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FOTO DE LA SEMANA: “Tula”

La imagen fue capturada por Janeth Schwarzbeck.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Esbozos de política mexicana: del Imperio a la república.

Ivan Aarón Torres Chon*

En el siglo XVIII el imperio español tuvo una severa crisis financiera porque no generaba insumos que otras potencias ocupaban: durante décadas azotaron la península ibérica sequías y epidemias, siendo sus colonias y territorios los que sostenían el erario, mismo que se invertía fallidamente en conflictos con ingleses y holandeses principalmente. En pos de enmendar este error, la dinastía de Borbón promulgó reformas que imponían en Hispanoamérica la confiscación de bienes eclesiásticos y préstamos forzosos.

En la Nueva España, las principales autoridades eran el virrey, la Real Audiencia y el Ayuntamiento en la Ciudad de México. Por estamento, el ejército y el clero son los dos actores políticos principales (pues tenían “fuero”). Alrededor de éstos destacan las logias masónicas o sociedades secretas que se unieron por un espíritu de partido al fortalecerse las diferencias entre los criollos y los españoles, principalmente tras el fracaso de las representaciones que exigían al virrey José Iturrigaray la cancelación de gravámenes. Los mexicanos aportaban cerca del 70 por ciento de los ingresos de las colonias aun cuando eran azotados por sequías y heladas. Por tal motivo, las imposiciones provocaron el detrimento del sector minero, hacendario y comercial para 1806.

En mayo de 1808 el imperio español padece una situación inédita, la abdicación forzada, en Bayona, del rey Fernando VII. La razón, la invasión de Napoleón Bonaparte a la península con el pretexto de internarse diplomáticamente y dirigirse a Portugal. El reino quedó acéfalo, José Bonaparte ocupa el trono, pero las colonias no le otorgaron el reconocimiento. ¿Dónde reside la soberanía, en la persona, en la nación, en el pueblo, en las corporaciones?, de este debate se ocuparía la representación de diputados latinoamericanos en las juntas de Cádiz en septiembre de 1810.

Se configura así el momento propicio para proponer autonomía entre el pueblo peninsular y el novohispano, así, a mediados de julio, integrantes del ayuntamiento presentan al virrey la Declaración de Autodeterminación de México, donde exponen que las abdicaciones no son válidas por fundarse en un acto violento; que la soberanía radica en el reino y las clases que le conforman, particularmente en los cuerpos políticos, y que éstos le devolverían al heredero el trono una vez que España no estuviese amenazada. La insurrección criolla no pretendía una separación del reino, de hecho, en el antiguo régimen al rey se le consideraba “padre de todos”, porque la sociedad se regía sobre la base en una estructura estamental, y los súbditos compartían la obligación de defender el trono ante las contingencias.

Para los monárquicos absolutistas, el problema residía en que conferir la soberanía a los pueblos significaba la desaparición de autoridades realistas, de hecho, lo consideraban una pretensión autonomista para alcanzar la independencia y ocupar cargos exclusivos de los peninsulares. Por ello, los eclesiásticos del cabildo y de la Inquisición rechazan la propuesta criolla de custodiar el territorio como un legado de sus antepasados conquistadores.

Curiosamente, el principal acontecimiento promotor del movimiento insurgente surgió cuando el 15 de septiembre de 1808 un numeroso grupo de comerciantes españoles toman el palacio nacional y destituyen al virrey bajo el cargo de sedición por convocar a asamblea general a los procuradores de Nueva España. Poco después inició el movimiento de Miguel Hidalgo, que se consuma en 1821.

En 1822 los jefes militares independentistas instauraron una “monarquía constitucional” que fracasa al no subsanarse las diferencias entre las logias de masones. A partir de ese momento, el debate giró en torno a un sistema federal (1824) que reconocía el autogobierno provincial, o el centralismo, que limita la administración (1836).

*Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora. zhoncy@hotmail.com