9.7, 10.4 y 10.2 meses respectivamente). El porcentaje de lactancia materna exclusiva en menores de seis meses bajó de 22.3 a 14.5 entre el 2006 y 2012, y fue desastroso en el medio rural, donde descendió a la mitad (de 36.9 a 18.5). Durante este periodo, la introducción de leche de fórmula antes de los 6 meses aumentó 5 por ciento y, en general, la alimentación complementaria mejoró en frecuencia y calidad. Asimismo, aumentó el porcentaje de bebés que además de leche materna consumen agua innecesariamente, siendo este un factor negativo para la producción láctea de la madre y por el riesgo de enfermedades gastrointestinales en el niño. En Sonora, solo tres de cada diez bebés son amamantados por sus madres.

Los motivos que expresan las madres mexicanas para no dar pecho a sus hijos son diversos: no tuve leche (37.4%), estaba enferma (13.7%), el bebé no quiso (11.4%),  no le gustó al bebé la leche (6.6%), hasta por querer conservar la figura (1.6%) o por cuestiones laborales (1.3%), entre otras. La recomendación general para México es “dejar las fórmulas y volver a lo básico”. En este sentido, la Iniciativa Mundial sobre Tendencias de la Lactancia Materna, en su informe 2015, le otorgó a México 73.5 de 150 puntos posibles, y su principal recomendación para el país fue “establecer un mecanismo sostenido de monitoreo y de denuncia de violaciones del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna ante las autoridades correspondientes.

Cabe expresar que cuando hubo el cambio hacia la lactancia artificial en México, a finales de los años cincuenta, fueron los médicos quienes promovieron este cambio en conjunto con una industria alimentaria pujante en pro de los alimentos para niños. Y el éxito fue rotundo. ¿Por qué ahora, varias décadas después, a pesar de todas las campañas y todos los esfuerzos de Salud Pública y de varias organizaciones no se logra retomar la práctica de lactancia entre las madres? ¿Hay otros elementos que están impidiendo que esta práctica materna sea generalizada? ¿O será que a pesar de las campañas, el mundo de la medicina sigue promoviendo los sucedáneos de la leche materna en conjunto con las grandes multinacionales?

A la vez se entrecruza otro discurso desde diferentes esferas de la sociedad: el de la delgadez femenina como sinónimo de salud, belleza y buena alimentación, elemento que seguramente está haciendo eco en la maternidad y la lactancia en las mujeres. Tenemos en México un panorama que, desde mi punto de vista, incide en la baja presencia de mujeres lactantes: es la alta prevalencia de cesáreas realizadas en el país. México representa uno de los países en el mundo con las mayores tasas –de enero de 2009 a septiembre de 2014, 46 por ciento de los nacimientos fueron cesáreas (ENSANUT)–, cuando la OMS recomienda que no exceda el 15%. No es que piense que la cesárea impide la lactancia, pero sí considero que es un factor muy importante para que se dé el primer acercamiento entre la madre y su bebé recién nacido. Ese primer contacto entre ambos para que el impulso de la succión en el bebé se produzca de forma natural y a partir de ahí comience  la madre a alimentar a su bebé. Contacto que la OMS tanto recomienda para una lactancia espontánea y natural. ¿Cómo esperar que esto suceda cuando la madre ha sido sometida a una operación quirúrgica y no se le ha permitido un parto natural que habría sido lo más deseable?

Desde la perspectiva del cuidado del cuerpo, cada vez más mujeres intentan controlar su cuerpo como parte de un proyecto corporal específico. La cesárea ayuda a controlar el día y la hora del parto, pero también puede ser una manera de control para mantener el cuerpo “en forma” y como una oportunidad, ya estando en el quirófano, de realizar otro tipo de prácticas que ayudan a tener el cuerpo que se desea –liposucción, quitar piel, levantar el busto, etcétera–. Claramente esto está diferenciado por clases sociales, pero cada vez más abraca también a la población de medianos recursos. Todo esto es promovido por la presión social a la que la mujer está sujeta, pero también por la disponibilidad y masificación de las cirugías estéticas como método rápido para modificar y moldear el cuerpo.

Frente a lo anterior, las diferentes voces sanitarias y sociales para promocionar la lactancia materna no han surtido el efecto que se quiere entre la población. Cabría preguntarse entonces qué es lo que está impidiendo que la mujer retome o tome esa práctica cultural que antaño era la norma y que se veía como algo natural para las distintas sociedades e incluso se protegía colectivamente. ¿Es a partir de que los tiempos laborales son los que rigen nuestra vida social y a partir de que la mujer entra al mercado laboral de una forma masiva, que la mujer no está en condiciones de amamantar a sus crías? ¿O son los intereses comerciales y las ventajas económicas, así como las campañas publicitarias de las grandes transnacionales productoras de los alimentos infantiles las que mandan? ¿O es que las estructuras sociales no están organizadas ni son flexibles para que esto ocurra? ¿O es que la mujer está volteando hacia otro lado y prefiere otro tipo de situaciones para cuidar ese cuerpo?

Diversos son los motivos que llevan a una mujer a lactar. Inicialmente fueron los beneficios para el bebé al momento del contacto materno, contacto de piel con piel que resulta muy reconfortante, sumados al alimento proveniente de su propia madre, o que emane del propio cuerpo de su madre. Mucho se ha estudiado en relación a ese vínculo que crea la madre con su hijo/a al momento de amamantar y de los múltiples beneficios que acarrea en su salud actual y futura. Ahora se difunden también los beneficios que la madre adquiere por el hecho de lactar, de dar de comer a su bebé. Algunas mujeres están empezando a ser más conscientes de su cuerpo y ven en la lactancia una oportunidad de decidir sobre su cuerpo y a través de él, y de su cuidado, cuidar a sus hijos e hijas.

Muchas veces las mujeres que deciden lactar se sienten solas porque no tienen en su espacio cercano ese apoyo ni a quienes realizan esta práctica. Así que buscan conocer la experiencia de otras mujeres lactantes para aprender sobre cómo amamantar. En esta búsqueda, las redes sociales a través de internet son una buena opción. Appadurai menciona que los medios electrónicos están marcando los grandes cambios sociales y las pautas de comunicación y transmisión cultural entre las distintas generaciones. Afirma que: “imaginación es un escenario para la acción, y no solo para escapar”. Más aún, la imaginación permite que los medios electrónicos de comunicación promuevan “resistencia, ironía, selectividad y, en general, agencia”. Es decir, la capacidad de actuar, de ser agentes y de tener una fuerte actuación en la vida social. En este sentido, el grupo de mujeres Gotitas de amor cumple la  función de acompañar a las mujeres que están en la búsqueda, que necesitan sentirse apoyadas, y está formándose una comunidad a través de la práctica e interés común en la lactancia.

Esta pequeña charla es una reflexión preliminar sobre la lactancia materna en un ambiente donde la medicalización y la importancia del cuerpo son preponderantes, así como los intereses económicos. Ahora muchas mujeres reclaman su derecho a decidir sobre su cuerpo, su derecho a amamantar a sus bebés, de compartir con ellos su experiencia materna y sentir el gozo de su crecimiento mutuo, a hacerla una práctica común y visible. En este sentido, la lactancia materna es algo que se vive y se practica a través del cuerpo de las mujeres, de su propia experiencia, y no podemos hablar de la lactancia como un ente separado de ellas mismas, de su propio cuerpo, es así que necesitamos visibilizar y dar voz a las mujeres que amamantan, a las mujeres lactantes. Permitámosles, pues, desde las diferentes esferas, realizar esta práctica cultural, apoyémoslas y motivémoslas a que viertan sus propias gotitas lácteas de amor a sus bebés y, con ello, a la sociedad en general.

*Profesora-investigadora en el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo.