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La marcha de la economía

Alvaro Bracamonte Sierra*

Declaró el secretario de gabinete del presidente Trump que México es un Estado fallido, dijo más: Es un Estado “narco” fallido. Se supone que John Kelly tiene con nuestro país una relación de respeto, dado que conoció bien los problemas nacionales al ser por varios años encargado del comando Sur de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Si lo hubiera tuiteado el inquilino de la Casa Blanca no tendría ninguna repercusión, pues es bien sabido cómo se las gasta el controvertido empresario. Pero tratándose de Kelly, resultó muy incómodo para las autoridades mexicanas, especialmente porque el comentario se conoció unos días después del mensaje que EPN pronunciara con motivo de su Quinto Informe de Gobierno.

Como era de esperarse, el contenido del informe fue el reverso de la moneda de lo expresado por el jefe del gabinete estadounidense. La pregunta que procede plantearse en este caso es ¿dónde estamos? La repuesta sensata y razonable sería que en ninguno de esos extremos: Ni al borde del precipicio, como sugieren los vecinos, pero tampoco en jauja, como lo asegura el mandatario mexicano.

Para darse una idea precisa de nuestra ubicación, sirvan las odiadas comparaciones: si nos comparamos con el resto de Latinoamérica, resulta que estamos bien debido a que la región crecerá en solo 1.3 por ciento en todo el año y México lo hará, en el peor de los escenarios, en 2 por ciento. La comparación es más ventajosa si la hacemos particularmente con Brasil, Argentina y, sobre todo, Venezuela. También si la comparación se hace respecto a los resultados alcanzados en los dos sexenios anteriores, presididos por panistas, el quinquenio actual sale más o menos airoso. No obstante, vale introducir un matiz: en esas administraciones se experimentaron contracciones económicas que afectaron bruscamente el promedio del crecimiento sexenal.

La comparación más realista debería hacerse con las promesas que los mismos priistas hicieron al inicio del sexenio. Conviene recordar que, previo a la toma de protesta del mexiquense, el país disfrutaba del “momento México”, es decir, una especie de estado de gracia en donde parecía que los astros se alineaban virtuosamente para propiciar una expectativa de desarrollo acelerado. Este ambiente favorable quedó confirmado con las posibilidades de transformación contenidas en el Pacto por México que permitió votar un conjunto de reformas estructurales cuya tardanza, de acuerdo con algunos especialistas, había entorpecido el crecimiento de la economía nacional.

El buen ambiente internacional, las reformas acordadas y la creencia de que los priistas sí sabían cómo hacer las cosas, dieron pie a proyecciones económicas altamente positivas, como fue consignado en los Criterios de Política Económica de 2014 que establecían un crecimiento económico para 2015, 2016, 2017, y sobre todo a partir de 2018, de casi 6 por ciento.

Teniendo en mente este escenario, debería hacerse la evaluación del sexenio peñista. De ser así, se deduce que estamos claramente por debajo de las expectativas generadas al principio del sexenio. En otras palabras, no es descabellado conjeturar que al peñismo no le irá muy bien en el juicio de la historia, pues el crecimiento alcanzado es magro pese a contar con los cambios institucionales que no tuvieron las administraciones anteriores y cuya carencia utilizaron para justificar el raquítico dinamismo económico.

Si a ello se agrega que en asuntos cruciales como la paridad cambiaria, el combate a la pobreza, la inseguridad y corrupción las cosas no marchan como se quisiera, entonces todo parece indicar que al final de 2018 no se entregarán buenas cuentas a la ciudadanía.

El crecimiento insuficiente, las presiones inflacionarias, la pobreza que no cesa, la inseguridad y corrupción crecientes serán los tópicos medulares de la inminente campaña por la presidencia de la República. Seguramente el peñismo poco podrá hacer para posicionar su oferta política entre votantes cada vez más incrédulos ante los políticos de viejo cuño. Pero nada está escrito, sino que todo está por escribirse. En un mundo tan revuelto, una victoria tricolor, aunque improbable, no debe descartarse.

*Doctor en Economía.Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.